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Coctel habanero Matias el disidente

SOCIEDAD
Cóctel habanero: Matías, el disidente

Raúl Soroa

LA HABANA, Cuba – Junio (www.cubanet.org) – Matías es un hombre feliz.
Siempre se le ha visto en el barrio con su sonrisa amplia y un optimismo
que contagia y agrada a los amigos y disgusta a sus enemigos. No es un
tipo perfecto, tiene sus cosas como todos. Su pasión, la pelota, le
lleva a veces a discusiones exaltadas con otros fanáticos en la bodega o
en los bajos del edificio donde vive. También se le ha criticado a veces
por escuchar música a un volumen por encima de lo admitido por las
buenas costumbres y la sanidad pública. Cuando le dio por criar palomas,
hace de eso ya algunos años, cultivó no pocos detractores en el edificio.

Lo que más problemas le causa en el barrio es su posición política. No
pertenece a ningún partido de oposición, no está inscripto en ninguna
organización o grupo, pero no se esconde para mostrar sus simpatías por
algunos de los líderes y activistas más destacados de la oposición al
régimen.

Cuando el Proyecto no lo pensó dos veces para estampar su firma.
Jamás ha participado en la farsa electoral que cada cierto tiempo se
realiza en Cuba, nunca se le ha visto en una marcha del pueblo
combatiente ni en desfiles, y mucho menos en mítines. Nadie ha podido
obligarle nunca a ingresar en los CDR.

A todo el que quiere escucharle le explica las razones por las que
disiente del sistema, y no oculta su sueño de ver un día a la patria
libre, ni esconde su vocación democrática.

Esta postura le ha causado múltiples disgustos y problemas. Perdió su
trabajo en un taller de mecánica -Matías es un excelente mecánico.
Cuanto intento ha realizado por ejercer su oficio, aunque sea de manera
particular, ha tropezado con disímiles obstáculos. Tampoco ha podido
hacer ninguna otra cosa para ganarse honradamente la vida. Matías es un
hombre marcado.

Siempre anda al borde de la indigencia. Su mujer, toda una Mariana, hace
algunos trabajitos para la calle, cose, lava o plancha para buscarse
unos pesos y poder sobrevivir. Matías, como todo bueno cubano, inventa.

Muchos no le dirigen la palabra, mucho menos le visitan. Eso es pecado,
es un disidente, un contrarrevolucionario. Por eso le han condenado a
morirse de hambre, por eso le cierran todas las puertas, por eso
controlan todos y cada uno de sus pasos.

Sólo dos o tres amigos de la infancia se mantienen fieles, y alguna que
otra vez le visitan. Cada vez menos, pero algo es algo. En la bodega,
ese centro de debates, ese lugar casi neutral, a veces fructifica alguna
discusión sobre la serie nacional de béisbol, y la pasión nacional hace
olvidar las diferencias y los miedos.

Pero Matías no pierde el buen humor. Se le ve en el barrio con su
perenne sonrisa y esa alegría contagiosa que le caracteriza. Se le ve
pasar con la seguridad que da la pureza de principios, con la altura
moral de quien no rinde las banderas por el miedo, el chantaje y la
conveniencia.

Muchos le admiran, muchos envidian su fuerza, su valor, su resistencia,
y eso provoca no pocas adhesiones a sus ideales y sueños. Quizás no lo
manifiesten, pero lo llevan dentro, y a algunos se les nota en la forma
en que le miran.

También cada día le odian más. Matías es una bomba de tiempo, un ejemplo
imperdonable, un enemigo peligroso. Ellos temen su grandeza de espíritu,
su alteza de miras, su integridad. Ellos quieren verle solo, aislado,
repudiado, pero no han podido, ni podrán.

Matías es un mal ejemplo, y ellos preparan sus trampas, sus argucias.
Ellos preparan su caída, dedican tiempo y recursos en hacerle cada vez
la vida más difícil.

http://www.cubanet.org/CNews/y06/jun06/29a7.htm

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