Comités de represión

BIR-04

BIR-04
2006-11-10
Shelyn Rojas, Periodistas

10 de noviembre de 2006. La Habana – Nora vive en el municipio del
Vedado. Ya carga con sesenta años. Las canas adornan una melena corta.
El descanso después de tantos años de trabajo la hizo engordar. Le
asignaron el cargo de presidente de los CDR (Comité de Defensa de la
Revolución). Desde ese momento tomó la tarea muy a pecho. Vigilaba la
vida de los vecinos pero el dinero del retiro apenas alcanzaba para comer.

Una permuta para un apartamento más pequeño y dinero por arriba no venía
mal. Su nuevo apartamento es en una ciudadela cerca de su antiguo
apartamento. Ya la conocían en el solar. La nombraron “Teté comité”.

Una amiga le comentó sobre unos radiecitos marca BIR-04, ensamblados en
China. Le informó que BIR eran las siglas de Batalla de Ideas
Revolucionarias. El precio de los radiecitos era de 10 CUC, moneda
libremente convertible.

Si cortaban el fluido eléctrico, los radiecitos tenían cargas, se podía
escuchar la emisora de Radio Martí y lo más asombroso y productivo para
su labor de vigilancia, las llamadas telefónicas de los vecinos más
cercanos. Tenía buen alcance, ya ella lo había probado, no fallaban.

Claro, Nora no escucharía una radio subversiva, como radio Martí, donde
todas las noticias eran mentira. Pero con un radio así, ya no tenía que
acercarse a las puertas, ni estar pendiente de las paredes para escuchar
los comentarios de los vecinos. Desde su casa, cómodamente tendría a
toda la ciudadela controlada. Aunque no fuera presidente del CDR en esa
cuadra.

Disfrutaba las infidelidades de Aída a su esposo. Los días que Pedro
decía que iba a trabajar y acordaba donde esperaba en el carro a
Hortensia. Los negocios que se hacían. Nora se sentía omnipresente como
Dios. La ciudadela estaba a merced de sus oídos.

Una noche, Aída cogió el inalámbrico y salió de su casa. Por precaución,
no quería ser sorprendida. Se escondió en el portal de Nora. Se asustó
al escuchar su conversación en la casa de Nora. Se asomó por la ventana
y observó a Nora, meciéndose en un sillón, sonriente con el radiecito
BIR-04 sobre la mesita.

Aída furiosa entró, la cojió por los pelos y estrelló el radio contra el
piso – chivatona, descarada, –le gritó. En pocos segundos toda la
ciudadela estaba mirando el espectáculo.

Aída no fue delatada en su adulterio. Nora no se atrevió a hablar.
Tampoco se llamó a la PNR (Policía Nacional Revolucionaria). Todo quedó
entre vecinos.

Nora tendrá que buscar otra permuta lo más pronto posible. Los vecinos
no la miran. Cuando pasan por su lado, le dicen “chivatona, descarada”.
Todos vigilan que no entre con otro BIR-04 a la ciudadela. Aída comenta
que si se atreve, la próxima vez la arrastra.

**********

Nota de Misceláneas de Cuba: El artículo anterior es una colaboración de
la independiente Shelyn Rojas con este medio informativo.
Agradecemos al compatriota Pablo Rodríguez, www.payolibre.com, el
reenvío del mismo y también la foto de su autora.

http://www.miscelaneasdecuba.net/web/article.asp?artID=7679

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