Comités de represión

La aritmética del régimen

La aritmética del régimen
Martes 08 de Junio de 2010 06:23 Yaxys Cires Dib, Madrid

Veinte años después de la caída del muro de Berlín y de que quedara al
descubierto la propaganda comunista que se empañaba en vender el
supuesto unánime apoyo de las masas al sistema, todavía hay quien sigue
creyendo que la mayoría de los cubanos no desea un cambio político.

Insistiendo en el fracaso, no pocos analistas y corresponsales
extranjeros intentan hacernos creer que el problema de las libertades en
Cuba es preocupación de pocos. De "núcleos muy pequeños" —según Fernando
Ravsberg, corresponsal de la BBC en La Habana— que, en comparación con
los leales al régimen, constituyen una ínfima minoría de la población.

De esa manera tan cínica, pasando por alto la inexistencia de un
ambiente de para que cada cual manifieste sus preferencias, se
va construyendo una especie de argumentación que concluye que los
cubanos no merecemos o no queremos un cambio real hacia un sistema de
libertades, y que el panorama social actual se reparte entre una gran
mayoría leal al régimen y unos pocos inconformes. La realidad, sin
embargo —más allá de lo que interesados y fascinados quieren hacer ver—,
es cada día más compleja.

Quienes hoy hacen de intérpretes o evaluadores de la voluntad popular
cubana, deberían leer Alegato por la democracia, de Natan Sharansky. El
antiguo disidente y sobreviviente del gulag soviético retrata el
funcionamiento de "la mecánica de la tiranía" y explica el
comportamiento humano en una sociedad donde no se permite la discrepancia.

Para Sharansky, en las sociedades del miedo existen tres grupos de
personas: en primer lugar están aquellos que se mantienen seriamente
comprometidos con el régimen establecido, son los verdaderos
"creyentes", los que en la jerga política cubana se conocen como
"comecandelas". En segundo lugar están los que desafían a ese orden, los
que opinan y actúan libremente a pesar de las consecuencias que les
pueden traer: estos son los disidentes. Según el citado autor, "para los
miembros de estos dos grupos, existe poca o ninguna diferencia entre sus
pensamientos privados y sus declaraciones públicas".

Sin embargo, queda un tercer grupo, el de los "doblepensadores", cuyos
miembros no dicen lo que piensan; son aquellos que ya no creen en la
ideología establecida, pero que temen aceptar los riesgos que trae
consigo la discrepancia.

Según Sharansky, "para un observador externo, los doblepensadores de la
sociedad del miedo no se distinguen de los verdaderos creyentes. Ambos
grupos parecen estar de acuerdo con el orden establecido, aunque sólo
uno de ellos lo está".

Una sociedad atemorizada por la represión, "parecerá conformada sólo por
verdaderos creyentes, cuando en realidad puede contar con miles, decenas
de miles, cientos de miles, millones… de doblepensadores que viven en el
terror".

La mayoría silenciosa

En el caso cubano, no sería exagerado afirmar que la mayoría de la
población vive en el doblepensamiento. Van a las marchas, participan en
las reuniones de los CDR y en todo lo que conforma el teatro comunista,
pero en realidad no quieren seguir viviendo bajo dicho sistema. La
emigración y el choteo son hasta ahora las principales manifestaciones
del dilema moral que les plantea esta realidad. En la Isla, como en la
mayoría de las sociedades del miedo, la recurrencia a cuentos y chistes
de corte político pone en evidencia la hipocresía en que se vive, además
de ser una forma de aliviar la tensión ética de habitar en el
doblepensamiento.

Uno de los tópicos comunes utilizados por periodistas foráneos en Cuba,
es contar que durante sus visitas han tenido la oportunidad de hablar
libremente con mucha gente y que lo expresado por los cubanos no refleja
el nivel de inconformidad del que disidencia y se hacen eco.
Aunque no en el caso cubano, este es uno de los temas abordados por
Natan Sharansky en su libro. Para él, pareciera que muchos periodistas
no se dan cuenta "de que en una sociedad del miedo, averiguar lo que la
gente cree en realidad no depende de si a la prensa se le da libertad
para hacer preguntas, sino si la gente se siente libre para responderlas".

Para muchos, el término doblepensador no es más que un eufemismo, en
cuyo lugar realmente correspondería decir hipócrita o camaleónico,
calificaciones que, sin duda, conllevan una carga peyorativa superior.
Ver el fenómeno de esa manera encierra el peligro de poner la culpa
principalmente sobre la persona y no sobre el verdadero responsable del
daño antropológico. Además, la severidad del juicio que estos otros
calificativos encierran, pareciera dar un portazo a cualquier redención
personal o a un proceso de reconciliación nacional del que todos
salgamos bien parados desde el punto de vista humano.

Quizás la presencia de tantos doblepensadores no sea del todo ignorada
por quienes fabrican una Isla habitada exclusivamente por leales al
régimen y disidentes, recalcando siempre la insignificancia de los
segundos. Pero saben que reconocer públicamente la existencia de esta
mayoría sería darle categoría política, además de otorgarle una
potencial influencia que no cuadraría en la falsa aritmética castrista.

El primero que está convencido de esta realidad es el propio régimen, y
por ello no permite el más mínimo espacio de libertad política. ¿Por
qué, a raíz de la presentación del Proyecto , se movilizó a todo
el país para respaldar con firmas el carácter intocable de los
fundamentos del sistema político cubano? ¿Por qué le preocupa tanto al
régimen que las y de Apoyo salgan a la calle? Sólo el
fundado temor al contagio o un ambiente de desconfianza generalizada
puede justificar tales actuaciones.

En Cuba hay un pequeño y digno grupo de demócratas, pero también hay que
comenzar a contar, ya sea a niveles de convicción o certeza, con que
existe una mayoría silenciosa que aguarda, expectante, la oportunidad
para romper con el régimen, sea por los motivos que sean. Esa mayoría de
doblepensadores será la que dejará al régimen en la estacada, la que con
su voto en las primeras elecciones democráticas pondrá punto final a
este triste capítulo de nuestra historia.

http://www.diariodecuba.net/opinion/58-opinion/1928-la-aritmetica-del-regimen.html

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