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Cuba y Egipto, similitudes y diferencias

Opinión

Cuba y Egipto, similitudes y diferencias
Dimas Castellanos
La Habana 18-02-2011 – 9:20 am.

Un Egipto para / Ramos Lauzurique

El derrocamiento de Mubarak en Egipto ha estimulado la idea de que en
Cuba pudiera ocurrir un hecho similar. Dicha conclusión, basada en las
similitudes, no tiene en cuenta las diferencias entre ambos escenarios.

Los gobiernos de los dos países, emergidos en la década del 50 del
pasado siglo, conformaron sistemas de partido único, economía estatizada
y ausencia o limitación de las libertades ciudadanas. Ambos, en medio de
la Guerra Fría, participaron en un juego de intereses estratégicos
ajenos a sus pueblos. En Egipto, la retirada de la ayuda económica de
Occidente para la construcción de la presa de Asuán y después el
resultado desfavorable de la guerra con Israel en 1967, condicionaron la
ayuda de la Unión Soviética. En Cuba, la ruptura de relaciones con
y más tarde el fracaso de la zafra azucarera de 1970,
condicionaron la dependencia de la Unión Soviética y su ingreso al CAME.
A pesar de estas similitudes, otros factores políticos, históricos y
culturales, determinaron rumbos diferentes.

En Egipto

En 1952, al frente de un grupo de militares, Gamal Abdel Nasser derrocó
a la monarquía del rey Faruk I y creó la República Árabe de Egipto, en
la que ocupó el cargo de primer ministro y luego la presidencia. Al
morir en 1970, fue sustituido por Anwar al-Sadat, quien, sin renunciar
al modelo totalitario, dio un giro a la política precedente; estableció
un gobierno con el jefe del Estado como de la República y un
régimen de liberalización económica y política para atraer al capital de
Occidente; reconoció al Estado de Israel y, al fracasar en su proyecto
de paz, se alió a la Unión Soviética, lanzó la guerra contra Israel en
1973 y a través de negociaciones recuperó el canal de Suez y los campos
petroleros del í. Luego, en Camp David, suscribió un acuerdo para la
solución del conflicto, por lo que recibió el Premio Nobel de la Paz.

A la muerte de Sadat en 1981, Muhammad Hosni Mubarak accedió al poder e
introdujo algunas reformas políticas que permitieron a los Hermanos
Musulmanes una mayor participación. Sin , debido a su apoyo a las
sanciones impuestas a Irak por la invasión a Kuwait y a su contribución
militar a la coalición que enfrentó a ese país en la guerra del Golfo
Pérsico, sus enemigos iniciaron acciones que arrojaron centenares de
víctimas; en respuesta, el Gobierno ejecutó a decenas de opositores. En
esa situación, en el 2005, Mubarak presentó una nueva propuesta de
reforma constitucional que, entre otras cosas, cambió la forma de
elección presidencial. Las protestas, sin embargo, continuaron
reclamando libertades cívicas y políticas más profundas.

En los 56 años transcurridos desde que Nasser ocupó la presidencia hasta
el derrocamiento de Mubarak, el poder en Egipto fue ocupado por tres
gobiernos que, sin renunciar al totalitarismo, fueron introduciendo
cambios que permitieron determinada participación pública y legal de
importantes sectores de sociedad civil, sin lo cual hubiera sido mucho
más difícil, si no imposible, el actual desenlace.

En Cuba

Fidel Castro encabezó el movimiento insurreccional que atacó al Cuartel
Moncada en 1953, desembarcó en la Isla en 1956 y tomó el poder en 1959.
A partir de ese momento comenzó un proceso que estatizó la economía,
conformó un sistema de partido único, desmontó la sociedad civil
existente y estableció un control absoluto sobre los medios de
información y sobre los ciudadanos a través de los . Gracias a las
subvenciones de sus aliados ideológicos, se pudo garantizar un sistema
de , educación y deporte y la venta de productos subsidiados que,
junto al diferendo con Estados Unidos, sirvió para atenuar y solapar las
contradicciones entre Estado y sociedad.

Si en Egipto la introducción de cambios comenzó en los años 70, en Cuba
no comenzaron a materializarse hasta el 2008, después de la designación
del general Raúl Castro como Presidente del Consejo de Estado. Esos
cambios, limitados y contradictorios, están tomado cuerpo desde
diciembre del pasado año, cuando afirmó que en el año 2011 comenzaría de
manera gradual y progresiva la implementación de los cambios
estructurales y de conceptos en el modelo económico cubano.

Estas diferencias de condiciones explican que los acontecimientos de
Egipto no se manifiesten de igual forma en Cuba. Sin embargo, lo
ocurrido en aquel país pudiera devenir lección de alcance global para el
presente-futuro, en dependencia de cómo evolucione el proceso hasta la
implantación de la democracia, las libertades y los derechos ciudadanos.

La lección

La lección de Egipto consiste en que en la historia, los cambios
sociales emergidos de revoluciones encabezadas por élites o figuras
carismáticas que enarbolando las demandas de su época y lugar
movilizaron a las "masas" para derribar el orden existente, al asumir el
poder devinieron fuentes de derecho generando regímenes similares o
peores a los derribados.

Sin embargo, lo ocurrido recientemente rompe esa tendencia, porque el
sujeto de los cambios no ha sido ninguna figura, élite, movimiento o
partido político, sino el pueblo. La consolidación del proceso egipcio
dependerá de la capacidad ciudadana para ejercer presión sobre el
ejército, que tiene la responsabilidad de establecer un régimen democrático.

Si se logran los objetivos reclamados por los egipcios, entonces, a la
tesis de que la historia la hacen los hombres, hay que agregarle dos
observaciones: una, que hasta ahora unos hombres han participado en
condición de "masa", u objetos de otros hombres —conductores, líderes,
caudillos, jefes— que son quienes realmente han fungido como sujetos;
otra, que lo ocurrido con muchos procesos revolucionarios habrá que
considerarlo como proto-historia, pues hasta la lección egipcia, los
pueblos no han sido verdaderos sujetos, sino objetos. Entonces, la tesis
de que la historia la hacen los hombres asumiría todo su valor sólo
cuando los pueblos participen en condición de sujetos.

En nuestro caso, en ausencia de los derechos y libertades legalizados
para que los cubanos actuemos como sujetos, las manifestaciones
populares de Egipto podrían asumir en Cuba la forma de reclamos para
profundizar los cambios, es decir, convertir las actuales reformas
gubernamentales en un primer paso hacia la democracia. Eso es lo más
factible en el actual escenario como posibilidad de cambios pacíficos.
Otros desenlaces pueden imponerse por la inflexibilidad del gobierno,
pero no es lo deseable ni lo necesario. La lección de Egipto constituye
un mensaje para todos los cubanos, incluyendo a las actuales autoridades.

http://www.diariodecuba.com/opinion/3194-cuba-y-egipto-similitudes-y-diferencias

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