Comités de represión

Jineteo en las alturas

Jineteo en las alturas

Lunes, Agosto 27, 2012 | Por Leonel Alberto P. Belette

LA HABANA, Cuba, agosto, www.cubanet.org -Desde temprano, todos en el

barrio comenzaron a engalanarse para asistir a la fastuosa boda de

Katrine con un ciudadano español dedicado al negocio de hacer jamones.

No eran las nupcias de una joven cualquiera, sino de la aguerrida hija

de un alto oficial jubilado del Ministerio del Interior y del

Comité de Defensa de la Revolución en el edificio.

"Menos mal que logró enganchar un gallego cincuentón, porque con 34 años

ya estaba pasada de edad", comentaban felices algunas vecinas, antes de

partir hacia los festejos, que el novio pagó, en "La Cecilia", uno de

los restaurantes más lujosos de la ciudad. Además, como detalle de

sobremesa, tuvo la cortesía de regalar un puro Cohíba a cada asistente

masculino, y mucho ron.

Con vistas a la boda, Julio, un ex pupilo del pintor Pedro Ugando y ex

almacenero de La Casa de Las Américas, al que las autoridades toleran su

predilección sexual por adolescentes huérfanos, se había encargado de

imprimirle algo de refinamiento a la muchacha, vulgar desde la cuna,

famosa entre los que la conocen por su frase predilecta: "Mi bollo".

En realidad, los tortolitos, por el temor a envidias y "revolucionarias"

especulaciones, se habían casado a finales del pasado año, pero en sumo

silencio. Incluso, compraron y habilitaron una casa para mantener

alejada a la novia de la zona.

El secretismo no fue infundado, ya que los inquisidores cederistas

califican sin más como jinetera a cualquier mujer que mantenga

relaciones íntimas con un extranjero. Sin , Katrine no les encajó

en el perfil de simple prostituta, pues se dedicaba a la atención

legalizada de inversionistas "de alto interés económico para el gobierno".

A la boda acudieron varias "compañeras de lucha" hasta de los confines

de Escocia. Además de residentes de lo que fuera el Puesto de Mando de

. Todo mezclado, como diría el poeta.

El padre de Katrine no pudo aportar mucho al festín. A pesar de haber

pertenecido a las tropas élites encargadas de la defensa del Palacio de

La Moneda, durante el gobierno de Allende, en , y de combatir en

las tantas guerras impulsadas por los Castro en África y otros lares, al

licenciarse, en los 90, no pudo ni siquiera mantener su auto marca Lada,

y debió cederlo a la hija. La paradoja es cruda y la vergüenza lo inunda

en ocasiones. No por su suerte, dado que es un hombre sencillo, sino por

el triste destino que la sociedad castrista ha deparado a sus defensores.

Su caso no es único. Tiempo atrás, Ramón , vecino y antiguo camarada del

padre de Katrine, y héroe de las Alturas del Golán, se convirtió en

referente bufo para todo el barrio, cuando, al ir a visitar a una hija

casada con un noruego, llegó al colmo de telefonear desde esa nación

sólo por verificar si en su ausencia se estaba cumpliendo con la guardia

del .

Es para destriparse de la risa. Pero lo que sí parece algo muy serio son

las razones que hoy impulsan a los hijos de encumbrados funcionarios

cubanos a recurrir a formas encubiertas de prostitución, emigración o

rejuegos matrimoniales con extranjeros, en su desesperación por escapar

bien lejos del nefasto legado de sus progenitores.

http://www.cubanet.org/articulos/jineteo-en-las-alturas/

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