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Los hijos de papá y los hijos del maltrato

Los hijos de papá y los hijos del maltrato

Miércoles, Septiembre 5, 2012 | Por Pablo Pascual Méndez Piña

LA HABANA, Cuba, septiembre, www.cubanet.org -Nada de política. El re

encuentro amoroso con el novio, fue lo que estimuló a Glenda Murillo,

hija de Marino Murillo –el zar de la economía raulista– a cruzar la

frontera de México a y, gracias a que tenía los "pies

secos", acogerse a Ley de Ajuste Cubano.

Según fuentes que solicitaron el anonimato la psicóloga de 24 años y

trabajadora del Instituto de Neurociencia del Polo Científico, ocupaba

allí una plaza de investigadora sin tener un currículo académico

brillante que justificara su puesto, un requisito indispensable para los

comunes mortales que aspiran a trabajar en dicha entidad. A través de

gestiones personales Glenda obtuvo la invitación para asistir a una

conferencia de psicología en México y lógicamente, con las influencias

del padre, no debe haberle sido difícil conseguir el salvoconducto

indispensable (Tarjeta blanca) para salir del país.

Lo cierto es que Glenda, una linda cubanita sin problemas económicos,

techo sin peligro de derrumbe, comensal de una mesa donde no sirven

picadillo de soya, croquetas de claria, ni café mezclado con chicharos;

y que jamás tenido una posición contestaría hacia el régimen –según

declaró a la prensa su tía Idania Díaz–, cruzó felizmente la frontera y,

con el consentimiento de las autoridades norteamericanas, ha logrado su

objetivo de reunirse con su amado en Hialeah. Lindo final para una

conmovedora historia de amor, perfecto guion para una telenovela.

Amén de que es una nación soberana y como tal tiene todo el

derecho a elegir sus leyes; el caso de Glenda Murillo saca a la luz

nuevamente las contradicciones de la política migratoria de ese país

hacia Cuba. Según opina la mayoría de las personas con que he hablado

sobre el asunto en Cuba, la hija del verdugo económico de la Isla,

debería ser devuelta a la Isla, con la misma sangre fría con que son

repatriados los interceptados en el Estrecho de la Florida,

gente humilde que tiene motivos más poderosos que el de ella para

largarse de Cuba y además ha sufrido los embates de las tormentas y el

ataque de los tiburones.

Sin , mientras cada día son devueltos los traumatizados balseros,

Glenda Murillo tendrá la oportunidad de amar a su "querido noviecito", y

disfrutar de los derechos y libertades que tienen los dichosos

residentes en Norteamérica. Asimismo, si lo desea, para que su papá

pueda nuevamente estar orgulloso de ella, podrá salir a las calles de

Miami a exigir para los 5 espías presos en EE UU, o protestar

contra el embargo estadounidense y las políticas que aprietan las

tuercas al régimen castrista y le hacen más difícil a su papá la tarea

de "salvar al socialismo".

En realidad, Glenda es solo una más de los tantos simuladores que han

proliferado en Cuba durante más de cinco décadas. Como muchos, que en su

momento gritaron "paredón", guisaron con entusiasmo la "caldosa" del 28

de septiembre para celebrar el aniversario de los , integraron –o aun

integran- las porras de repuesta rápida, marcharon por la Plaza de la

Revolución gritando a todo pulmón loas al castrismo… y hoy se pasean por

Miami o hacen fila en la Sección de Intereses de Estados Unidos en La

Habana (USINT) para pedir sus visas y viajar definitiva o temporalmente

a "las entrañas del monstruo".

Con gran desconcierto –Paco Hernández, un jubilado de 68 años– afirma

saber que la oficina consular norteamericana le otorgó visa de

residencia permanente, a un sujeto que se cansó de manifestar

públicamente que "el ataque a las torres gemelas del World Trade Center,

fue un golpe que se merecían los americanos, por ser unos hijos de p…".

"Pero allá ellos"—dice Paco.

Entretanto, algunos opositores que son constantemente hostigados y

acechados por las turbas de respuesta rápida y la policía política, y

cuyos hijos son privados de cursar carreras universitarias o expulsados

de sus centros laborales, se quejan de la indiferencia por parte de

algunos funcionarios de la Oficina de Refugiados de la USINT.

Ojalá el caso de Glenda Murillo, sea una motivación para revisar la

política migratoria de EE UU hacia Cuba y también la Ley de ajuste

cubano, o al menos para provocar el debate. Sería bueno que se escogiese

a quienes verdaderamente merecen ese beneficio y se excluyera a todos

estos descarados.

http://www.cubanet.org/articulos/los-hijos-de-papa-y-los-hijos-del-maltrato/

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