Comités de represión

Mi aporte al Congreso de los CDR

Mi aporte al Congreso de los CDR
mayo 28, 2013
Osmel Almaguer

HAVANA TIMES — Se acerca un nuevo congreso de los CDR y al parecer trae
aires de renovación. Eso, sería una buena señal, pues indica la
aceptación, por parte de las autoridades cubanas, de que algo no anda
bien en cuanto a dicha organización.

No obstante, sospecho que se trata de un amago porque, a mi parecer,
para resolver la crisis que hoy atraviesan los CDR hace falta algo más
que reconocer “nuestros errores”; hace falta cambiar el planteamiento en
sí de los Comités de Defensa de la Revolución.

¿Por qué lo digo? Hay problemas en su funcionamiento que hacen de esta
organización, hoy en día, algo rígido y obsoleto. Las grandes masas han
dejado de verla como algo propio, como una herramienta para resolver
problemas de la comunidad.

Tal vez se deba al carácter excesivamente político que cada vez va
siendo más difícil disimular. Los Comités funcionan como un mecanismo de
presión y de control sobre todos las personas mayores de catorce años en
este país.

Pertenecer a ellos es prácticamente obligatorio, aunque no conozca
alguna legislación en este sentido, la presión social que se ejerce
sobre los pocos que se han resistido a pertenecer, es grande.

Desde los CDR se controlan los trámites de Vivienda, de nuevos empleos,
igual que trámites legales e investigativos. Será el presidente de tu
CDR quien tendrá la última palabra en situaciones como esas. Ellos,
frecuentemente abusan del poder que el cargo les confiere, en función de
vengar rencillas personales.

Ya dentro de la organización deberás cumplir con las tareas asignadas
para crear un buen estado de opinión en tu favor, o sea, si eres un buen
cederista “se supone” que eres una buena persona, y las condiciones que
debes cumplir para demostrarlo serán: una guardia cederista mensual,
recoger materia prima, donar sangre, asistir a todas las fiestas y
reuniones y, sobretodo, denunciar los “delitos” en tu comunidad.

mi-aportePero en la Cuba de hoy los límites éticos se han desplazado a
una distancia prudencial de los límites legales. Han surgido conceptos
como “luchar”, o más claramente, robar al Estado, que no son
necesariamente entendidas como “delito”. Así, la gente más bien opta por
protegerse unos a otros, porque todos necesitan de ese “delito” para
sobrevivir.

De ahí que hoy los CDR vayan por un lado y la gente por el otro,
cumpliendo más o menos para quedar bien, pero no porque se sientan
miembros de una herramienta importante para resolver los problemas del
pueblo.

Y no es que donar sangre y cuidar la comunidad de robos y allanamientos
esté mal, para nada; es el modo centralizado, rígido y obligatorio con
que se trabaja. Aunque resulta útil decir que el tema de recolectar
materia prima está totalmente obsoleto, según los nuevos cambios
operados en esta esfera.

Uno de los problemas más graves es la falta de voz de los Comités de
base, y con ellos, del propio cederista. La verticalidad en el trabajo
hace que unos ordenen desde arriba y otros, desde abajo, obedezcan, o
rechacen sin siquiera analizar. Así, el trabajo se hace demasiado
mecánico, contribuyendo un poquito más a la ya exasperante
automatización del ser humano.

Los problemas que conciernen a la comunidad, y que a veces pueden ser
resueltos en el marco de las reuniones, en muchas ocasiones quedan
ausentes del tintero debido a esa misma automatización.

Luego las entidades de cada zona, que responden a intereses
gubernamentales, actúan parecido a las trasnacionales capitalistas que
tanto criticamos. O sea, que zonas como la mía, tan necesitadas de ayuda
y con tantas fábricas aportando solo contaminación, no encuentran
repuesta a sus demandas a través del delegado.

Todo esto y más lo expusé en la más reciente reunión de mi CDR. No como
un contestatario, pues en él ocupo el cargo de organizador, sino como un
cubano que piensa que lo mejor para resolver los problemas es tratarlos
“a camisa quitada”.

En fin, que abogo por unos CDR más de la gente y menos para el gobierno.
Más como herramienta efectiva para el bien de la comunidad que como
instrumento expendedor de los enemigos de la Revolución. Porque si esta
Revolución es tan grande y tiene tanto apoyo del pueblo, ¿deberíamos
temer a las minorías descontentas?

Si al menos uno de estos tópicos fuera resuelto en el 8vo Congreso de
los CDR, confieso me daría por satisfecho.

http://www.havanatimes.org/sp/?p=85799

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