Comités de represión

El peligro de un llamado irracional

El peligro de un llamado irracional
MARTES, 16 DE JULIO DE 2013 03:25
ESCRITO POR ROBERTO DE JESÚS QUIÑONES HACES

Cuba actualidad, Guantánamo, (PD) Ubicada en las afueras de Guantánamo,
cerca de uno de los ríos que atraviesan la ciudad, la Casa Central fue,
hasta principios de los años noventa del pasado siglo, un coto exclusivo
para los oficiales del MININT.

Construida por los presos y dotada de cabañas, bar piscina, pista de
atletismo, instalaciones para los infantes, sala teatro, un gimnasio,
dos canchas de tenis, un terreno de béisbol y un restaurante, la
instalación pasó al servicio del pueblo luego de la reestructuración del
MININT, a raíz de la detención de José Abrantes, el ministro del
Interior fallecido en extrañas circunstancias en prisión.

Quienes alguna vez disfrutamos de esa instalación durante esos primeros
años, cuando se pagaba solamente un peso (CUP) para entrar, pudimos
percatarnos del nivel de confort y belleza de dicho lugar. Con el paso
del tiempo, a pesar de que el precio de entrada fue aumentando cada vez
más -ahora es en divisa- el ambiente, antes apacible, se ha tornado en
extremo peligroso, pues resultan comunes las broncas con armas blancas.

Uno de los últimos actos de violencia ocurrió el pasado Día de los
Padres, cuando varias personas fueron lesionadas y algunos muebles
resultaron rotos. Según refirió a este corresponsal un testigo ocular de
los hechos, ante el reclamo de varios ciudadanos de que alguien llamara
a la Policía la respuesta de uno de los responsables del lugar fue que
allí no se llamaba a la Policía, que lo que estaba orientado era bajar
el audio del equipo reproductor de música o apagarlo hasta que la bronca
terminara.

Desconozco si esta decisión parte del contubernio que algunos
trabajadores de ciertos lugares gastronómicos de Guantánamo han
establecido con esta clientela que se destaca por poseer abundante
dinero y mayor vulgaridad e indecencia en su comportamiento, o si se
debió a que uno de los involucrados en la bronca era un trabajador de
gastronomía, el caso es que no es la primera vez que eso ocurre allí.

Pero no sólo la Casa Central ha sido copada por estos elementos, sino
también la llamada Cafetería del Redondel, situada a la entrada de la
autopista, un lugar que desde su inauguración hace apenas tres años ya
cuenta en su historia con más de seis muertos y decenas de lesionados.
En similar situación está el bar “Las ruinas”, en el otrora Hotel
Washington, en pleno centro de la ciudad, y varias cafeterías que venden
sus productos en divisa.

Pedir al ciudadano común que sea él quien ponga coto a esas actitudes,
que es lo que actualmente se está promoviendo en los barrios a través de
los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) es una estupidez y una
concepción muy peligrosa para enfrentar las indisciplinas sociales, pues
la imposición del orden según los criterios de cada cual constituye un
incentivo a la extensión de la violencia.

Resulta muy preocupante que cuando ocurre un hecho de violencia en la
calle, el barrio o un establecimiento público, es rara la ocasión en que
la Policía interviene de inmediato. Tal situación es insultante si
tenemos en cuenta que para controlar el orden en un estadio se destinan
cientos de policías, y otros tantos para acosar a ciudadanos pacíficos
cuando se reúnen o expresan públicamente sus convicciones.

La presencia de la Policía en las calles es casi nula a altas horas de
la noche, precisamente el horario en que las nuevas hordas de bárbaros
citadinos acostumbran a perturbar la tranquilidad ciudadana
comunicándose a gritos, lanzando botellas de cerveza y de ron contra la
calle y profiriendo constantemente malas palabras. Pedirles que además
de dinero tengan cultura y decencia es demasiado para estas personas que
hacen girar sus vidas alrededor de sus pesos convertibles, pero
imponerles la fuerza de la ley es algo que la sociedad reclama y
necesita desde que esta plaga comenzó a adueñarse de las calles.

Los medios de prensa controlados por el Gobierno cubano no se cansan de
afirmar que la Policía de los países occidentales es abusadora y
violenta, especialmente la de los Estados Unidos de América. No creo que
por un hecho en el que ciertamente puede haber abuso policial, que
ocurre por un error o debido al comportamiento agresivo de un ciudadano,
se pueda calificar de abusivo y violento a un cuerpo policial que
diariamente enfrenta cientos de miles de situaciones peligrosas como
evidentemente hace la Policía norteamericana. Suponiendo que fuera
cierto lo que dicen los periodistas del Gobierno cubano, prefiero un
cuerpo policial con esas características pero que acude de inmediato
ante el reclamo ciudadano, a otro presuntamente cortés y respetuoso pero
que le tiene miedo a los delincuentes, se demora más de la cuenta cuando
se necesita de su intervención o sencillamente evade cumplir con el
sentido de su existencia: proteger y servir a los ciudadanos. En eso la
Policía cubana tiene mucho que aprender de la de otros países.

Para Cuba actualidad: rojequihacfgos@yahoo.es

Source: “El peligro de un llamado irracional | Cuba noticias
actualidad.Periodismo independiente.” –
http://www.primaveradigital.org/primavera/cuba-sociedad/sociedad/8018-el-peligro-de-un-llamado-irracional.html

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