Comités de represión

Y entonces por qué no disuelven los CDR?

¿Y entonces por qué no disuelven los CDR?
REGINA COYULA | La Habana | 20 Jul 2013 – 10:03 am.

Raúl Castro hizo una larga lista de indisciplinas y delitos de la
población. ¿Qué han hecho en todos estos años los Comité de Defensa de
la Revolución que no han combatido esos males?
El reciente discurso del general-presidente Raúl Castro es comentado, lo
mismo en la cola de la farmacia que en un almendrón. La gente en general
se muestra contenta de que, al fin, la máxima dirección del país
mencione el marabú social del que hasta ahora parecía no tener noticias.
Los cubanos, con esa capacidad de adaptación y de olvido, nos alegramos
de que ahora el Gobierno tome medidas, como haría cualquier gobierno
recién electo con los males heredados del gobierno anterior.

Hay quien opina que nuestro deterioro de valores no es peor que el de
otros países, lo cual probablemente sea cierto; pero olvidan que en este
laboratorio se iba a producir el “hombre nuevo”: generoso, honrado,
trabajador. En el ínterin varias generaciones deberían haber parido ese
hombre nuevo del que tanto se esperaba, pero como en Multiplicidad, la
comedia de Michael Keaton, cada nueva versión es más deficiente.

Experimentar con vacas puede dejarnos sin población vacuna como ha sido
el caso, pero cuando se experimenta con la enseñanza, las repercusiones
para la sociedad, son muy profundas y hoy están a la vista. La familia
también ha sido protagonista trágica del ensayo social cubano. Sin
embargo, ni el desgrane oficial del rosario de indisciplinas, ni el
entusiasmo ciudadano pueden resolver un problema que no ha hecho sino
crecer.

Hace más de cincuenta años fue creada una organización popular, luego
devenida organización no gubernamental (aunque ya sabemos que esa es una
mera denominación): los Comité de Defensa de la Revolución (CDR). Con un
entramado nacional que alcanza los confines geográficos, con una
estructura desde la base con frentes para “atender” entre otras cosas,
salud, educación, limpieza y embellecimiento, materias primas, y, sobre
todo, vigilancia. Es inevitable preguntarse, dónde estaban los
activistas de esta organización gigantesca —que recién acaba de tener
una reunión nacional y que en sus congresos el balance ha sido
invariablemente positivo— mientras proliferaban las indisciplinas y
actos delictivos que acaba de listar el general-presidente.

A pesar de tantos años, la guardia cederista, la emulación “Mi casa
alegre y bonita”, el movimiento de padres por la educación, la campaña
antivectorial, la Patrulla Clic o la recogida de materia prima, no
lograron cuajar la pasta social de que estaríamos hechos los hombres del
siglo XXI.

Una visión certera de que seremos instruidos pero no educados, es la
fiesta con que se celebra el aniversario de esta organización de masas.
Alrededor de un fogón de leña improvisado en la calle, con mucha vianda
y poca masa (por lo general, una cabeza de cerdo), en la víspera del 28
de septiembre se cocina entre humo y ron un caldo impreciso que se toma
a la media noche en vasitos plásticos. Hombres sin camisa, lenguas
desatadas por el alcohol, reguetón a todo dar, confraternización forzada
para no parecer apáticos; una visión nada apocalíptica de esta fiesta de
“arraigo popular” que muchas veces termina con disgusto entre vecinos.

Para encauzar el desorden social, el Gobierno se halla en la disyuntiva
de aplicar la ley con fuertes medidas disciplinarias, y con ello
aumentar su lado represivo más allá de la disidencia, los ladrones de
cuello blanco y los delincuentes de menor cuantía sorprendidos in
fraganti, o dejar en manos de la ¿casualidad, iglesia, familia? la
eventual recuperación de los valores perdidos.

Si debemos rescatar (y debemos rescatarla) la buena conducta social y
privilegiar la educación y buenas costumbres consideradas por error como
burguesas y no como correctas, los CDR no tienen razón de existir. A la
vera de los Comité, se ensucia y contamina el entorno, se roba y
malversa, se construye ilegalmente, los índices de criminalidad son
alarmantes y otros etcétera que dejo a la memoria del lector. El
deterioro de su prestigio, la falta de interés de los ciudadanos, la
resignación con que los acorralados militantes de la Juventud y el
Partido suelen aceptar los cargos; resultante natural de priorizar los
intereses del Gobierno sobre los de la sociedad, convierte a los CDR en
obsoletos, gravitando sobre el presupuesto estatal, con un adiposo
aparato burocrático solo parcialmente autofinanciado.

Organizaciones sociales que al surgir de manera natural y con líderes
naturales, respondan a los intereses de su entorno, son las que deben
ocuparse de los problemas. Y por encima de todos (y cuando se dice todos
es todos) la ley, con un Defensor del Pueblo y un Tribunal de Garantías
Constitucionales a los que el ciudadano acuda con la confianza de no
encontrarse desprotegido.

Source: “¿Y entonces por qué no disuelven los CDR? | Diario de Cuba” –
http://www.diariodecuba.com/cuba/1374271287_4299.html

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