Comités de represión

Juicios públicos, un mensaje claro a la ciudadanía

Juicios públicos, un mensaje claro a la ciudadanía
Jueves, Agosto 15, 2013 | Por Alejandro Tur Valladares

CIENFUEGOS, Cuba, agosto, www.cubanet.org -Como si de una novela seriada
se tratase, los Juicios Públicos en la ciudad de Cienfuegos acaban de
editar lo que pudiéramos decir su tercera temporada, cuando el pasado 6
de agosto dos ciudadanos fueron procesados y condenados en uno de estos
aquelarres, por haber apedreado un ómnibus de pasajeros, teniendo como
anfiteatro la populosa avenida Calzada de Dolores.

La práctica de sancionar a presuntos quebrantadores de la ley fuera del
salón del tribunal no es nueva, se remonta al inicio del gobierno
comunista a fínales de los años cincuenta, cuando elementos vinculados
al aparato represivo de la dictadura batistiana, primero, y opositores
políticos emanados de las filas del Ejército Rebelde o de organizaciones
afines al 26 de Julio, después, eran presentados en plazas públicas para
que la masa enardecida les gritase, frenética: “Paredón, Paredón”, sin
que contasen con las más elementales garantías procesales. La verdad que
esto poco importaba y poco importa ahora, pues el cometido principal de
estos procesos es ayudar a instaurar el terror revolucionario sobre
determinado sector poblacional, no el de impartir justicia.

Durante la década de los años 90, la herramienta represiva fue
desenfundada nuevamente, esta vez buscaba acallar el disenso popular que
crecía a raíz del hambre, los desabastecimientos extremos y los
inacabables apagones que oscurecían la isla de un extremo a otro durante
lo que ha sido conocido como “Periodo Especial”. Decenas de individuos
que buscando un desahogo la emprendieron a pedradas contra vidrieras de
comercios, ómnibus de pasajeros o que simplemente causaron daño a la
telefonía pública, fueron expuestos como animales de feria ante un
público ahora menos efusivo y comprometido con el poder, que se limitó a
mirar callado sin atreverse a enunciar su desacuerdo con la forma en que
se ejecutaba el proceso.

El juicio que acaba de concluir se enmarca en la nueva campaña
gubernamental llamada a combatir las indisciplinas sociales, cuyo tiro
de arrancada fue dado tras el discurso de Raúl Castro el pasado 26 de
Julio. Desde entonces, se observa un marcado interés por revivir viejos
métodos de coacción social dirigidos a embalsar las aguas, ya no solo
del legítimo descontento, sobre todo de comportamientos francamente
antisociales que están en alza dada la pérdida de valores que aquejan
nuestra sociedad, y en esta estrategia, los Juicios Públicos, juegan un
rol fundamental según consideran ideólogos del castrismo.

No trato aquí de justificar comportamientos malsanos como dañar un
ómnibus, a todas luces un bien social, máxime si quienes lo ejecutan
poseen un amplio record delictivo y confiesan haber actuado motivados
por el consumo del alcohol y al calor de una riña. Se trata de
comprender que la justicia debe tener como prioridad la reeducación
social del individuo, en última instancia, aislarle de la colectividad a
la que causa perjuicio, sin que esto suponga, como carga adicional, el
asesinato moral de quien delinque.

En definitiva, si lo pensamos detenidamente veremos que esta
distorsionada forma de impartir justicia supone algo más que una
denigrante modalidad de enjuiciamiento. No se trata tan solo de que las
garantías procesales del incriminado sean endebles, o que la celebración
en plena vía pública ante centenares de transeúntes implique una pena
adicional fuera del marco sancionador que estipulan las leyes, por el
costo moral que infringe al procesado, o que aun antes de ser juzgados,
la presunción de inocencia sea echada al cesto de la basura, pues no
conozco ninguna experiencia similar en que los implicados hayan sido
declarados inocentes; de lo que se trata en realidad es enviar un
mensaje que se oiga claro y fuerte dentro de la sociedad, para que
entienda el costo que puede acarrearle cualquier intento por quebrantar
el orden socialista. Este tratamiento será dado lo mismo al que delinque
por vocación, que quien lo hace por necesidad; al sujeto descontento que
rompe una vidriera o pone un cartel disidente como acto único de
desahogo, que al opositor político que desobedece leyes sistemáticamente
por considerar que violan derechos reconocidos universalmente.

Así lo entiende la población. No por casualidad uno de los presentes en
el lugar me comentó disgustado: “Esto nos lo hacen a los muertos de
hambre. ¿Por qué no hicieron un juicio similar a los corruptos de Felipe
Pérez Roque o Carlos Lage? ¿Por qué cuando un primer secretario del
partido es expulsado de su puesto por robar no se le da igual tratamiento?”.

Los abogados hicieron su mayor énfasis tratando de demostrar el carácter
“revolucionario” de sus defendidos, en pedir clemencia pues estaban
afiliados a los CDR y pagaban su cotización.

Se contentaron con remitir sus esfuerzos al intento por ganar el favor
de la “magnánima justicia revolucionaria”. Nada de defensa brillante o
de alegatos suspicaces. Todo siguiendo un guion preestablecido. Los
acusados antes de transitar por aquella avenida para tener su cita con
la doncella ciega de la balanza justiciera ya se sabían condenados.

Source: “Juicios públicos, un mensaje claro a la ciudadanía | Cubanet” –
http://www.cubanet.org/articulos/juicios-publicos-un-mensaje-claro-a-la-ciudadania/

Tags: ,

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Recent Comments
    Calendar
    August 2013
    M T W T F S S
    « Jul   Sep »
     1234
    567891011
    12131415161718
    19202122232425
    262728293031  
    We run various sites in defense of human rights and need support in paying for servers. Thank you.
    Archives