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La Habana, una capital subyugada y ruinosa

La Habana, una capital subyugada y ruinosa
Martes, Agosto 20, 2013 | Por Miriam Celaya

LA HABANA, Cuba, agosto, www.cubanet.org -La Habana y sus habitantes
duelen mucho. Aquella ciudad alegre en constante expansión en 1959 solo
se encuentra en los cuentos de los abuelos. Las joyas de la arquitectura
colonial y las más novedosas corrientes de la primera mitad del siglo XX
brotaban rápidamente del fértil beneficio del azúcar y el inquieto
puerto acunado por la formidable bahía de bolsa en la ruta de tránsito
entre América y Europa, entre Cuba y Estados Unidos. En el regazo de la
república entorpecida por apetencias nacionales y foráneas, la población
de La Habana era laboriosa, honesta, decente y considerada con sus
vecinos, como la del resto de Cuba.

De pronto había que erradicar todo lo de la “seudo república”, para
construir una capital y un país como merecíamos los cubanos. Por ilusión
sincera o fe ciega la mayoría de la población creyó y apoyó las
expropiaciones que con el pretexto de recuperar el patrimonio nacional
comenzó con las empresas extranjeras, fundamentalmente norteamericanas,
y hasta abarcó a ciudadanos laboriosos que habían mejorado su situación
económica o hecho fortunas, así como las instituciones religiosas como
la Iglesia Católica. Sus bienes supuestamente pasaron al pueblo, pero en
realidad se convirtieron en propiedad del Estado. Las mansiones fueron
ocupadas por el grupo que llegó al poder, que se cubría destinando
cierta cantidad a los planes de becas y las residencias de protocolo.
Formidables edificios y casas se destinaron a ministerios, empresas
estatales, oficinas del Partido Comunista, sus organizaciones juveniles
y de masas (UJC, CDR, FMC, ANAP), el Poder Popular y otras
instituciones, hasta nivel de barrio. El ¨Estado¨ no se ocupó del
mantenimiento y prohibió a los moradores reparar y adquirir materiales
–como en todo el país. Tampoco se preocupó por el estado de las vías,
las conductoras de agua y electricidad, con el resultado del deterioro
progresivo de calles anegadas, y la pérdida de agua y electricidad a
raudales. Sólo antes de los grandes aniversarios y congresos de la
llamada revolución se asfaltaban las calles y pintaban los edificios por
donde circularían las delegaciones y los dirigentes cubanos, costumbre
mantenida también en las áreas de turismo.

Al unísono progresaron las prohibiciones para todo lo humanamente
concebible, sobre todo desde la Ofensiva Revolucionaria de 1968, que
confiscó hasta la chaveta del zapatero y el cepillo del limpiabotas. El
calor de La Habana ya no permitía la risa espontánea habitual, pues no
había donde adquirir ni agua, aunque los paseantes caminaran sobre
charcos. Según se fue deteriorando el valor adquisitivo de los salarios
y pensiones, proliferó la ¨bolsa negra¨ junto a la degradación ética, de
valores y buenas costumbres ciudadanas. Durante decenios la vida de sus
habitantes, población flotante y visitantes de todo el país transcurrió
entre la simulación y la ilegalidad, pues hay que hablar lo que dicta la
¨revolución socialista irrevocable¨ y luchar para sobrevivir.

La asamblea del Poder Popular de La Habana analizó las irregularidades
en el cumplimiento de las normas establecidas, el 9 de agosto, según el
periódico Juventud Rebelde. Entre ellas se mencionaron ilegalidades en
la circulación de autos o camiones sin licencia operativa y en lugares
sin permiso y sitios no autorizados, contratación de trabajadores sin
licencia, subdeclaración de ingresos, arrendamiento ilegal, no pago de
espacios autorizados y evasión de impuestos, acaparamiento de productos,
cadenas de reventa y venta de ropa importada. Las deudas a la ONAT
llegaron a 49 300, las mulatas a 19 400, de ellas 7 000 por el mal uso
del transporte privado, 2 000 boteros y bicitaxis ilegales, y se
retiraron 929 licencias.

Asimismo se abordaron las transgresiones de las normas de convivencia,
tranquilidad y bienestar de la población, para lo que se orientó la
realización de juicios públicos ejemplarizantes en los casos connotados
de indisciplinas, ilegalidades y corrupción, así como la profundización
de los controles y la fiscalización. Entre los problemas citados se
encuentran robo de contenedores de basura, microvertederos, salideros de
agua y ruidos, transitar sin camisa por la vía pública en centros de
servicios, actos impúdicos y maltratos. Según la información, se
pusieron 57 600 multas, ascendentes a 11 millones de pesos con el
objetivo de enfrentar la indisciplina social en los sectores estatal y
privado, hechos vandálicos contra el ornato público y la higiene
comercial, el ruido por encima de lo permitido, y propagación de
epidemias, en lo que se destaca negativamente el vertedero de Avenida
100 y Autopista.

Con los años se ha incrementado la atronadora bulla del vecino, que
impone al barrio su música preferida, habla a gritos o termina una
discusión con una bronca a piñazos. Debido a la endémica carencia de
transporte público se ha podido llegar al trabajo a tiempo durante
decenios gracias a los particulares taxis-almendrones, y actualmente
hasta distinguidos funcionarios utilizan sus autos privados y a veces
estatales para botear, porque el mísero salario no alcanza a nadie. En
los últimos años ha sido posible comprar frutas y vegetales porque los
jóvenes han sacado sus licencias y venden en carretillas, pero no pueden
detenerse, tienen que caminar empujando la pesada carga bajo el fuerte
sol, con deterioro de la mercancía, so pena de recibir una multa, perder
los productos o la licencia, ante el delirio de persecución del
gobierno, ventajosa para la nube de inspectores y policías acompañantes.
Muchos de ellos llevaban años sin estudiar, vagaban por las esquinas
tomando ron de pésima calidad y jugando dominó, o han perdido sus
trabajos por las restricciones de plantilla del casi único empleador, el
Estado.

Las deformaciones sociales y morales ocasionadas por el gobierno de 54
años pueden comenzarse a enmendar si se reconoce sus causas y la
responsabilidad de quienes las originaron. Resulta muy difícil y llevará
mucho tiempo recomponer la sociedad cubana, y deberá partirse del
empoderamiento de los ciudadanos para que expresen sus opiniones y
ejerzan sus responsabilidades ciudadanas. Asimismo, se requiere la
apertura económica en un contexto jurídico adecuado que permita el
ejercicio de la iniciativa personal, entendida la propiedad privada y la
libre creatividad.

Source: “La Habana, una capital subyugada y ruinosa | Cubanet” –
http://www.cubanet.org/articulos/la-habana-una-capital-subyugada-y-ruinosa/

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