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Los ginetes del apocalipsis de América Latina: Castro, Maduro, Ortega, Evo Morales y Correa

Los ginetes del apocalipsis de América Latina: Castro, Maduro, Ortega,
Evo Morales y Correa
[02-09-2013]
Gualdo Hidalgo
Latin News

(www.miscelaneasdecuba.net).- En el principio fue el Caos,
personificado en la transmutación de Lenin en la deidad primordial del
marxismo durante la conflagración de la Revolución rusa de 1917. La
dictadura bolchevique decretó el fin de la Historia. El Reino de los
Cielos proclamado por el Hijo de Dios, y el sueño ancilar del Paraíso
restaurado, tras la expulsión promulgada por Dios, fue reemplazado por
un reinado de terror, ofrendado al pueblo ruso por la edulcorante
propaganda del Partido como la realización culminante del Paraíso en la
Tierra.
Franqueando frenéticamente la tundra rusa, con el crujir lacerante de
cascos que resquebrajan los huesos y la carne de sus víctimas, la Bestia
del Apocalipsis arriba triunfalmente a La Habana en enero de 1959. En
apoteosis de vítores y clamoreo de consignas revolucionarias, cuyos ecos
ensordecedores retumban en calles y plazas, un pueblo incauto festeja
la iniciación de su exterminio, persecución y encarcelamiento.

Privados del derecho a visitar otros países, y en triste remedo de los
rusos, los cubanos emprendieron un angustioso viaje de más de medio
siglo hacia el ultraje, la ruindad, el hambre y el envilecimiento: hacia
los paredones de fusilamiento, las cárceles y las celdas de
interrogatorios de la Seguridad el Estado y las estaciones de policía.

El fantasma del comunismo comenzó a recorrer América Latina.

Con trote desbocado y desafiante, los jinetes del Apocalipsis
latinoamericano -Castro, Maduro, Ortega, Evo Morales y Correa-, con el
ímpetu de una devoción irrefrenable, se consagran a la misión apostólica
de convertir a los países del área a la aterradora dictadura comunista
cubana, asumiendo y multiplicándose en la profana trinidad: como
demonios, anticristos y falsos profetas.

Como demonios, reclaman para sí mismos el que se les rinda la pleitesía
debida a los dioses socialistas; como anticristos, suplantan al Hijo de
Dios y fingen ser los nuevos Redentores; y como falsos profetas afirman
ser la encarnación del espíritu salvador y sacrosanto del Marxismo.

Esta trinidad ha logrado extender su control y poder en America Latina
mediante embustes, fraudes y artimañas.

El marxismo y el nazismo constituyen las dos grandes doctrinas
apocalípticas del siglo XX.

Al igual que Lenin en 1917 y Castro en 1959, Hitler destruyó el régimen
democrático de la República de Weimar, reemplazándolo por el Tercer
Reich, privando a los alemanes de los más elementales derechos cívicos y
constitucionales y asumiendo el poder absoluto en Alemania: Presidente
del Reich (director del estado), Canciller del Reich (director del
gobierno), y Fuehrer (director del partido nazi). Estos tres
representantes del Apocalipsis (Lenin, Hitler y Castro) constituyen el
símbolo de un poder despótico regido por el principio de que “el Estado
y la Patria Soy Yo”.

Movidos por la creencia de que sus regímenes constituían el estadio
superior y último de la Historia y que gobernarían infinitamente en el
tiempo, comunistas y nazistas se enfrascaron en el aniquilamiento feroz
de los “representantes del mal”: Para los comunistas, los capitalistas;
para los nazis, los judíos. Para justificar y hacer más digeribles sus
erráticas políticas recurrieron al uso y tergiversación del pasado.
Castro lo hizo de la manera más burda imaginable expresando acerca de
los heroicos mambises: “Ellos, hoy, hubieran sido como nosotros;
nosotros, ayer, hubiéramos sido como ellos”. Y a José Martí lo convirtió
en cómplice, miembro del Movimiento 26, y uno de los atacantes del
cuartel Moncada: “El también participó”.

Paradójicamente, Hitler justificó sus monstruosos crímenes -incluido el
Holocausto- amparándose en la tradición de la fe cristiana del pueblo
alemán. En el libro “Sobre los judíos y sus mentiras” escrito por el
eminente teólogo alemán Martin Lutero -fallecido cuatro siglos antes del
nazismo-, Lutero llama a los judíos “gusanos venenosos” – término que
nos hace recordar los “gusanos” de Castro y los “insectos” de Lenin-, y
exhorta a expulsarlos de Alemania u obligarlos a trabajos forzosos,
quemar sus libros de oración, sus casas, sus sinagogas, sus escuelas,
quitarles el dinero y sus propiedades; y lo que no pueda destruirse por
el fuego, taparlo con basura para que absolutamente nadie pueda jamás
volver a ver piedra o cenizas de los judíos.

Aprovechándose de esa secular tradición antisemítica, Hitler ordenó los
pogromos de La Noche de los Cristales Rotos donde fueron asesinados
decenas de judíos y alrededor de 30 000 fueron conducidos a los campos
de concentración; las casas, sinagogas, escuelas y hospitales de los
judíos fueron destruidos. Las calles de Alemania amanecieron cubiertas
de los vidrios rotos de las casas, comercios y demás edificaciones judías.

De modo similar, el régimen castrista se ha caracterizado por sus
atrocidades: fusilamientos y arrestos arbitrarios, sin procesos
judiciales o carentes de las garantías procesales mínimas; tortura
físicas y mentales; persecuciones y despidos laborales por motivos
religiosos y políticos; amenazas, coerciones y chantajes de todo tipo.
El rigor de la represión castrista ha traspasado el límite del ridículo
y el absurdo, como el condenar por intento de salida ilegal a un
borracho metido en el mar sobre su caballo; o aquel que al probar un
sándwich en un cafetería expresó que estaba malo, y fue sancionado por
propaganda enemiga: el bocadito era “un producto de la Revolución”; o
quien le contó a la esposa indiscreta que durante la noche había soñado
con gente corriendo en la Plaza de la Revolución, y fue condenado por
planes de asesinato al Comandante en Jefe.

El aniquilamiento brutal de personas inocentes, los encarcelamientos
masivos, las represiones, agresiones y golpeaduras – como los que se
efectúan actualmente en Cuba contra las Damas de Blanco y demás
disidentes- demuestran la ruindad y esencia criminal del mesianismo
comunista y sus regímenes dictatoriales.

Las doctrinas apocalípticas del marxismo y el nazismo comparten el
carácter “científico” de ambas pero en la práctica se exteriorizan en un
tétrico Hitler midiendo cráneos humanos con precisión milimétrica para
probar la superioridad de los arios, y la idiotez ridícula de la Moringa
de Fidel Castro como soporte de la agonizante economía cubana.

Curiosamente, Carlos Marx, un ateo declarado, al extremo de expresar
en Contribución a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel que
“la religión es el opio de los pueblos”, construye su visión de la
Historia sobre el trasfondo del judaísmo, la Iglesia católica apostólica
romana y bajo la influencia, quizás inconsciente, de textos bíblicos.

La división de la Historia en cuatro grandes periodos, el último de los
cuales es el capitalismo, tras del cual supuestamente se inicia la
esplendorosa edad dorada del comunismo, constituye la versión marxista
de la exégesis de la iglesia católica. Un destacado hegeliano de
izquierda, Marx no escapa a la influencia de Hegel ni a la tradición
alemana de dividir la Historia en cuatro grandes fases, establecida por
Thomas Muenzter, inspirado en El Libro de Daniel. De modo que la teoría
marxista de la Historia ex una extrapolación basada en la tradición
apocalíptica judía.

La diferencia esencial del marxismo con las creencias prevalecientes en
la época medieval – cuando proliferaban las fantasías apocalípticas y la
espera del Juicio Final de Dios, efectuado en la Tierra con el retorno
de Cristo, y tras el cual, trascendiendo la Historia y el tiempo, todo
ocurriría en la esfera celestial, en el Paraíso o el Infierno -, para
los comunistas, el Juicio Final ocurre en la Tierra, bajo la férrea
dictadura del proletariado, con encarcelamientos y fusilamientos masivos
en Juicios Sumarios, con el Primer Secretario del Partido transformado
en el Dios venerado.

Durante la implantación del supuesto Paraíso terrenal comunista se
procede a la identificación de los malos y los buenos, una tarea
purificadora que en Cuba se le encomienda al Comité de Defensa de la
Revolución (CDR), la policía y a la Seguridad del Estado. Una caterva
aberrante de chivatos y delatores, guatacas, incondicionales,
arribistas, farsantes, torturadores y criminales es exaltada al rango
superior de los elegidos, “los revolucionarios”- “el eslabón más alto
que puede alcanzar la especie humana”, según el Che Guevara.

Los Jinetes del Apocalipsis en América Latina -Castro, Maduro, Ortega,
Correa, Evo Morales- añoran realizar en todos los países del área el
modelo de la Revolución cubana, la fábula de una exitosa revolución que
un astuto Fidel Castro les ha trapicheado. Castro, el revolucionario que
nunca existió, en realidad ha sido, durante toda su vida, un traficante
de embustes, patrañas y quimeras. Para la consumación exitosa de su
comercio de mentiras, se ha aprovechado de la incomunicación,
inaccesibilidad e aislamiento absolutos en que mantiene a la aldea
medieval llamada Cuba.

Es apremiante que los admiradores de la “heroica” Revolución socialista
de Castro, “desafiante ante el Imperio”, despierten de su pernicioso
letargo. En realidad, el régimen castrista se ha desenmascarado de una
supuesta heroicidad pretérita para convertirse en una Revolución
mendicante que implora las migajas de Estados Unidos, y que se sostiene
con los dólares de los “gusanos” afortunados que lograron escapar del
Infierno comunista de la isla, y que engañosamente es preconizado como
el Paraíso en la Tierra por los Jinetes del Apocalipsis latinoamericano.

NOTA ACLARATORIA: En aras de no asumir una actitud irreverente, y
careciendo de evidencias para contradecir a las autoridades venezolanas,
me he abstenido de incluir al extinto comandante Hugo Chávez entre los
Jinetes del Apocalipsis en América Latina.

El senador Miguel Abdón Saguier, presidente del Partido Liberal Radical
Auténtico (PLRA) de Paraguay, ha descrito el régimen de Venezuela como
un “socialismo espiritista, el socialismo esotérico que invoca a los
espíritus y aparecen los pajaritos”, en referencia al repetido
testimonio oficial y publico de Nicolás Maduro acerca de sus encuentros
con Hugo Chávez reencarnado como Pajarito. El gobernante informó de la
aparición de un pajarito por primera vez el pasado 2 de abril, en el
inicio de la campaña electoral para los comicios del 14 de abril, cuando
en una visita al estado suroccidental de Barinas, relató que se encontró
con un “pajarito chiquitico” con el que compartió silbidos y que le hizo
recordar a Chávez: “Yo sentí el espíritu de Chávez y lo sentí ahí como
dándonos una bendición, y diciéndonos: hoy arranca la campaña; vayan a
la victoria”, dijo en esa oportunidad.

En otra ocasión, el presidente Nicolás Maduro afirmó que el fallecido
gobernante Hugo Chávez se le apareció nuevamente en forma de pajarito
tras la primera aparición que tuvo en abril: “Mira, mira…me está
buscando el pajarito. Mira, pasó por aquí. Después dicen que yo invento;
y pasó cantando. Ese pajarito está feliz porque yo estoy trabajando”,
dijo Maduro durante un acto en el estado suroccidental de Mérida.

Source: “Los ginetes del apocalipsis de América Latina: Castro, Maduro,
Ortega, Evo Morales y Correa – Misceláneas de Cuba” –
http://www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/522446a63a682e0bb4ee830f

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