Comités de represión

Imágenes del día de los CDR

Imágenes del día de los CDR
octubre 4, 2013
Daisy Valera

HAVANA TIMES—Hace casi una semana que terminó el congreso de los Comités
de Defensa de la Revolución (CDR), pero todavía Fidel Castro nos mira
desde las pancartas rojas y verdes diseñadas para la fecha.

Con pose de padre petulante parece regañarnos. Parece desafiarnos con su
largo dedo acostumbrado a golpear todas las mesas de La Mesa Redonda.

Las banderas cubanas cuelgan todavía como olvidadas en cordeles y
balcones, lavándose con la lluvia de estos días.

El pasado 28 de septiembre se celebró el fin del congreso y un
aniversario más de los CDR.

Los barrios se llenaron de humo de fogatas, de reguetón, de líquidos
oscuros y viscosos (caldosas de cabezas de puerco) preparados en
calderos tiznados.

Cada comité estuvo listo con su mesita/altar a la miseria. Altares
sarcásticos con cake duro dentro de las cajas para las tortas que se
venden en CUC, ron aguado, vino barato y sirope espantosamente dulce. La
asignación estatal de productos no mejoró este año.

De niña me gustaban los 28 de septiembre; ya había pasado el tiempo en
que los cederistas tiraban huevos y tomates contra puertas y vecinos. En
los 90 no sobraba nada.

En la mañana del día de los CDR los niños del barrio nos reuníamos y
dividíamos en dos bandos para recoger materias primas y viandas.
Recorríamos los edificios yugoslavos cargados de plátanos burros y tubos
de aluminio aplastados que habían sido de pasta dental.

Al mediodía comenzábamos a “engalanar” el barrio: amarrábamos a las
rejas pencas de palmas, hacíamos cadenetas recortando periódicos y
colgábamos los trozos de papel de aluminio que sobraban en la producción
de tapas de litros de leche.

Banderas en Centro Habana
El momento más emocionante siempre era la noche, una “guardia pioneril”
que traducíamos como “jugo a las escondidas con los uniformes puestos”.

Permanecimos despiertos hasta que nos entregaban un papel que debíamos
llevar el día siguiente en la escuela como muestra de que habíamos sido
vigilantes y combativos.

No podría precisar cuando fue que toda la dinámica que caracterizaba a
los barrios cubanos se diluyó.

Los vecinos dejaron de sentarse a tomar el aire y conversar por las
noches en los bancos y aceras.

Las reuniones de los CDR se fueron espaciando. Se acabaron los domingos
de trabajos voluntarios y los jardines de las áreas comunes fueron
tragados por la hierba.

Finalmente la fiesta del día 28 parecía un funeral que terminaba en
cuanto se escuchaba la música de la novela de las 9.

El congreso ha sido un despliegue casi místico para la resurrección de
una organización bien muerta.

La cruda cotidianidad cubana, marcada por el lema “sálvese quien pueda”,
deja poco tiempo para la chivatería gratuita o el surgimiento de
iniciativas colectivas.

Los dirigentes hablan de evitar la indisciplina social, la proliferación
de las drogas; llaman a donar sangre y a hacer campañas de saneamiento e
higiene.

El pueblo escucha reguetón, constata el aumento de desempleados y el
estancamiento de los salarios.

Pero algo se va resolviendo: ahora las guardias cederistas en defensa de
la Revolución las realizan los veladores de los nuevos negocios privados.

Source: “Imágenes del día de los CDR, organización casi muerta” –
http://www.havanatimes.org/sp/?p=91009

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