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La violencia se aprende

La violencia se aprende
[20-08-2014 11:09:02]
Alejandro Tur Valladares
Jagua Press

(www.miscelaneasdecuba.net).- Por estos días el tema más comentado por
mis vecinos es aquel que refiere a los hechos violentos que se vienen
reportando en la provincia de Cienfuegos durante el año que corre,
fundamentalmente aquellos que describen sendos asesinatos que se
destacan por la crueldad y el sadismo que les acompañan.
Alarma a mis coterráneos la tendencia ascendente que muestra el fenómeno
desde hace buen tiempo, particularmente durante el último quinquenio.
Para ilustrar lo expresado baste señalar que durante el año 2010 se
reportaron según cifras gubernamentales 1640 hechos violentos en la
región, el pasado año los casos aumentaron hasta llegar a los 1705.
Aunque las instituciones oficiales son reacias a mostrar este tipo de
estadísticas, recientemente trascendió en un programa de una televisora
local, que el pasado mes de julio se produjeron 197 hechos violentos.

Antes de adentrarnos en el tema de la inseguridad ciudadana, de sus
posibles causas y probables consecuencias, considero oportuno aclarar
que además de los asesinatos, se consideran actos violentos eventos
delictivos de disímiles naturalezas como el robo con fuerza, las
violaciones sexuales, los abusos domésticos, entre otros.

De igual modo hablamos de violencia no solo cuando se incurre en actos
que atentan contra la integridad física de una persona, también son
actos violentos aquellos que repercuten negativamente en la psiquis de
la víctima.

Así pues, la intimidación, la coacción, el asesinato moral, el chantaje
emocional, clasifican como actos violentos de mayor o menor grado,
dependiendo de los efectos dañinos que causan sobre la o las víctimas.
Lo que suele ocurrir es que son los asesinatos las manifestaciones de
violencia que más impactan la conciencia colectiva y por ende suelen ser
los más comentados y recordados.

Causas
Aunque los académicos y profesionales vinculados al oficialismo se
empeñan en entronar la idea que la violencia tiene su génesis
fundamental en el seno familiar, considero que la tesis busca ocultar un
conjunto de causas que por nocivos contrastan con la onírica idea del
paraíso socialista y por tanto su mención debe ser soslayada.

A todas cuentas, una familia es disfuncional porque el desarrollo
psicosocial de los elementos que la conforman ha sido distorsionado tras
ser expuesta ante elementos externos que moldearon y condicionaron las
personas que son.

Sin ser un especialista en el tema me atrevo a asegurar que en el
entorno familiar no están todas las respuestas al por qué de la violencia.

Existe un conjunto de causas que los sociólogos vinculados al
oficialismo evitan tratar públicamente y que a mi modo de ver han tenido
gran incidencia, fundamentalmente durante la última década, en los
comportamientos delictivos que hoy padecemos. Veamos algunas de ellas.

La violencia política
La sociedad cubana nunca fue violenta, aun cuando su historia ha estado
signada por eventos de esa índole, fundamentalmente en el ámbito
político. La familia cubana, conservadora en esencia, en tiempos
turbulentos siempre encontró refugio en el conjunto de valores que le
acompañaron desde la formación de nuestra identidad nacional.

Sin embargo, tras la huida de Fulgencio Batista a finales del año 1958,
el nuevo poder instaurado se propuso construir una sociedad diferente
acorde a la visión ideológica del Marxismo. Para alcanzar la utopía se
hacía necesario barrer de plano las estructuras que conformaban el viejo
orden social, antagónico con el que se pretendía instaurar, entre ellas
la religión y la familia. La nueva moral descansaría en lo adelante
sobre el dogma del estado, y de las necesidades afectivas o educativas
del individuo se encargaría papá estado.

Los actos de demolición emprendidos alentaron la reacción de importantes
sectores sociales. Para acallarlos la nueva dirigencia implantó una
atmosfera de terror en lo físico y lo psicológico hasta entonces nunca
vista.

Se emplearon herramientas como los pelotones de fusilamiento, los
encarcelamientos de opositores políticos, las vejaciones, el asesinato
moral, la implantación del “ateísmo científico”, la división familiar,
la coacción individual o colectiva, el despojo de propiedades, la
marginación social, la instauración del odio contra el adversario como
sentimiento acrisolador del auténtico revolucionario, la intransigencia,
la sustitución del orden institucional por el orden de facto.

Todas estas aberraciones que se justificaban en nombre de la meta
suprema – la construcción del estado comunista – que han abarcado por
décadas todos los espacios de la vida nacional, nos han hecho
comprender, a partir del legado dejado, que si el entorno cercano del
individuo, si las normas de comunicación y relación sociales a que es
sometido son violentas, lógicamente el ciudadano aprende conductas
violentas para estar a tono o defenderse del propio medio.

Una atmosfera violenta va moldeando al individuo que para sobrevivir se
pone a vibrar en la misma sintonía de los violentos.

Si aquellas instituciones encargadas de educar al ciudadano en
comportamientos que faciliten la convivencia truecan su rol, no debemos
esperar más que comportamientos sociales a tono con las distorsiones.

Cómo debería actuar un individuo que ve al presunto garante del orden y
la armonía social organizar e implementar actos de repudio,
expropiaciones de propiedades, coacciones colectivas, o el
desentendimiento de las normas establecidas, aun de las propias leyes.
Probablemente procederá del mismo modo.

Las carencias materiales
Por años el pueblo cubano ha estado sometido a grandes carencias
materiales, y en la lucha por alcanzar lo mínimo para la supervivencia
no pocos suelen dejar de lado las normas cívicas que antaño regían
nuestro comportamiento grupal, para hacer imperar la ley del sálvese
quien pueda, lo mío primero, o ese es tu maletín, formulas
individualistas que derivan hacia un relativismo raso donde todo vale y
donde todo lo que no satisfaga su Yo carece de valor, incluso la vida de
otro congénere.

Por ello vemos con dolor como de entre la población cubana de vez en
cuando surge algún enajenado que en la carrera por alcanzar sus anhelos
o metas personales si tiene que matar mata.

La alta población penal
Cuba tristemente ocupa un lugar notorio en la lista de naciones que
posee más prisiones por kilómetros cuadrados. Por asociación es fácil
concluir que la población penal cubana es elevada en correspondencia con
el per cápita de habitantes.

Esto se debe en parte a que un número importante de actividades inocuas
son tipificadas como delito, llevando a prisión miles de hombres que
jamás pudieran ser clasificados como delincuentes.

Desde vender un producto sin la licencia requerida, emitir una opinión
crítica, intentar fugarse de la isla son actividades que han colocado en
prisión a hombres que distan mucho de ser antisociales.

Una vez que este individuo es sometido al ambiente hostil y enrarecido
de la prisión, al ser liberado llevará consigo fuera de los muros de la
cárcel, un grupo de comportamientos adquiridos que no poseía antes de
ser encarcelado, el carácter violento entre ellos.

La erosión de las instituciones represivas
El proceso de erosión que vienen padeciendo las instituciones represivas
ha propiciado un relajamiento del control social que mantenía el
gobierno. El régimen policiaco hace aguas y si bien esto resulta
positivo desde la perspectiva de las libertades cívicas, paradójicamente
redunda mayor libertad para la actividad delictiva.

Los mismos mecanismos establecidos para controlar y combatir la
disidencia política eran utilizados de paso para enfrentar actitudes
antisociales. Entidades como las llamadas Organizaciones de Masa entre
las que destacan los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), tenían
un protagonismo fundamental a la hora de controlar tales comportamientos.

Sin embargo, la apatía ciudadana surgida en estos ámbitos toda vez que
los asociados descubrieron el vínculo existente entre el accionar de
estas asociaciones y la implementación de políticas gubernamentales
antipopulares, hizo surgir un desentendimiento de todo lo que no gire en
torno al círculo personal, dejando mayor espacio a la proliferación e
impunidad de actos violentos.

Resumiendo
Es la violencia una manifestación multicausal, por lo que pretender
remitir su génesis exclusivamente a una dimensión de actividad humana es
cuando menos un acto de franca manipulación. Me he detenido en explicar
las incidencias que tienen las políticas gubernamentales en su aparición
y propagación, no porque considere que es el único aspecto que debería
ser tratado, sino por el hecho que al resultar molesto este enfoque para
quienes promueven desde el poder políticas que exacerban la violencia, y
que los medios informativos, gubernamentales no dedique un mínimo de
espacio para analizar estas causas, es motivo suficiente para quererlo
compartir con quienes se sientan interesados.

Source: La violencia se aprende – Misceláneas de Cuba –
http://www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/53f465ae3a682e1b50482b9a#.U_R4gPmSwx4

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