Comités de represión

Testigos cansados

Testigos cansados
ROMY SÁNCHEZ | París | 15 Nov 2014 – 8:40 am.

Dos testimonios, el de un prisionero de la Primavera Negra y el de un
hombre de la tropa de Ernesto Guevara, han sido contados en cómics en
Francia.

El año pasado, la editorial francesa de cómics La Boîte à Bulles publicó
dos historias acerca de Cuba y la Revolución. El primero, coeditado por
Amnistía Internacional es la biografía ilustrada de una de las víctimas
de la Primavera Negra de 2003, Alejandro González Raga. El segundo, otra
biografía, aborda la de Benigno, compañero de armas del Che y se basa en
el libro testimonial Memorias de un soldado cubano. Los autores y
ilustradores de ambos álbumes son jóvenes autores franceses que con sus
obras descubren el tema cubano. Y las dos obras son testimonios, basados
sobre entrevistas a protagonistas que desde Madrid y París cuentan un
pasado matizado por el tiempo transcurrido y por la distancia del exilio.

El recorrido de Alejandro González Raga da una imagen completa de lo que
es nacer con la Revolución y vivir en disidencia. González Raga se cría
en la casa de una presidenta de CDR de Camagüey: su madre. Se forma en
la escuela militar de su provincia hasta que el asma y el amor a la
contracultura occidental (Beatles y pelo largo) lo alejan de la
ortodoxia revolucionaria. Al final de los 90, tras ayudar a un amigo a
montarse en una lancha para partir clandestinamente a EEUU, tiene su
primer enfrentamiento con el control policial castrista.

De ahí su acercamiento al ilegal Partido Demócrata Cristiano y al
entonces recién creado movimiento de los bibliotecarios y periodistas
independientes. Hacía el año 2001, después de una segunda estadía en la
cárcel, Alejandro funda su propia agencia de prensa independiente
uniéndose después al Proyecto Varela. Por todas estas actividades,
deviene persona non grata. El 18 de marzo 2003 acaba súbitamente su
activismo y empieza su calvario. Hasta el 14 de febrero de 2008, fecha
en que parte de los que sufrieron esa condena fueron moneda de
intercambio entre el gobierno español de Zapatero y la Cuba de los
Castro: en ese contexto, Alejandro se marcha con su familia a Madrid. Un
ersatz de liberación, un exilio forzado.

Siempre habrá alguien para decir que Amnistía Internacional es una
organización manipulada por los diabólicos EEUU y que ese relato es la
voz del Imperio que fabrica víctimas falsas. Pero a estas alturas,
cuando Yoani Sánchez ya no escribe como una semirreclusa en su
apartamento habanero, sino que ha hecho una gira mundial, y cuando
Robertico Carcassés osó criticar al régimen sobre un escenario en plena
Habana, este libro acaba reflejando las evoluciones de la disidencia
cubana en la última década.

Además de Amnistía Internacional, ha sido parte del proyecto Reporteros
sin Fronteras, la asociación de protección de los derechos de la prensa
libre. Y esto podría constituir, de nuevo, materia para las críticas de
los enamorados del castrismo a toda costa. Pues hace pocos meses Robert
Ménard, que fue presidente de dicha asociación durante años y que apoyó
ardientemente la causa de los periodistas presos de la Primavera Negra,
fue electo alcalde de Béziers, una ciudad del sureste francés, sin
etiqueta de partido pero apoyado abiertamente por el Frente Nacional, la
formación de extrema derecha francesa. Entre la defensa de los derechos
humanos, la libertad de la prensa, el anticomunismo y la radicalización
sectaria de una tendencia política que esta en auge en Francia, parece
que existe muy pocos espacio.

Quizás la forma del cómic ayuda a darle mas perspectiva a un tema tan
problemático. Lo que sí es seguro es que a través de ese relato se notan
las evoluciones de la cuestión cubana: los disidentes de hoy pueden
pedir una salida (lo cual no quiere decir que se la concedan), mientras
que los del 2008-2011 fueron deportados de hecho, obligados a abandonar
definitivamente su país. Libros como este tienen el mérito de subrayar
esa evolución. Aunque eso no signifique que no siga existiendo un
verdadero problema con la oposición cubana, la de adentro y la de
afuera, y con su percepción drásticamente polarizada por los medios
cubanos e internacionales. Entre diabolización y victimización, los
relatos individuales aparecidos 10 años después de los eventos ayudan
tal vez a avanzar en el camino del esclarecimiento de tan complejo período.

Es posible que lo mas valioso del libro sean su epígrafe y su epílogo.
En el epígrafe aparece una cita de Canek Sánchez Guevara, nieto del Che:
en ella dice que hay que desmitificar al régimen cubano y recordar que
en Cuba no hay solo una disidencia de derecha, como se tiende a decir en
los medios de lo que Canek llama “la izquierda internacional”. Denuncia
la insistencia de esa izquierda en calificar sistemáticamente a la
disidencia cubana como mercenaria, pagada por la CIA o el Gobierno de
EEUU, y acaba diciendo lo que nadie dice con claridad: sí hay grupos
pagados por la derecha americana, pero existen muchos que no lo son.

En el epílogo, los autores y la editorial proponen un corto texto que
titulan “La ambivalencia de Cuba”, y en él se habla de la represión, del
control, de lo raro que resulta para cierta opinión el seguir
denunciando injusticias cuando los “antiguos presos” ya se encuentran
supuestamente a salvo, en Madrid, testimoniando de lo duro que es
cualquier exilio.

También se explica con excepcional buena fe que si todos los disidentes
de la Primavera Negra han sido formalmente liberados en el verano 2011,
ello no cambia el hecho de que siguen sin existir en la Isla derechos de
asociación y de expresión, y continúa allí la intimidación contra
quienes alzan su voz.

El texto explicita que siguen pasando hechos como el arresto brutal de
decenas de personas en un día, como lo que sucedió en el 2011 cuando
falleció el controvertido disidente Orlando Zapata Tamayo o después de
la muerte de Oswaldo Payá en el verano de 2012.

En la biografía gráfica de Benigno también hay matiz y distancia: de
hecho, en las últimas páginas que sirven de epílogo al recuento, los
autores no solo proponen unas líneas sobre las situación actual de Cuba,
anotando que “la revolución democrática tan esperada en Cuba no parece
estar a la orden del día”, sino que también hacen una nota sobre la
situación de los países latinoamericanos entre los 70 y los 80 y la
represión de la Operación Cóndor. En este caso se trata de intentar
hacer una crítica mas consensual, sin que se pueda decir que denunciar
las derivas castristas convierta necesariamente en ardiente partidario
de EEUU.

La vida de Benigno ilustra otra cronología, paralela aunque anterior a
la de González Raga. El libro comienza cuando el joven Daniel Alarcón se
enrola en las fuerzas revolucionarias de la Sierra, uniéndose a los
barbudos después que militares de Batista hubiesen asesinado a su joven
novia embarazada. El (no tan) cómic narra su trayectoria de combatiente,
de compañero de Camilo, del Che y de Fidel, hasta su calvario en la
selva boliviana y su huída del escenario que fue trampa mortal de Guevara.

El libro narra en otro epílogo su regreso a Cuba y sus años de
propagandista del régimen, Benigno acaba describiendo lo que él
considera una traición de Fidel Castro, quien en su opinión habría
abandonado voluntariamente a aquellos combatientes en Bolivia. Al decir
esto añade que no deja de ser revolucionario, a su manera. Él no piensa
haber traicionado a la Revolución. Otros sí lo habrían hecho.

Los dos textos se terminan con la visión de hombres avejentados, en
casas o cafés de capitales europeas, melancólicos pero dignos en sus
testimonios, ya despojados de la vergüenza que pudo implicar en algún
momento —según ellos— la desilusión revolucionaria. Tal vez estos
testigos cansados sirven de metáfora para el agotamiento no solo de la
Revolución, sino también de la cuestión cubana en general. Estos relatos
de la desilusión suenan como la puesta en memoria de algo que todavía no
ha acabado. ¿Será esa la incómoda peculiaridad del tema político cubano?
¿La extensa duración de un final que no acaba de terminar y de un
régimen que deviene memoria, sino historia, antes siquiera de haber
fenecido?

Source: Testigos cansados | Diario de Cuba –
http://www.diariodecuba.com/cultura/1416009480_11275.html

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