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Destruir, ¿propósito de la nueva Ley de Vivienda?

Destruir, ¿propósito de la nueva Ley de Vivienda?
ALICIA FERNÁNDEZ | La Habana | 27 Ene 2015 – 7:35 am.

En Habana del Este arrebatan tierras cultivadas a quienes las
trabajaban, deportan orientales y desalojan por la fuerza a familias con
niños pequeños. Aquí están los testimonios.

Según los medios oficiales, la nueva Ley de la Vivienda viene acompañada
de un “ordenamiento” que mencionan en noticieros y Mesas Redondas sin
explicar en qué consiste. Al parecer, el término puede ser interpretado
a conveniencia por los funcionarios que deciden ahora: los directores
municipales de Planificación Física.

Ya Ana Luisa Márquez Pérez, directora de Planificación Física de Habana
del Este ha demostrado su incapacidad para distinguir entre los solares
yermos que dispone la nueva ley para la construcción y las tierras
cultivadas. Eso quedó claro cuando despojó de su finquita en Alamar a la
agricultora Vilma del Castillo, amparándose en la legislación que pronto
entraría en vigor. El pasado mes de noviembre de 2014, la localidad de
Cojímar tuvo una muestra de las interpretaciones que Márquez Pérez da a
la palabra “ordenamiento” y para lo que piensa usar su recién adquirido
poder como decisora.

Hace ocho años, en un solar yermo a un costado del destartalado paradero
de Cojímar, algunas personas habían construido casas sin autorización.
Durante años, las autoridades de Vivienda habían aplicado multas
reiteradas a sus habitantes, pero nunca los desalojaron porque las casas
eran perfectamente habitables. Tenían las condiciones sanitarias,
pagaban servicio de electricidad y los vecinos esperaban poder legalizar
su propiedad y pagar el terreno que habían ocupado. Con el paso del
tiempo, a las primeras, se fueron sumando otras casitas.

Llegó Ana Luisa y mandó a parar

El 26 de octubre de 2014 algunos vecinos recibieron la orden de
demolición de sus viviendas. Debían realizarlo ellos mismos, o vendrían
las autoridades a echar las casas abajo.

Los vecinos apelaron la decisión en todas las instancias posibles, sin
respuesta. Escribieron a Fidel y Raúl Castro, a Vivienda, al Poder
Popular. “El 21 de noviembre fuimos al Consejo de Estado”, cuenta uno de
los afectados. “Entregamos una carta, aquí está el cuñito de recibo. Nos
atendió una funcionaria de apellido Cedeño. Cuando vio que la mayoría
éramos orientales nos dijo que la orden de Raúl Castro era devolver a
las personas a su lugar de origen.”

Entre el 6 y el 8 de noviembre de 2014 las autoridades demolieron las
casas, que eran más de 20, según testimonio de los vecinos. Participaron
en la demolición Ana Luisa Márquez, el vicepresidente del Gobierno
municipal, el director de la Vivienda y la policía.

“Aquello fue cruel”, comenta un vecino. “Había dos mujeres embarazadas
de ocho meses. Una de ellas y su esposo eran internacionalistas, que
construyeron la casa con los ahorros que trajeron de Venezuela. Cuando
el hombre le preguntó a la policía adónde se iba a ir, un funcionario le
dijo: ‘A tu mujer la metemos en un hogar materno, y a ti, preso’. Ahora
están en un consultorio que les prestaron, que se está cayendo, pero no
pueden arreglarlo porque no es de ellos.”

Otra vecina cuenta el caso de un hombre que se sentó a ver como
derribaban su casa y un funcionario le pidió que ayudara. Él respondió:
“Tumben ustedes, que para eso están aquí”. Por esa respuesta fue llevado
por la patrulla para la estación de policía. “Todo lo que tenía dentro
de su casa se lo llevaron en los camiones”, comenta la vecina. “Desde la
cama hasta el refrigerador. Y todavía no se lo han devuelto”.

Los carteles de “Viva Fidel” que los vecinos habían pintado fueron
considerados por Ana Luisa Márquez como “un chantaje” y todos los
vecinos que fueron vistos tirando fotos con los celulares terminaron en
la estación de policía hasta que concluyó la demolición.

Los afectados pidieron a las autoridades que les permitieran pagar los
terrenos y hasta un alquiler por las casas que ellos mismos habían
construido. La respuesta de los funcionarios fue que la demolición “era
la decisión tomada por el Gobierno”. Mientras tanto, la dulce Ana Luisa
Márquez, con el vocabulario que corresponde a una directora de
Planificación Física comentó: “Por mi papayona lo voy a demoler todo”.

La historia de Nury

La casa de Nury, según cuentan los vecinos, fue la segunda en
construirse. Llevaba ocho años viviendo allí y tenía la dirección de
Cojímar en su carnet de identidad. Ella aún conserva todos los
comprobantes de los materiales que usó, comprados en rastros y tiendas
en CUC. También guarda las multas de Vivienda y su casa tenía un
expediente en esa instancia, que luego se “perdió” misteriosamente.

El día 7 de noviembre, cuando fueron a demoler su casa, una vecina
escuchó decir a una de las funcionarias: “Esta gordita nos va a dar
trabajo”, refiriéndose a Nury. Como resultado de esta preocupación, Nury
fue llevada a la estación de policía de Alamar “para una entrevista”.
Durante cinco días su familia no supo nada de ella.

“A los días nos enteramos de que la habían llevado para el Vivac, así
sin explicación, y que la iban a deportar para Cacocún porque ella nació
allá.” A los vecinos y familiares que preguntaron por ella en la
estación de policía les dijeron que, a pesar de tener dirección en La
Habana, había que deportarla. “Imagínate”, aclara la vecina, “ella no
tiene a nadie allá, vive en La Habana desde hace años”.

“Aquellos días en prisión fueron horribles”, cuenta Nury. “Me sentía mal
porque yo no soy una delincuente. Tenía la presión altísima, pero me
quitaron mis medicamentos, no me dieron nada para aliviarla en todo ese
tiempo.” Al final, la sacaron de la cárcel con escolta policial que la
montó en un tren hasta Cacocún. “Allí me recibieron en con un carro
jaula, como si yo fuera una asesina. Me metieron ahí y estuve llorando
hasta la estación.”

“Mi hijo me dice que es mejor que no estuviera aquí, que yo no hubiese
soportado ver como derrumbaban mi casa”, concluye.

Después de este episodio, Nury ha pedido a las autoridades que revisen
su caso, porque no tiene dónde vivir. No le contestan, pero si lo
hicieran, Nury teme que le pongan condiciones de construcción que ya no
puede cumplir. “Mi salud no me permite volver a construir una casa como
la que me quitaron, sin contar con el dinero. A lo mejor alcanzaba para
pagar a plazos el terreno aquel, pero no para construir una casa nueva.
Uno ve en la televisión que aquí en Cuba no se deja a nadie desamparado,
entonces, ¿cómo se explica lo que nos pasó?”

Habla el CDR

La presidenta del CDR accede a dar su testimonio sobre lo sucedido en su
vecindario. “Lo que hicieron aquí no es justo”, opina. “Es verdad que la
ley hay que cumplirla, pero no maltratando y despojando a la gente.
Tiene que haber otra solución.”

Antes de convertir su cuadra en ruinas había buenas relaciones en el
vecindario. “Todos eran buenos vecinos, nos llevábamos bien. La gente de
esas casitas participaban en todas las actividades, en los trabajos
voluntarios. Pertenecían al CDR, a la FMC. Yo no tengo queja de ellos.
Además, allí había niños chiquitos y mujeres embarazadas, que ahora
están con un bebé en los brazos sin un techo donde criarlo. Eso no es
humano.”

Pero la palabra “humanidad” parece no entrar dentro del concepto de
“ordenamiento” de Ana Luisa Márquez, del Consejo de Estado, el Instituto
de Vivienda y el Poder Popular.

Durante años han existido apartamentos y casas vacíos, destruyéndose
gradualmente mientras miles de personas viven en albergues, bajareques o
portales, y el Instituto de Vivienda no hacía nada al respecto.

La nueva Ley de Vivienda promete promover la construcción de casas por
esfuerzo propio de la población, pero es que la anterior, de 1988,
también proclamaba el mismo objetivo en sus artículos 1 y 3. ¿Quién
garantiza que esta vez la Ley ayude realmente a los más necesitados?

Lo que sí parece seguro es que, en Habana del Este, amparada bajo la
nueva ley, las regulaciones urbanísticas y su cargo en Planificación
Física, Ana Luisa Márquez continuará su carrera. Carrera que incluye
arrebatar tierras cultivadas a quienes las trabajaban, deportar
orientales y dejar sin techo y sin derecho a reclamar a las familias. Y
para eso, puede prescindir de la delicadeza y del humanismo del que
tanto presume la Revolución cubana. La total impunidad se la garantizan
las enormes dimensiones de su órgano sexual.

Source: Destruir, ¿propósito de la nueva Ley de Vivienda? | Diario de
Cuba – http://www.diariodecuba.com/cuba/1422295036_12534.html

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