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Los generales de Luis Báez

Los generales de Luis Báez
En “Secretos de generales”, los jerarcas verde olivo se muestran
joviales, dicharacheros y bonachones. Sixto Batista es mostrado como un
simpático ancianito que no cesaba de jaranear, muy lejos del que invitó
alegremente a los miembros de los CDR a romper cabezas de disidentes a
batazos
jueves, febrero 12, 2015 | Luis Cino Álvarez

LA HABANA, Cuba– De los libros que escribió Luis Báez -entre ellos,
varios dedicados al Comandante- los más conocidos son “Los que se
fueron”, “Los que se quedaron” y “Secretos de generales”.En este último
libro, los generales castristas entrevistados por Báez se mostraban
joviales, dicharacheros y bonachones. Como salidos de un ejército de
fábula, no del que conocemos.

Fue un intento por encargo de mostrar el lado más amable del
generalato. Una galería de retratos bien retocados. Un confesorio de
utilería, en que el entrevistador, más que de confesor, hacía de
maquillista.

¿Y por qué íbamos a creer en el titulo? Los generales no confiesan los
secretos. “Jamás”, como diría enfático el Jefe, el Uno.

Los principales jerarcas militares del régimen desfilan por el libro
como los quiso ver Báez, para convencer a los incrédulos de que “el
ejército de Fidel” lo dirigen seres humanos.

Los generales narran sus anécdotas de la guerra, en Cuba o África, y su
modo idílico de vivir la “pax castrista”. Así, entreabren sus verjas
para revelar hábitos domésticos y gustos culinarios. Sólo poco más que
eso. Si acaso, alguno evoca al actual general-presidente, en ratos de
ocio guerrillero, toreando novillos en su principado serrano. O revela
pactos de amigos, preocupados por ser sepultados juntos, con suficiente
poder para decidir que sea en El Cacahual.

Abuelos campechanos y jaraneros, aficionados al ron y el lechón asado,
la jardinería, la pesca y las rancheras mexicanas. Sin dudas, errores ni
arrepentimientos. Irrestrictamente leales a los Jefes, describían su
existencia plácida y feliz en sus mansiones de las zonas congeladas,
entre una comilona y la próxima. Cerca de la mesa de dominó. A bordo de
sus carros. Todo aromático y refrigerado. Viendo la vida a través de sus
gafas Ray Ban. Midiendo el tiempo en los relojes Rollex que les
regalaron el Uno o el Dos. Muros de por medio, a distancia adecuada de
la plebe.

No referían sus privilegios. Ocultaron a tiempo de miradas indiscretas
las langostas y los whiskies. Luego hicieron chistes. Solo que sus
bromas no convencen. El humor de los generales suele ser inasible para
los no iniciados. Por mucho que se esfuerzan, no logran caer simpáticos.
Son demasiados distantes. Nos separa de ellos, entre otras cosas, un
océano de privilegios y despotismos.

Por ejemplo, Sixto Batista era mostrado como un simpático ancianito que
no cesaba de jaranear. A inicios del Período Especial, ese mismo viejito
invitó alegremente a los miembros de los CDR a romper cabezas de
disidentes a batazos. Parece ser que algunos porristas tomaron demasiado
al pie de la letra la jocosidad del General Batista, Sixto, no Fulgencio.

Escrito a inicios de los años 90, “Secretos de generales” no se ha
vuelto a publicar. Hace 18 años, en vísperas de la sucesión raulista, el
periódico Granma reprodujo una a una las entrevistas que utilizó Luis
Báez para conformar el libro. Tal vez fue una forma de que los cubanos
nos fuéramos familiarizando con los generales, para que no nos sonaran
demasiado ásperas las órdenes que ladrarían en un futuro sin Comandante.

luicino2012@gmail.com

Source: Los generales de Luis Báez | Cubanet –
http://www.cubanet.org/destacados/los-generales-de-luis-baez/

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