Comités de represión

Retóricas del desarraigo

ARIEL HIDALGO: Retóricas del desarraigo
02/05/2015 1:00 PM 02/05/2015 8:08 PM

La apertura de viajes de cubanos al exterior, con todas sus numerosas
ventajas, sobre todo para abrir las mentes de quienes han estado
bombardeados durante decenios por todas partes con un punto de vista
parcializado y muchas veces tergiversado de la realidad, tiene su lado
oscuro. He escuchado a más de un disidente mantener durante años una
determinada línea de pensamiento y luego, en contacto con el exterior,
modificar su discurso para agradar a cierto sector del destierro, algo
que ahora, algunos líderes del ala más conservadora del Partido
Republicano aprovechan muy bien en su oposición a los planes del
ejecutivo demócrata.

Esto tiene consecuencias casi dramáticas, porque se trata de dos
contextos completamente diferentes, con mentalidades e intereses no
siempre coincidentes. Quienes llegaron al exilio en los primeros años de
este largo proceso, sobre todo antes de la llamada “ofensiva
revolucionaria” del 68 en que el paisaje de Cuba cambió drásticamente,
no pueden entender la realidad ni la mentalidad de los que se quedaron
–y se quedaron muchos de ellos porque no tuvieron otra opción, a no ser
arriesgando sus vidas en el mar– en un país donde el único empleador era
el Estado y para trabajar exigían, como mínimo, un carnet del CDR. Si no
se tenía, para subsistir y alimentar a la familia sólo ofrecían empleos
como cazar cocodrilos en la Ciénaga de Zapata o cavar tumbas en los
cementerios. La gente se encontró con todos los caminos cerrados. Había
que cuidar el empleo, y para cuidarlo, tenían que asistir a las
reuniones, a las concentraciones, gritar consignas y hacer guardias,
porque por sobre todas las cosas estaban los hijos o la madre ya
desvalida. El salario no alcanzaba, y si alcanzaba, no se encontraba lo
que se necesitaba. Había que “resolver”, y resolver significaba robar en
los centros de trabajo para luego vender lo obtenido en la bolsa negra.
Todo eso lo hizo la inmensa mayoría de la gente que salió de Cuba
después de los 70 y los 80, y los que lo niegan lo hacen por temor a las
incomprensiones de los que ya habían echado raíces en la otra orilla. La
simulación en la lucha por la vida es un libro de José Ingenieros. La
gente aprendió a fingir, y al cruzar el charco, siguió fingiendo.

No estoy generalizando. En prisión conocí a muchos que a pesar de todo,
rompieron con la farsa y, como yo, fueron encarcelados sólo por decir lo
que pensaban. Pero la inmensa mayoría priorizó la subsistencia y lo poco
de bienestar con que contaban sus familiares. No apoyaba el embargo, ni
se oponía a las remesas ni a los viajes a Cuba, fueran cubanos de la
diáspora o turistas extranjeros, porque de una u otra forma todo eso
significaba una posibilidad de escape de aquella agobiante situación.
Pero cuando un disidente, para obtener el apoyo o los aplausos de ese
sector del exilio, cae en la trampa de la simulación y cambia su
discurso, se distancia de su propia realidad. Al adoptar una retórica
ajena, propia de un contexto completamente diferente, se divorcia de los
intereses de la población por la cual se supone que lucha y no sólo ésta
le vira la espalda sino que se crean divisiones y conflictos en el seno
de la propia oposición. Es lo que yo llamo “retórica de desarraigo”,
porque adopta el mismo discurso de los que ya, desde mucho antes,
echaron sus raíces en otra tierra y no entienden para nada lo que está
pasando en su tierra de origen.

Aquí tampoco estoy generalizando. Hay honrosas excepciones en que el
opositor o disidente mantiene una admirable firmeza de convicciones que
nunca traiciona por motivo alguno. Miriam Leiva, periodista
independiente y una de las fundadoras de las Damas de Blanco, no tuvo
empacho en referirse al clima de “alegría y expectativa” de los cubanos
de a pie tras el anuncio de las nuevas relaciones entre Cuba y Estados
Unidos y pidió la eliminación del embargo. Esta es la actitud que quizás
no sea muy atrayente en la Calle Ocho, pero que gana más simpatías y
apoyo en barrios habaneros como el Fanguito, Coco Solo y los Pocitos y
la que mañana podría lograr un despertar en la conciencia de la
ciudadanía para la exigencia popular de cambios realmente trascendentales.

Infoburo@aol.com

Source: ARIEL HIDALGO: Retóricas del desarraigo | El Nuevo Herald El
Nuevo Herald –
http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/opin-col-blogs/opinion-sobre-cuba/article9345092.html

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