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Ley Electoral – ¿Un cambio político real?

Ley Electoral: ¿Un cambio político real?
¿Habrá libertad para organizar partidos políticos? ¿Tendrán los
opositores acceso a los diarios y a la televisión? ¿Contarán las nuevas
elecciones con supervisión internacional como sucede en todos los países
democráticos?
lunes, marzo 2, 2015 | René Gómez Manzano

LA HABANA, Cuba -El gobierno cubano acaba de anunciar su propósito de
dictar una nueva Ley Electoral que sustituya a la hoy vigente, que lleva
el número 72 y data de octubre de 1992. Las preguntas que se imponen
son: ¿Qué signo tendrá esa reforma? ¿Qué disposiciones serán objeto de
las modificaciones? ¿En qué sentido se harán éstas?

Son temas que abordé en mi libro Constitucionalismo y cambio democrático
en Cuba, publicado en Madrid en 2007. Considero que la ocasión es
propicia para que, en el marco de un artículo periodístico —que por
fuerza tiene que ser breve— recordemos de manera sucinta algunas de las
críticas fundamentales que hice entonces a la actual legislación en esa
materia.

Lo primero a señalar en este sentido es que en Cuba no existe libertad
de postulación. Esto comienza por las elecciones de nivel municipal. Se
trata de la única fase de todo el proceso que en alguna medida merece
esa denominación, pues en ellas el ciudadano tiene la posibilidad de
escoger entre varios candidatos.

El problema radica en que, en este estado-policía que padecemos, las
nominaciones para delegados a las asambleas municipales del llamado
“Poder Popular” se realizan a nivel de cuadra en votaciones públicas, en
las que los ciudadanos tienen que alzar sus manos en presencia de los
“factores” del régimen y de los inevitables agentes de la policía política.

Habida cuenta del miedo que cada uno siente por las represalias que
pueda sufrir, se hace casi imposible que las personas voten por algún
disidente conocido. Y digamos esto con perdón de los “Candidatos por el
Cambio”, que, como su propio nombre lo indica, intentan modificar la
realidad utilizando el mismo sistema tramposo diseñado por los
castristas. Está claro —pues— que el primer paso a dar sería permitir
que cualquier ciudadano pueda ser postulado por dos o tres de sus vecinos.

Cuando se rebasa el marco local, entran en función las “comisiones de
candidatura”. Estos órganos están conformados por los delegados de las
llamadas “organizaciones de masas”, que, como todo el mundo sabe, son
meras correas de transmisión del Estado-Partido. Aquí llueven las
siglas: CDR, CTC, FMC, ANAP, FEU, FEEM. Son simples modalidades de la
misma realidad totalitaria; diversos modos en que el sistema estabula a
sus súbditos, utilizando distintos criterios: vecindad, actividad que
realiza, sexo.

Debemos reconocer que este método ha alcanzado un inmenso éxito en
lograr el propósito para el que lo diseñó y estableció el señor Fidel
Castro: autoperpetuar el régimen y su dirigencia. Una de las
derivaciones de este procedimiento monstruoso es que en Cuba, salvo en
las elecciones municipales, haya un solo aspirante para cada puesto a
cubrir. Y desde luego que esto sería otra cosa a cambiar: habría que
permitir que cinco o diez electores puedan nominar a un candidato
alternativo a diputado o delegado provincial.

Otra característica absurda del ordenamiento electoral de nuestro país
es la prohibición de realizar campañas políticas. Claro que en los
niveles provincial y nacional esto no posee importancia. Si, por las
razones señaladas en el párrafo precedente, está virtualmente asegurada
la “elección” de todos los candidatos, ¿qué importancia tiene entonces
las ideas o planes que ellos puedan tener!

Pero es que esa regla irracional impera también en las votaciones
municipales, donde —como ya vimos— los ciudadanos sí tienen cierta
escogencia. Según la liturgia impuesta por el régimen, se supone que
cada elector, para decidir entre los distintos candidatos a delegado, se
guíe por su “integración revolucionaria”. Esto, en la neo-lengua
castrista, significa las formas en que ese aspirante apoya el sistema en
vigor.

Es evidente que si la soberanía reside en el pueblo, se hace necesario
que éste, al seleccionar entre los diversos compatriotas que estén
aspirando a un cargo, pueda hacerlo con conocimiento de causa. Es
menester —pues— que los ciudadanos sepan cuál es el programa que, en
caso de resultar electo, intentaría aplicar cada uno de los que opten
por un puesto.

Hay, por supuesto, otros cambios que serían necesarios para que el
sistema electoral de nuestro país pueda ser considerado democrático:
Libertad para organizar partidos políticos, acceso equitativo de todos a
los medios masivos de comunicación, presencia de las distintas fuerzas
políticas en las comisiones electorales de los diferentes niveles,
supervisión internacional (análoga a la que existe en otros países de
nuestro entorno cultural).

Veremos con qué tipo de reforma se aparecerán ahora los castristas.
¿Deberemos esperar un nuevo parto de los montes? Soñemos con que, por el
bien de Cuba, no sea así.

Source: Ley Electoral: ¿Un cambio político real? | Cubanet –
http://www.cubanet.org/opiniones/ley-electoral-un-cambio-politico-real/

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