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“Elecciones” castristas, oposición y “realpolitik”

“Elecciones” castristas, oposición y “realpolitik”
Dos opositores hicieron interesante un evento siempre aburrido
Eugenio Yáñez, Miami | 23/04/2015 3:13 pm

Dos opositores fueron candidatos a delegados municipales (concejales) en
las elecciones en Cuba. Perdieron: uno en cuarto lugar entre cuatro
candidatos, el otro segundo entre tres.
Esa noticia tendrá diferentes lecturas, dependiendo de diversos
factores, entre ellos el fanatismo de quien informe, la posición
política defendida, o las intenciones que se persigan; y el hecho en sí
mismo en un país normal no pasaría de anécdota de barrio.
Sin embargo, Cuba no es un país normal, y poquísimas veces en casi
cuarenta años de “elecciones” castristas hubo candidatos opositores.
Algunos dicen que esto no debió intentarse, porque legitima al régimen:
cómo si no hubiera sido legitimado en la Cumbre de Panamá, para hablar
de un caso reciente. Y aunque no sea la misma situación, ¿no se aprendió
nada cuando la oposición a Hugo Chávez no participó en las
parlamentarias de 2005 y regaló la Asamblea Nacional al
teniente-coronel? Otros dijeron que los candidatos opositores “eran del
G-2”, que los utilizaba para imagen internacional de “tolerancia y
apertura”; castrismo al revés: atacando como el régimen, que llama
“mercenarios” a quienes odia. Y otros consideran positivo haber
participado aunque no hayan ganado: al menos se hicieron conocer y
dieron un sentido diferente a la farsa electoral de mitad del mandato de
diputados nacionales.
Que existan opositores en elecciones no es noticia en un país, pero Cuba
es una finca. No existe separación de poderes, el gobierno establece las
leyes que desee, y cuando no le convienen las viola impunemente o las
elimina, con silencio cómplice de la prensa oficialista, escándalo
vocinglero de la morralla social vestida de “pueblo enardecido”, e
iluminados opinando y criticando desde torres de marfil.
Que dos opositores, en circunscripciones alejadas una de la otra, fueran
aprobados por los votantes para aspirar a delegado, agrietó la farsa
“democrática” del régimen, que supone que en cada asamblea de barrio
para seleccionar candidatos, el Partido Comunista y el Comité de Defensa
de la Revolución garanticen que solo se postulen los afines al régimen.
Quien niegue eso no ha vivido en Cuba, es mentiroso compulsivo, o ambas
cosas.
La ley prohíbe propaganda electoral, y las biografías de los candidatos
se exponen a los votantes de la circunscripción. Pero las redactan
incondicionales de la dictadura, que consideran apropiado escribir en la
del candidato opositor, sin su consentimiento y mintiendo alevosamente,
que pertenece a un “grupúsculo contrarrevolucionario”. Sin embargo,
cuando los candidatos son militantes del partido o la juventud
comunista, deberían escribir que pertenecen al partido responsable de
más de medio siglo de fracaso en Cuba y que se atribuye a sí mismo el
“papel rector” de la sociedad. Pero algo así nunca se leerá en las
biografías que se muestran a los votantes.
Aunque la propaganda esté prohibida, existió claramente, discriminatoria
e ilegal. En las circunscripciones con candidatos opositores, personeros
del Partido Comunista y del Comité de Defensa visitaron a los vecinos
para “recomendarles” no votar por el “contrarrevolucionario”. No tuvo la
seguridad del estado que participar abiertamente: designan militantes
del PCC y miembros del CDR para ese trabajo sucio.
Hubo quejas de dificultades de algunos para participar como observadores
en el conteo de votos; otras informaciones dicen que se respiró un
ambiente de tensión en los colegios electorales con candidatos
opositores; pero por ese camino no hay periodismo serio: “se respiraba
un ambiente”, sin demostrarlo, no puede convencer a muchos.
Según las informaciones oficiales, un opositor obtuvo 233 votos y otro
189, de acuerdo a las cifras finales. No ganaron, como aceptaron de
inmediato; tales cifras serían ridículas en elecciones abiertamente
libres y limpias, que no es lo que ocurre en la Cuba de los Castro, y
por ello son significativas; porque más de “cuatro gatos” apoyaron a los
opositores: exactamente 422 personas en las dos circunscripciones. Y no
importan los millones de votos que se atribuya la dictadura. A pesar de
presiones y miedos, que de antemano se sabía que estarían presentes, la
monolítica unidad en apoyo al poder revolucionario quedó en lo que
realmente es: pura propaganda comunista. La nerviosa celebración
oficialista tras el conteo de votos en esas dos circunscripciones, al
borde del mitin de repudio, dejó ver claramente el temor del régimen.
No tiene sentido criticar desde el exilio a quienes hacen algo en la
Isla. Aunque participar en estos procesos no sea el único medio legítimo
de enfrentar la dictadura, toda estrategia cívica a favor del pueblo es
bienvenida en la lucha por la democracia y el Estado de Derecho en Cuba.
Podría discutirse hasta la nausea si la oposición logró una victoria
participando, o si fue derrotada al no conseguir un candidato electo. La
respuesta debería estar entre esos dos extremos.
Aun si estos resultados fueran solamente una pica en Flandes o del lobo
un pelo, el lobo sabe, aunque lo calle, que cubanos valientes le
arrancaron ese pelo.
Y ni ha sido, ni es, ni será el único.

Source: “Elecciones” castristas, oposición y “realpolitik” – Artículos –
Cuba – Cuba Encuentro –
http://www.cubaencuentro.com/cuba/articulos/elecciones-castristas-oposicion-y-realpolitik-322654

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