Comités de represión

Votaron para que todo siga igual

Votaron para que todo siga igual
Mi vecina Nelly, cuando supo que no fui a votar y le volví a aclarar que
no quiero irme de Cuba, me dijo: “¡Ustedes, los periodistas
independientes y los disidentes se van a quedar solitos con los
factores! ¡Qué va, hay que irse, no hay más ná!”
miércoles, abril 22, 2015 | Ana Mercedes Torricella

LA HABANA, Cuba. — El domingo 19 de abril los que votaron en las
elecciones de delegados municipales del Poder Popular lo hicieron bajo
la compulsión acostumbrada. Votaron, quiéranlo o no, para que todo siga
igual y con “la misma gente”. O sea, “esta gente”, como dicen muchos
cubanos para referirse al régimen.

A la mayoría no le importa la votación. Sus más caros y preciados
intereses son la comida y el dinero necesario para adquirirla.

Tengo unos vecinos que viven en una miseria de espanto. La más joven,
que era muy bella, consiguió casarse con un italiano y se mudó para
Génova. Hace unos años, cuando vino de visita a Cuba, compró regalos y
les trajo euros. Pero esa familia no usó ese dinero para comprar
muebles ni arreglar la desvencijada vivienda: lo usó para comprar un
equipo de música. En la actualidad, mitigan el hambre con música
atronadora, que escuchan mientras beben ron o cualquier alcohol barato.

A menudo sacan las bocinas para el portal. Para que se sienta la música
en todo el barrio. Las sacan cuando es el cumpleaños de alguno de ellos,
el Día de las Madres, el fin de año o cualquier día que hay algo que
celebrar. Y también cuando hay alguna fiesta de la revolución o eso que
llaman elecciones.

El pasado domingo, ya desde antes del mediodía, mis vecinos sacaron las
bocinas y pusieron la música. Si es que a eso se le podía llamar música.
Ellos fueron de los primeros en votar. “Para salir rápido de esa
mierda”, me comentaron. Votaron por cualquiera de los candidatos. Les
daba lo mismo. Después terminaron el día con reguetón y alcohol barato.

Mis vecinos hablan horrores de “esta gente”, dicen que no le deben
agradecimiento alguno, pero no se señalan dejando de votar y exigen cada
vez que las necesitan para algo, las certificaciones de recomendación
que otorga el CDR a “los que cumplen con las tareas de la revolución”.

La compulsión, la extorsión y el chantaje, son los mecanismos para
disponer de membresía masiva en los CDR, la FMC, la CTC y las demás
organizaciones oficialistas que él régimen presenta como “sociedad
civil”. La represión, siempre presente, completa el cuadro de la
unanimidad necesaria.

Ese fue el panorama del domingo 19 de abril en las circunscripciones
abiertas a los comicios convocados para delegados de las asambleas
municipales a lo largo de toda Cuba.

Las biografías de los candidatos estuvieron con los errores ortográficos
de costumbre a la vista de todos sin que a casi ninguno les interesara
leerlas. Quizás con un poco de más discreción que en otras
oportunidades, los PC (personas de confianza del partido único)
indicaron por quien se debía votar.

Según las cifras oficiales iniciales, votó el 85% de los electores
inscritos. Luego rectificaron y aumentaron un poco: 87,30%. Suponemos
que el verdadero porciento de abstención haya sido bastante más elevado.
Ya el gobierno no se atreve a hablar de más del 97 % de participación,
como hacía hasta hace unos años.

Que haya de un 13 a un 15% de abstención puede resultar normal en otros
países, pero en Cuba es bastante significativo: aquí solo dejan de ir a
votar los que están abiertamente en contra del régimen.

No responder a la convocatoria a la votación implica pérdidas que no
todos están dispuestos a asumir. Quien trabaja para el estado patrón,
omnipresente, omnipotente y omnisciente, puede perder el empleo. Quien
sea cuentapropista puede perder su licencia. Quien viva en el limbo de
la ilegalidad tolerada, como los listeros de bolita o los vendedores de
algo sustraído por alguien, tendrá que enfrentar a la policía.

En estos términos, lo mejor es ir temprano a votar y no buscarse
problemas. “¡Total, si todo va a seguir igual!”, es el consenso
general. Nadie quiere buscarse problemas y no acudir a las urnas es
ciertamente buscarse grandes y muy serios problemas.

Mi vecina Nelly, cuando supo que no fui a votar y le volví a aclarar
que no quiero irme de Cuba, me dijo: “¡Ustedes, los periodistas
independientes y los disidentes se van a quedar solitos con los
factores! ¡Qué va, hay que irse, no hay más ná!”

Se trata de una verdad desoladora. Especialmente si se trata de jóvenes.
Como Nelly. Casi ningún joven tiene planes para el futuro en Cuba.
Todos aspiran a irse. A cualquier sitio. En avión o en balsa, con
pasaporte o sin él. No quieren más compartir el aire con “esta gente”
que no deja vivir. Mucho menos traer hijos a este ambiente viciado.
Entonces, Cuba languidece, envejece, se muere de inmovilismo.

El domingo 19 de abril se votó para que todo siga igual, lo que no solo
quiere decir mal, sino peor.

anatorricella@gmail.com

Source: Votaron para que todo siga igual | Cubanet –
http://www.cubanet.org/opiniones/votaron-para-que-todo-siga-igual/

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