Comités de represión

Mi mamá me botó pa’ la calle, tuve que prostituirme

“Mi mamá me botó pa’ la calle, tuve que prostituirme”
¨La injusticia en todas sus partes es mala, pero cuando proviene de una madre sobre su hija es doblemente abominable¨, confiesa Dayana Chiu Fidalgo mientras acaricia su barriga de siete meses
martes, mayo 5, 2015 |  Frank Correa

LA HABANA, Cuba. -¨La injusticia en todas sus partes es mala, pero cuando proviene de una madre sobre su hija es doblemente abominable¨, confiesa Dayana Chiu Fidalgo mientras acaricia su barriga de siete meses, sentada en la sala de mi casa donde acude ¨buscando la justicia que no ha hallado en otros lugares¨.

Tiene 20 años y es vecina de calle 5ta H número 24031, entre 240 y 240 A, callejón de Jaimanitas, y desde niña dice que ha sentido en carne propia los desprecios de su madre y los tratos más crueles e inhumanos de la persona que la trajo al mundo y que debía cuidar de ella.

¨Desde los ocho años, cuando mi madre se casó con el que es su actual esposo, me sometió a una verdadera vida de esclava. Ya había tenido que soportar desde pequeña su promiscuidad y el descuido de no educarme bien, tenía que hacer los mandados, limpiar la casa, atender a mis hermanitas cuando despertaban por la noche, todo como si fuera una adulta.”

“A veces pienso que me concibió en contra de su voluntad, en ella están omitidos todo sentimiento de amor, cariño y protección a la familia, de la Convención sobre los Derechos del Niño, del año 1990, que he tenido que aprenderme de memoria en esta ya larga lucha por que se haga justicia. He acudido a todos lados, al CDR (Comités de Defensa de la Revolución), a la FMC (Federación de Mujeres Cubanas), al jefe de sector de la policía, al delegado, a la Fiscalía, a la Plaza de la Revolución y nadie ha hecho nada nunca.”

Me cuenta Dayana que la vivienda donde nació era de propiedad de su abuela Norma, que tenía dos hijas: Olay y su mamá Yissel. Su abuela emigró a los Estados Unidos en 2004 y la casa quedó dividida para sus dos hijas, con sus familias, pero el 21 de abril de 2014 su tía Olany se marchó de manera definitiva para los Estados Unidos por reunificación familiar y conociendo los maltratos de su hermana con ella decidió dejarle su vivienda. Lo hizo público en el barrio, para que los vecinos apoyaran su decisión cuando ya no se encontrara en Cuba, pero al regresar del aeropuerto su madre había derribado la pared divisoria, y sellado la puerta de la calle por dentro.

¨Solamente los vecinos me apoyaron. Hicieron un mitin público frente a mi casa aclamando por lo que ellos conocían: que la vivienda me la había dejado mi tía, ellos han sido testigos de todos los abusos que he sido víctima desde mi infancia, por la aglomeración y las protestas se presentó la policía, fueron seis patrullas para los casi 150 vecinos que me auxiliaron a romper la cerca y la puerta para entrar y sacar mis pertenencias. Yo llevaba residiendo con mi tía desde hacía tres meses antes que se fuera, me había dejado sus efectos eléctricos y sus pertenencias, pero en la estación de Siboney querían dejarme presa por alteración del orden. Todos le hacen caso a mi mamá al pie de la letra. No sé cómo puede suceder esto, en una Cuba que se hace llamar socialista¨.

“¿El delegado del Poder Popular? Toma café en la casa y se hace el de la vista gorda. He denunciado mi caso en la Comisión de Prevención, porque a los 16 años, cuando mi mamá me botó para la calle tuve que prostituirme, para sobrevivir y tener donde dormir. Le demostré a la Comisión que había cambiado de vida, pero no sirvió de nada. En la Comisión del Policlínico he denunciado que como embarazada, necesito atención, ayuda y una vida tranquila, porque he sido golpeada por mi madre incluso con la barriga, nada han hecho al respecto. En Fiscalía no me dieron respuesta nunca. En la Plaza de la Revolución finalmente me comunicaron que debía luchar por una mejor convivencia familiar. ¡Imagínate! Ahora vivo en un cuartico de 3×4 sin baño, en la azotea, un perfecto cautiverio donde no puedo recibir visita. Mi marido vive en su casa, donde tampoco no cabe nadie más. No puedo recibirlo en el cuarto, ni salir después de las diez. ¿Y si me da un dolor de madrugada, sola, como siempre he vivido, qué hago? Porque ella no me habla.”

El padre de Dayana se llama Raudel Chiu Molina, vive actualmente en el Bronx, Nueva York, y donde quiera que se encuentre ahora, debería saber el infierno que ha vivido su hija luego de su partida. Como también deberían interesarse los que tanto claman por la justicia y los Derechos del Niño y el Adolescente en Cuba, y los auto promulgados miembros de la Sociedad Civil, ¨oficialista luchadores por los Derechos Humanos¨ que en Panamá eran muchos, deberían hacer allí, donde ni el gobierno con sus instituciones, ni el estado con sus leyes incumplidas, han conseguido auxiliar a una joven de los abusos de su madre.

No sé si esta vez se hará justicia, le digo a Dayana, pero tu dolor lo conocerá mucha gente. Ahora lo importante es que cuides a esa criatura que traes en tu vientre, que ya sufre desde antes de nacer las injusticias de este oscuro, perturbado y desprotegido mundo al que está destinado a conocer dentro de pocos días. Y que ojalá le toque una vida diferente a la tuya.

Source: “Mi mamá me botó pa’ la calle, tuve que prostituirme” | Cubanet – http://www.cubanet.org/actualidad-destacados/mi-mama-me-boto-pa-la-calle-tuve-que-prostituirme/

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