Comités de represión

Profesionales de la ‘chivatería’

Profesionales de la ‘chivatería’
A Alfonso le temen y le odian. No está rodeado del cariño protector de
sus semejantes. Lo cuida el MININT
jueves, junio 18, 2015 | Camilo Ernesto Olivera Peidro

LA HABANA, Cuba. – Un hombre mayor va saliendo de su casa en el pequeño
caserío, nombrado Henequén Viejo, cercano al puerto de Mariel. Todos
allí le conocen como Alfonso. En realidad, se nombre es Idelfonso
Estévez. A primera vista parece un anciano como tantos otros.

Sin embargo, los habitantes del poblado y sus familiares más cercanos le
temen y lo odian. Alfonso no está rodeado del cariño protector de sus
semejantes. Lo cuidan los miembros locales del Ministerio del Interior
(MININT). Él es uno de sus más connotados “chivatos.”

Los “guarapitos” del terror revolucionario

Su historia comenzó años atrás. Pertenecía a un grupo conocido como los
“Guarapitos”. Se hacían llamar Alfonso, Jesús, El Viola, Camilo y Titico
Borrego. Ellos formaron un grupo de auxiliares al servicio del MININT al
comienzo de los años sesenta. Se dedicaron a vigilar a todos en Henequén
Viejo. Delataban a los que se oponían al régimen o a cualquiera que les
molestaba. Convirtieron la zona en un feudo del terror.

Cuando comenzaron las incautaciones de propiedades en los primeros meses
de 1959, los “Guarapitos” se propusieron asolar una finca nombrada La
Francesa, perteneciente a Pedro “Pepín” Carbonell y su familia. Los
“Guarapitos” llegaron y confiscaron el ganado mayor que sacrificaron
para su consumo. Nadie los podía tocar. Era en vano intentar
denunciarlos a las autoridades. Estaban protegidos por ser eficientes
herramientas del terror revolucionario.

Más adelante entraron al grupo otros individuos con la misma vocación de
delatores. Entre ellos se destacaron, Faustino Sánchez, Lucas Cabrera
Lugo (tatico) y Benito Mirabal.

Benito Mirabal y los pescadores

A Benito Mirabal, lo apodaban “Bigote”. Durante años, fue una de las
figuras más prominentes de la chivatería en la zona. Delató a personas
que intentaban salir del país y también denunció a vendedores
ambulantes. Era enviado por oficiales de la Seguridad del Estado a
vigilar, día y noche, a los fichados como disidentes.

En sus últimos años de vida una rara enfermedad le atacó las piernas.
Los médicos dictaminaron que era una gangrena gaseosa y tuvieron que
amputarlas.

Mientras Benito estuvo hospitalizado, los pescadores residentes en el
área, amigos de su familia, le hicieron llegar pescado bueno y fresco
para que se nutriera. Varios de ellos se buscaban y buscan la vida con
lo que capturan en el mar.

Un tiempo después de haberse recuperado, Bigote Mirabal le pidió a uno
de sus nietos que lo llevara, en la silla de ruedas, al puesto de
guardafronteras cercano. Una vez allí, denunció a los mismos pescadores
que lo habían alimentado. Los acusó de estar dedicándose a la pesca
ilegal. Varios de los pescadores perdieron su licencia, fueron privados
de sus embarcaciones o multados.

Alfonso es capaz de chivatear hasta a su madre si resucita

Ciertamente Idelfonso Estévez puede parecer un anciano más cuando va
saliendo de su casa. Pero en estos momentos, es señalado como el
“trompeta mayor” (máximo delator) en Henequén Viejo.

Para que nadie dude de su adhesión ilimitada al régimen tiene colocados,
en la cerca que rodea su casa, varios carteles pro-gubernamentales. Uno
de ellos, hace alusión a una frase de Raúl Castro y el otro anuncia el
“proceso”(sic) de fortalecimiento del Comité de Defensa de la Revolución
(CDR).

Una fuente familiar que pidió quedar en el anonimato nos contó que
durante el Periodo Especial, el refrigerador de este hombre estaba todo
comido por el salitre y necesitaba que lo arreglaran. Un sobrino, que
hacia ese tipo de trabajo de manera informal, se lo restauró sin
cobrarle nada. A dos cuadras, vivía Ricardo, hermano de Idelfonso. Tenía
una pequeña sierra mecánica con la que hacia trabajos de carpintería.
Los vecinos le encargaban palos para escobas, cabos de cuchillo y cosas
por el estilo.

Dos semanas después, aparecieron por la zona dos inspectores. Llegaron
averiguando sobre quien hacían trabajos particulares sin tener licencia
y pagar impuestos. Fueron a ver a Idelfonso y este, sin pensarlo dos
veces, denunció a su sobrino y a su hermano. Idelfonso, “Los Guarapitos”
y todos los tipos que son como el, “chivatearían” hasta a su madre si
esta resucitara, concluyó.

Source: Profesionales de la ‘chivatería’ | Cubanet –
http://www.cubanet.org/destacados/profesionales-de-la-chivateria/

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