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Jugar a la Bolita

Jugar a la Bolita
JORGE LUIS GONZÁLEZ SUÁREZ, La Habana | Junio 30, 2015

Chapados a la antigua, los recolectores de apuestas del popular juego de
la bolita, más conocidos como boliteros o apuntadores, siguen aferrados
al pequeño papel donde anotan la lista de quienes aspiran a ganar algo
en la más antigua lotería ilegal cubana.

“Pónmele 5 al 5, que anoche soñé con una monja”, dice un vecino en plena
calle, mientras Manolo, un viejo apuntador del habanero barrio de
Atarés, desenrolla su larga tira de papel. En la primera columna anota ,
con un garabato ilegible, el nombre del jugador, y en las dos siguientes
coloca muy claramente la cifra propuesta y la cantidad de dinero apostado.

“Si llega la fiana, este papel lo estrujo, lo boto en la primera
alcantarilla y ya no hay pruebas”, dice Manolo con aires de hombre
experimentado. Su sobrina, que vive en Oklahoma, le ha regalado una
tablet repleta de aplicaciones, pero él ha oído decir que toda
información borrada de estos artilugios tecnológicos siempre puede ser
recuperada, así que no se arriesga a usarlo en su diario trabajo.
“Tampoco voy a tirar esa cosa en la alcantarilla”, concluye sonriente.

Confiar en la suerte ha sido un componente importante de la personalidad
de los cubanos. Entre los recuerdos más tempranos que guarda Manolo está
el de una tarde en que su padre fue a cortarse el pelo y, entre el olor
de la colonia y el sonido de las tijeras, el barbero aseguró: “si le
quitan el juego al cubano, ahí sí que se cae esto”. Desde entonces ha
pasado más de medio siglo y en lugar de derrumbarse el sistema, la gente
sumergió en la ilegalidad sus gustos por los juegos de azar.

El juego de mayor arraigo ha sido la bolita, que consiste en elegir un
número del 1 al 100 y apostar cierta cantidad de dinero a que ese dígito
aparecerá incluido al final del número más largo que saldrá premiado en
una lotería oficial.

Las leyes del país prohíben de manera terminante la realización de esta
actividad. Sin embargo, se lleva a cabo a diario en todo el territorio
nacional de forma masiva, al extremo que ya casi se gritan los números
premiados en plena calle.

El entramado que hace funcionar a la bolita incluye al apuntador, o
bolitero, que va anotando los números solicitados por sus clientes.
También está el mensajero, un hombre de confianza que se dedica a
recoger los listados y el dinero de los diferentes apuntadores. En redes
de mayor complejidad también hay un colector, que es el enlace con el
banco, pieza central de la pirámide. Si alguno de los intermediarios es
sorprendido por las autoridades, el banco se encarga de ayudarlo desde
el punto de vista económico, ya sea resarciéndolo con posterioridad o
ayudándolo a sobornar a la policía. De esa manera se establecen vínculos
de mucha fidelidad donde la delación tiene poca incidencia.

El carácter de incógnito del banco, que se traslada de manera frecuente
de un sitio hacia otro para evitar ser detectado por la policía, es
esencial para que todo funcione. En él se analizan los listados
entregados y se cuenta la recaudación para determinar quiénes son los
ganadores, basados en la Lotto de Miami, que brinda la confiabilidad de
los resultados y que se oye a través de las emisoras de onda corta. El
banco es el que gana la mayor parte de lo recaudado, pero también tiene
la responsabilidad de pagar a los premiados. Un error o un descuido
pueden hacerle perder la clientela.

Cuando se determina quiénes son los afortunados, el dinero baja a través
de toda la estructura ilegal hasta llegar a la viejecita que la noche
anterior soñó con un diente roto y por eso apostó al ocho que es muerto;
o al jovencito que le puso diez pesos al dos porque vio una mariposa
posada en el marco de su ventana.

Las personas pueden apostar por números aislados divididos en dos modos
“fijos y corridos”. En caso de salir premiado un fijo, el agraciado
recibe 75 pesos cubanos por cada peso invertido, mientras que los
corridos se gratifican con 25 por cada uno. Los más añorados y difíciles
son los llamados “parlé” (dos guarismos), que si el cliente acierta
recibe entre 900 a 1.000 pesos moneda nacional. Un paso más allá en el
riesgo es “el candado”, donde se apuesta por tres cifras o más, lo que
lo hace más complicado ganar pero más gratificante monetariamente.

Los empleados que atienden el negocio ganan en proporción a lo
recaudado. El apuntador obtiene un 20% por cada número suelto y un 30%
por las combinaciones. Esto brinda un salario diario aceptable en
comparación con los sueldos estatales. Como la operación se lleva a cabo
hasta dos veces al día, el bolitero tiene una mejor vida que un
neurocirujano o un ingeniero químico… aunque con más riesgos.

Dentro de una misma zona o barriada pequeña pueden coexistir hasta tres
apuntadores y en algunos casos más, con rentabilidad para todos. El
caudal de dinero que se mueve en estas operaciones clandestinas permite
mantener a varios empleados a tiempo completo, conocidos por todos los
residentes del lugar. Algunos llevan décadas en el negocio, sin haber
sufrido jamás ni una multa o interrogatorio policial.

No pocos especulan que hay hasta cierta complicidad entre las fuerzas
del orden y los involucrados en la bolita. “Dejan que la gente juegue
para que se entretengan en algo”, explica Manolo. Según su experiencia
aquí “todo el mundo juega” y aunque parezcan exageradas sus palabras, lo
cierto es que participan todo tipo de personas: amas de casa,
funcionarios estatales, cuentapropistas y desde luego, militares,
policías, presidentes de CDR, militantes del partido comunista y
opositores políticos.

Como cada número puede significar algo, las apuestas se relacionan con
sueños o con la reiterada presencia de cualquier cosa, sea una araña o
una piedra preciosa. A veces, la prensa oficial es quien, sin
proponérselo, hace la sugerencia, cuando en algún titular de primera
plana inserta un número y la gente sale como loca a apostar a ese dígito.

“A veces cuando hay un rumor de que Fidel Castro se murió, nos caen un
montón de apuestas al 64 que es muerto grande”, detalla Manolo. “Pero ya
la gente se cansó de esa historia y hace rato no lo juegan”, aclara con
malicia.

Source: Jugar a la Bolita –
http://www.14ymedio.com/sociedad/Jugar-Bolita_0_1807019285.html

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