Comités de represión

Los Comités de Defensa de la Revolución, servicio de espionaje del régimen cubano

Los Comités de Defensa de la Revolución, servicio de espionaje del
régimen cubano
Los Comités de Defensa de la Revolución son un sistema de vigilancia que
insta a agredir verbal y físicamente a los disidentes y se encarga de
averiguar la procedencia de los bienes de las familias
LA HABANA.-IVÁN GARCÍA
Especial

Cuando el barbudo guerrillero Fidel Castro en la noche del 28 de
septiembre de 1960 fundó un sistema de vigilancia colectiva en cada
barrio, los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), hace hoy 55 años,
la sociedad civil en Cuba se derogó hasta nuevo aviso.

Ni siquiera la Alemania nazi de Adolfo Hitler, con un amplio historial
de intromisiones sociales, tenía estructurado un sistema vecinal de
cooperación con los servicios de espionaje del Gobierno.

Probablemente lo más parecido sean las temibles Camisas Negras de Benito
Mussolini, un cuerpo paramilitar protagonista de numerosos episodios de
violencia y agresión física o verbal contra sus adversarios políticos en
la Italia de los años 20 del pasado siglo.

Pero con los CDR Fidel Castro amplió el campo de acción. Igual arman un
linchamiento verbal a un disidente, denuncian a un vecino por sospecha
de ‘enriquecimiento ilícito’, que participan en una campaña de
vacunación infantil contra la poliomielitis o la recogida de materias
primas.

Legitimados

Si la acción represora de la Seguridad del Estado es el brazo derecho
del régimen, los CDR constituyen un ente de legitimación de las
políticas gubernamentales.

Por doble moral, irresponsabilidad o rutina, más de siete millones de
personas en Cuba forman parte de los CDR. Desde los 14 años, casi de
forma automática, los vecinos del barrio ingresan a la organización.

Hace dos décadas, además de la vigilancia colectiva, en tediosos debates
políticos diseccionaban el último discurso de Castro, hacían guardias
nocturnas para proteger intereses del Estado y efectuaban donaciones
voluntarias de sangre.

Cada vecino aporta una cuota de cinco pesos (0.25 centavos de dólar)
mensuales a la organización. En el siniestro mecanismo de control social
diseñado por Castro, los CDR son un arma efectiva.

Acceder a un puesto de trabajo importante pasa por el tamiz del Comité
de tu cuadra. Sin una carta del CDR o el visto bueno después de una
investigación del partido comunista, la juventud comunista o los
servicios especiales, es imposible ascender en el extravagante tejido
social cubano.

En el siglo XXI la organización es un ripio. Ya las rondas de
vigilancias apenas se cumplen. Ni siquiera las fiestas entre vecinos,
tomando caldosa y bailando reguetón.

La vigilancia

Pero sigue siendo un oído primario para la Policía Política. Cualquier
opositor o periodista independiente en la isla es vigilado por uno o más
miembros del Comité.

Ese espionaje amateur incluye anotar las matrículas de los autos de
embajadas y extranjeros que visiten su casa. También, averiguar su nivel
de vida, sus gastos, vicios y costumbres. Inclusive lo que come.

Ya el sistema autocrático va en caída libre. Y la injerencia de los CDR
en la vida privada de los ciudadanos es mucho menor. No es raro que un
presidente de la organización sea íntimo amigo de un disidente, y le
avise cuando la Seguridad del Estado está indagando sobre él o se gane
unos pesos extras como recogedor de la clandestina lotería local.

Todavía algunos ancianos intransigentes, tachados de lunáticos por
muchos vecinos, a gritos les piden que participen en el remedo de
elecciones del Poder Popular o en trabajos voluntarios.

La gente les hace poco caso. El otro frente de batalla de los CDR es el
censo y control de todos los residentes. Para ello, existe un libro
denominado Registro de Direcciones.

En ese libro, escrupulosamente se anotan los nombres, apellidos, edades
y direcciones de todos los vecinos. Cuando un ciudadano se muda a una
nueva dirección, está obligado a pasar por el Comité para ser inscripto
en el Registro de Direcciones. Cualquier visitante temporal, sea cubano
o extranjero, debe ser informado al CDR.

Basado en informes del Comité de Defensa de la Revolución, la Policía
detiene y devuelve a sus provincias de origen a las personas de otras
regiones que residen de manera ilegal en La Habana.

Los CDR se ubican en cada cuadra, el próximo nivel en la estructura es
el Comité de Zona, luego la Circunscripción, después el Municipal,
Provincial y por último el Nacional.

El dirigente de los CDR es conocido como Coordinador Nacional. Sus
oficinas, repletas de burócratas y gastadoras de combustible son
presupuestadas por el Estado. En Venezuela, Hugo Chávez formó colectivos
parecidos. Quizás más peligrosos, pues andan armados.

A estos engendros, cuasi fascistas, el régimen los presenta como
Organizaciones no Gubernamentales, ONG. Es el gran aporte de Fidel
Castro a la fiscalización de las personas que piensan diferente.

Source: Los Comités de Defensa de la Revolución, servicio de espionaje
del régimen cubano :: Diario las Americas :: Cuba –
http://www.diariolasamericas.com/4847_cuba/3365285_comites-defensa-revolucion-ivan-garcia-periodista-cubano.html

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