Comités de represión

Golpear bien e insultar mejor

Golpear bien e insultar mejor
JORGE OLIVERA CASTILLO | La Habana | 10 Oct 2015 – 7:01 am.

El ejercicio de castigar en pandilla y con libertad total para usar
puños, cabillas, ofensas y escupitajos se ha convertido en una especie
de pasatiempo nacional.

En las plantillas de las Brigadas de Respuesta Rápida no hay nombres
inventados ni rayas rojas por ausencias o llegadas tarde.

De vez cuando en el ciberespacio aparecen los rostros del “pueblo
enardecido” que insulta y golpea a gente que no conoce, por sus
presuntas credenciales contrarrevolucionarias.

En esos tejemanejes no hay averiguaciones que valgan. La orden es
cumplir con lo establecido en la oficina de algún jerarca del Ministerio
del Interior.

El ejercicio de castigar en pandilla y con libertad total para usar
puños, cabillas, ofensas y escupitajos se ha convertido en una especie
de pasatiempo nacional.

Según el último informe de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y
Reconciliación Nacional (CCDHRN), el número de agresiones físicas se ha
disparado, lo que indica el interés gubernamental por el uso de estos
métodos, que casi siempre van acompañados de arrestos temporales o
eventualmente por actas de advertencia.

Esa tendencia al empleo de la fuerza bruta contra los “descarriados”
tuvo entre sus más fieles defensores al general Sixto Batista Santana,
que dirigió los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), entre 1984 y
el 2003.

El difunto miembro de la nomenclatura expuso una vez en público la
necesidad de “romper cabezas” con la finalidad de acabar con las
acciones contestatarias.

En 1980, cuando el éxodo masivo por el puerto del Mariel hacia las
costas de la Florida, fue que esas embestidas alcanzaron su clímax. Hubo
varios linchamientos sin consecuencias jurídicas.

Desde entonces no se contabilizan muertes, pero sí huesos fracturados,
magulladuras, luxaciones y daños psicológicos.

Para tener resultados óptimos, se utilizan a menudo los servicios de
karatecas y judocas de alto rendimiento, delincuentes de la peor ralea,
extremistas del partido único y militares jubilados.

Lo importante es golpear bien e insultar mejor. Lo demás es secundario.

En estas coreografías del odio, a las mujeres se les asigna una cuota
importante de maltratos. Cada domingo, en las inmediaciones de una
iglesia católica, las Damas de Blanco reciben su ración de insultos,
empellones y puñetazos de hombres y mujeres que alegan defender una
causa justa.

Un militante del Partido Socialista Popular (PSP), la organización de
corte marxista-leninista anterior a 1959, me contó que durante la
dictadura de Fulgencio Batista se respetaba la integridad física de las
mujeres en las protestas callejeras.

Bajo el castrismo no hay contemplaciones. La violencia es para todos sin
distinción de edad y sexo. Basta que se pasen de la raya para que cada
cual reciba su merecido.

De continuar en ascenso esta modalidad del terror revolucionario, es
previsible que haya bajas mortales en algún momento.

Quizás sea la única manera de llamar la atención del mundo civilizado.
Es duro admitirlo, pero es así.

Sin cadáveres y mucha sangre, es muy difícil recabar atenciones de la
comunidad internacional que valgan la pena.

Raúl Castro lo sabe y por eso se cuidará de que sus verdugos eleven los
esfuerzos en administrar su furia.

No obstante en los julepes que se arman, nadie puede garantizar que
sucedan episodios letales.

Source: Golpear bien e insultar mejor | Diario de Cuba –
www.diariodecuba.com/cuba/1444400152_17410.html

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