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Paso Canoas, un punto en el largo periplo de los cubanos

Paso Canoas, un punto en el largo periplo de los cubanos
Cuando llegan a esta pequeña localidad en la frontera sur de Costa Rica,
la mayoría de los migrantes que escapan de la isla lo han perdido todo,
pero los empuja una misma convicción: No hay marcha atrás.
Iván García Quintero
noviembre 24, 2015

Paso Canoas, Costa Rica-. Cuando Alex Sigler, 22 años, aterrizó en el
aeropuerto de Quito con un calor africano y nubarrones que presagiaban
un aguacero tropical, el pasado 11 de noviembre, comenzó su particular
travesía en pos de alcanzar el sueño americano.

En cinco días de recorrido por la selva colombiana, Alex se tropezó con
sicarios de pocas palabras y gatillo alegre. “Los policías que
supuestamente deben preservar el orden ciudadano son los primeros que se
prestan para desvalijarnos”. Casi todos los cubanos han sido esquilmados
por los retenes colombianos.

Los coyotes asustan. Lo mismo se dedican a traficar cocaína que
personas. “Hablan de sus hazañas criminales igual que un grupo de amigos
comenta de fútbol en una peña del barrio”, explica Alex, tirado encima
de unos cartones andrajosos en una terminal de ómnibus interprovinciales
en el poblado costarricense de Paso Canoas, a tiro de piedra de la
frontera con Panamá.

En el andén duermen alrededor de 30 cubanos que ya fueron desvalijados o
estafados por traficantes de drogas en Colombia. Lo han perdido todo. Se
encuentran sin dinero, en espera de que algún pariente o amigo desde
Miami con urgencia les gire unos cientos de dólares que les permitan
financiar los gastos para el resto del trayecto, si por fin las
autoridades de Nicaragua les permiten el paso por su territorio.

Quemaron todas las naves. En la isla lo vendieron todo. O casi todo. El
azaroso periplo por ocho países hasta arribar a la frontera de Estados
Unidos es muchísimo más duro de lo que suponían.

Pero no se arrepienten. “Ya estaba cansado. En Cuba somos un número. Las
personas cuentan sólo para ir a votar en las elecciones o apoyar al
Gobierno. Puede que me vaya mal en la Yuma, pero al menos seré un hombre
libre”, señala Alex, quien en Caibarién, a unos 350 kilómetros al este
de La Habana, dejó a su esposa y una hija de cuatro meses de nacida.

El poblado de Paso Canoas es un asentamiento de casas bajas y tenderetes
ambulantes donde se vende toda la mercadería posible. De noche parece
mudo. Los más de 300 cubanos que llegan en un goteo imparable desde
Panamá tienen varias opciones de hospedaje a mano. Los que arriban sin
un centavo duermen en el viejo paradero de ómnibus de Canoas.

Otros pagan cinco dólares la noche, la tasa de hospedaje más baja, en un
hostal caluroso y sin ventanas que regenta Pepe Restoi, un catalán que
con sus dos manos alzadas vota por la soberanía de Cataluña.

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la política Pies secos-Pies mojados, cómo obtener las visas para viajar
a Estados Unidos, reunificación familiar o solicitar el visado mediante
el sorteo de la Green Card.

“Hombre, no es que yo sea un desecho de virtudes, desde luego que el
drama de los emigrantes cubanos me sensibiliza. Pero soy un hombre de
negocios. En Paso Canoas, entre hoteles y casas de huéspedes, se
localiza una veintena. De lo que se trata es de mantener ocupada tu
propiedad”, dice Restoi en el portal de la pensión El Azteca.

Sería muy pretencioso llamar hoteles a una cadena de casas adaptadas
para huéspedes o agrandada a la carrera para rentar a los más de 3.125
cubanos que desde el 15 de noviembre caminan por Paso Canoas.

Los precios les resultan caros a un segmento de balseros terrestres que
a tono con el cierre del paso en la frontera de Nicaragua, los hace
sacar cuentas y rascarse la cabeza para estirar el dinero, después de
haber gastado entre $3.000 y $4.000 en su viaje por Ecuador, Colombia y
Panamá.

“Hay que ser muy previsor con el dinero. Debes ocultarlo en lugares
insospechados para que no te desplumen los sicarios colombianos. Todavía
queda atravesar cuatro países antes de arribar a Estados Unidos y la
plata se va agotando”, apunta Alfredo Ávila, 28 años, ingeniero
eléctrico que residía en la oriental provincia de Holguín.

Entre los emigrados isleños hay diferentes jerarquías. Los de extrema
pobreza son aquellos que pernoctan en el piso de cemento sin pulir de la
terminal de ómnibus y, a falta de baño, orinan en un vertedero.

“Esto es duro. La mayoría come una vez al día. De equipaje sólo tienen
sus ropas. Por el camino, para aligerar la marcha, van dejando sus
pertenencias o las venden para poder comer”, indica Alex.

Gabriel, un joven recién salido del Servicio Militar en Cuba, señala que
cruzando Colombia un compatriota se vio obligado a improvisar una vara
de pescar para poder alimentarse.

Los emigrados que tienen una economía más holgada pernoctan en hoteles
de tercera o cuarta categoría que en Costa Rica se rentan a precios de
primera. El hostal El Descanso no cuenta con recibidor. Un amplio
bodegón hace las veces de restaurante, bar y, en ocasiones, los cubanos
que esperan cruzar la frontera beben cerveza sin demasiada moderación.

Una noche, en una borrachera monumental armaron un escándalo en la
piscina causando heridas leves a huéspedes costarricenses.

“Tuve que llamar a la policía. Muchos cubanos tienen un comportamiento
inapropiado. En particular los de La Habana, quienes se creen que se lo
merecen todo. Se roban las toallas, destruyen los tomacorrientes y
siempre se están quejando, a pesar que la gerencia del hotel decidió
rebajarles la tarifa a nueve dólares por noche”, expresa Rey Guzmán,
administrador de El Descanso.

La escasez de dinero ha llevado a varias chicas a prostituirse o pedir
dinero a los ticos.

“En el campamento de Peñas Blancas dos o tres muchachas me propusieron
sexo a cambio de $20. Otra me pidió $2 para comprar cigarrillos”, apunta
Jorge, taxista costarricense. Pasada las doce de la noche, Yadira, una
morena esbelta de 22 años, natural de Las Tunas, a unos 600 kilómetros
de la capital, bailaba un merengue dominicano rodeada de un coro de
hombres pasados de copas que le silbaban.

“Ella es alegre. Y si pesca un hombre que la salve (ofrezca dinero) le
vendrá bien. Todos los cubanos que estamos acá la hemos pasado mal, pero
las mujeres peor. Tengo una amiga que la violaron siete veces en
Colombia”, dice Magda, una rubia que en Cuba era dueña de un pequeño
negocio de manicura.

Entre los emigrados errantes de la isla los hay con suficiente dinero
para alojarse en el mejor hotel de Paso Canoas, un edificio de dos
pisos, pintado de color marfil que alquila por $50 la noche.

¿De dónde sacan tanto dinero algunos cubanos para pagar entre $10.000 y
$12.000 en un país con un salario promedio de $23?, le pregunté al
ingeniero Alfredo a la entrada de la pensión El Azteca.

“Muchos vendieron el carro, su casa o prendas de oro. Otros ganaron
dinero gracias a negocios privados. O reciben suficiente dinero de sus
parientes en Estados Unidos. Pero la mayoría viaja con dinero propio,
que después de reunirlo se lo envían a un familiar en el extranjero para
que poco a poco se lo haga llegar. No es recomendable viajar con
demasiado efectivo”, responde.

Gabriel hizo un trato con una hermana que vive en Miami. “Ella me
ofreció un préstamo y yo al llegar a Estados Unidos se lo devuelvo”,
confiesa preocupado. Su cuenta supera los $3.000 y aún está varado en
Paso Canoas.

Incluso lejos de Cuba, no pocos emigrados sienten pánico de hablar ante
las cámaras o responder preguntas de los periodistas:

“Si hablo de más, en caso de que me devuelvan no podré pertenecer ni al
CDR”, apunta un joven sin camisa en la terminal de ómnibus. Todo lo
contrario que un negro de complexión robusta que descargó su frustración
culpando al Gobierno de los Castro. “Ellos son los que tienen la culpa
de que la gente tenga que marcharse de su país. Ni muerto regreso”.

Esa es la percepción de los cubanos encallados en Paso Canoas. No hay
marcha atrás.

Source: Paso Canoas, un punto en el largo periplo de los cubanos –
www.martinoticias.com/content/paso-canoas-punto-periplo-migrantes-cubanos/109813.html

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