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A 50 de las Umap – Félix Luis Viera

A 50 de las Umap
A propósito del artículo de Rafael Hernández: “Las hora de las Umap:
Notas para un tema de investigación”
Félix Luis Viera, México DF | 14/12/2015 1:39 pm

Hasta ahora, de lo que he leído llegado desde el oficialismo sobre el
tema de las Umap (Unidades Militares de Ayuda a la Producción), es lo
mejor en mi opinión este ensayo del doctor Rafael Hernández aparecido en
la revista Temas (como todas las publicaciones autorizadas en Cuba,
pagada por el gobierno) el pasado 7 de diciembre.
Digo que, llegado del oficialismo, este texto de Hernández es el que más
se acerca a la enjundia de aquel hecho y sus consecuencias posteriores
—sus consecuencias posteriores sobre todo para los “exsoldados” Umap,
puesto que el castigo para ellos no terminó aquel día que dijeron adiós
a las alambradas: arrastrarían durante decenios el rótulo de “mala
gente” ante las autoridades del régimen, tanto a la hora de optar por un
trabajo de cierto rango como por un reconocimiento cualquiera. O sea,
“es un expediente que no cesa”—.
Con sus bemoles, y con cierta tendencia por momentos de ir “del azafrán
al lirio”, Rafael Hernández, director de Temas, en “La hora de las Umap:
Notas para un tema de investigación” aborda con precisión más que
relativa en ocasiones, aquella mancha que se autoinfligiera la
“revolución socialista” al establecer en la provincia de Camagüey campos
de trabajo forzado de 1965 a 1968, adonde fueron a parar jóvenes y no
jóvenes que no se avenían con el “hombre nuevo” que intentaba fabricar
aquella revolución.
La introducción del texto de Hernández —portador de un estilo indirecto
que mucho bien le hace a su propuesta— es larga, muy larga: utiliza un
aproximado de 1800 palabras para entrar en materia, luego de poner en
contexto el fenómeno Umap, casi siempre para “comprenderlo”, más que
para “justificarlo”; es lo cierto.
Si bien en algún momento de su ensayo Rafael Hernández aboga por la
necesidad de contar con más datos oficiales sobre las Umap, no hay dudas
de que él es un privilegiado en este sentido: afirma que allí padecieron
(esta palabra es mía) 25 000 hombres “entre los más de setenta
campamentos, esparcidos por los llanos de Camagüey”. Debo aclarar que
Hernández llama “reclutas” a los confinados en las Umap.
En la introducción del ensayo, el autor da un recorrido por el éxodo de
Camarioca en 1965, la Guerra de Vietnam, el “aislamiento” de la
revolución cubana al romper relaciones con la URSS y China o la genial
iniciativa de Fidel Castro de “experimentar formas comunistas de vida y
organización social, que excluían no solo el mercado, sino el uso del
dinero”, en tres pequeñas poblaciones de la Isla.
Quejumbroso al parecer, advierte el doctor Hernández que “La mayoría de
estos testimonios, [sobre las Umap] escritos y difundidos fuera de la
Isla, se concentra en describir situaciones extremas, caracterizadas por
reclusión arbitraria, abusos generalizados, condiciones propias de una
prisión de alta seguridad o un campo de concentración, manejado por
guardias sádicos, donde la norma es el castigo corporal, y se llega
incluso a la ejecución extrajudicial”.
Dice él “escritos y difundidos fuera de la Isla”. Esto se debe a una
razón elemental: “dentro” de la Isla no los “difunden”. Y digo más:
¿acaso Hernández duda de los testimonios, o de los testimoniantes, que
han dado a conocer su verdad sobre las Umap aquí mismo, en
CUBAENCUENTRO? Si así fuera, el gobierno de la Isla, o sus subalternos,
tendrían, tienen, el derecho de réplica.
Y digo más: tal como en este portal han narrado sus experiencias varios
“exsoldados” Umap…, así fue.
En cuanto “a la ejecución extrajudicial”, yo no lo sé; me han dado santo
y seña, pero no lo puedo asegurar. El gobierno de Cuba, que tiene
recursos suficientes, podría verificarlo, si acaso fuera de su interés.
Y si no hallase alguna “ejecución extrajudicial”, sí, aseguro, que
verificará no pocos suicidios de los recluidos en las Umap durante y
después de la existencia de estas. Ya lo sabemos: hay hombres que se
suicidan, otros a quienes los suicidan. Muertes, podríamos decir,
“extrajudiciales”.
Mas, la pregunta es: ¿de entrada, no es castigo suficiente que de pronto
le arranquen a una madre su hijo y se lo lleven no se sabe adónde ni
tenga ella derecho a preguntar? ¿No lo es que metan a un sinnúmero de
hombres inocentes, jóvenes y no, en los vagones de carga de un tren y,
encerrados, los lleven en un viaje que podría durar más de dos días sin
saber adónde los llevan y sin que tengan derecho a preguntar, padeciendo
hambre y sed, y aterrorizados por los guardianes?
Ya, de arrancada, eso bastaría. Pero eso solo era el comienzo. Luego
vendría, en muchos casos, no en todos, para ser justos, la “reclusión
arbitraria, abusos generalizados, condiciones propias de una prisión de
alta seguridad o un campo de concentración, manejado por guardias
sádicos, donde la norma es el castigo corporal”.
Al referirse a los homosexuales que fueron llevados a las Umap, el
doctor Hernández expresa, si bien como una inferencia de su análisis de
aquella época, sin decir si comparte o no este punto de vista: “La
condición homosexual se consideraba una patología de la personalidad por
la psicología clínica de la época, no solo en Cuba, sino en los países
de Occidente. Su imagen social predominante —también en los Estados
Unidos— consideraba a los homosexuales de carácter frágil,
imprevisibles, impulsivos, a menudo promiscuos, y, en términos de
seguridad nacional, expuestos a la manipulación enemiga”. De modo que
“Admitirlos en el servicio militar resultaba problemático”.
Está claro. Si el Gobierno cubano consideraba que los homosexuales, por
las razones dichas, estaban incapacitados para ser “militares”, pues que
los dejara tranquilos, pero que no los llevara a “reeducarse” mediante
labores de salvajes y en estado de reclusión.
Si, como avisa Hernández, “En aquel contexto, gays y religiosos fueron
juzgados no confiables para integrar unidades militares y manejar
armamento moderno”, pues lo mismo: que los dejaran vivir tranquilos, no
que los condenaran, por el hecho de que no eran “confiables para el SMO
[Servicio Militar Obligatorio] normal”.
Una limitación que a mi modo de ver posee este interesante texto de
Hernández, es que sus fuentes, todas, se hallan en el vértice del
oficialismo. O sea, se basa el autor en “fuego amigo”.
Así, no nos resulta raro toparnos en “La hora…” con exposiciones de este
corte: “Algunos exreclutas estiman que el grupo de mayor concentración
en el primer llamado estuvo formado por antisociales y vagos habituales
en edad militar, es decir, personas con antecedentes penales o
considerados pre-delincuentes”.
No es cierto, según lo que vieron estos ojos. Hombres decentes,
incluidos religiosos de diversas filiaciones, campesinos nobles, estaban
en las Umap desde el primer llamado, en noviembre de 1965. Y me sigo
basando solamente en lo que allí vi: eran mayoría. De estos, saldrían
los cabos Umap, jefes de escuadra a partir del segundo llamado, en junio
de 1966, y no, como afirma Hernández, o así lo entiendo, que fue en 1967
cuando surgieron los cabos Umap.
Si seguimos hurgando en el párrafo citado: ¿Qué debemos entender, según
los cánones establecidos por la revolución socialista en la década de
1960, por “antisociales”? Pues desde llevar el pelo largo —La Melena—
hasta escuchar “música enemiga”, pasando por el rechazo a convertirse en
activista destacado del CDR (Comité de Defensa de la Revolución) de su
cuadra.
En cuanto a los “vagos habituales”, alguno allí conocí que me recordara
a Carlos Marx, quien vivió de otro hombre, Federico, durante15 años más
o menos para escribir su obra fundamental. O sea, vagos porque no
gustaban de partirse el lomo, sino pensar, pasear, razonar o escribir
alguna obra.
Quizás sí los hubiera con “antecedentes penales”, pero pre-delincuentes
es una definición que no define nada.
Todos estos hombres, los del primer y segundo llamado, los “buenos”, los
“regulares” o “los malos”, recibieron una de las peores sanciones que se
le puede aplicar a un ser humano: la humillación.
Hernández, en una y otra línea de su texto, decía, llama “reclutas” a
los confinados en las Umap y asimismo los vincula —ateniéndose, es justo
decirlo, a lo establecido por la dirección de la revolución socialista—
con el Servicio Militar Obligatorio. Aquí salta una ligera pifia: a los
militares no los visten de azul.
Y bien, ¿sería saña o desconocimiento lo que llevó al gobierno
revolucionario a violar la propia ley del SM0 al enviar para las Umap a
hombres de más de 27 años, y más de 30, más de 40? A estos debe
referirse el doctor Hernández cuando expone que “Una parte [de los
confinados Umap] se fue desmovilizando desde finales de 1966”.
Deja claro el autor de “La hora…” que los creadores de las Umap, entre
otros objetivos, se propusieron, “sin ninguna base científica” hacer que
muchos hombres cambiaran “su orientación sexual o sus creencias religiosas”.
En el texto de Hernández nos enteramos, al menos yo me entero, de que
existía —¿existe aún?— “un departamento o buró del MININT, denominado
‘Lacras sociales’. Era este el que identificaba a los religiosos y los
gays como ‘lacras’, y naturalmente, a los antisociales y la totalidad de
los restantes grupos [para enviarlos a las Umap]”.
Me entero ahora, repito, porque en las Umap cualquier jefe se lo gritaba
a uno, pero no sabíamos que era una adjetivación “oficial”.
“La hora de las Umap: notas para un tema de investigación” es un texto
bien documentado —hasta donde es posible en la Isla— escrito con notable
fluidez y que en muy pocas ocasiones, como insinuaba en los inicios de
estas páginas, sentencia, sino que expone.
Es un ensayo, digamos, todo lo viril posible, dado el sitio en que fue
escrito, sobre un asunto tan tétrico, tan matemáticamente ocultado.
En los finales de su trabajo, Rafael Hernández exhorta: “En lugar de
dejarlo [el tema de las Umap] a la superficialidad de muchos blogs, a
‘este no es el momento’ o ‘el enemigo puede utilizarlo para sus fines’,
debería aprovecharse la hora y el momento precisos que hoy se han podido
reunir. No hay nada más oportuno que restablecer nosotros mismos nuestra
historia, para que nos sirva de espejo”.
Ojalá que así fuera.
Y lástima que los cubanos de “adentro”, como no tienen Internet, no
tengan acceso a “La hora Umap: Notas para un tema de investigación”.
Ya ven. Así van las cosas.

Source: A 50 de las Umap – Artículos – Opinión – Cuba Encuentro –
www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/a-50-de-las-umap-324327

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