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No solo de pelota vive el hombre

No solo de pelota vive el hombre
FRANCISCO ALMAGRO | Miami | 8 Feb 2016 – 9:15 am.

Las endémicas derrotas del equipo cubano de béisbol en cuanto campeonato
se presenta deberían hacer reflexionar a los miembros del Gobierno de
que muchas cosas han cambiado mientras ellos permanecen en el mismo
sitio. Ya son demasiadas para cargarles la culpa a dos o tres
individuos, a una asociación e incluso a un ministerio. El problema es
estructural, profundo y sistémico, y va más allá del mero deporte.

Es fácil imaginar las expectativas que despiertan en la Isla topes
internacionales como estos, donde la calidad de los jugadores contrarios
no es la de los muchachones universitarios o verdaderos aficionados que
Cuba solía enfrentar en el pasado. También es fácil imaginar lo que esas
derrotas duelen para los cubanos que aun veneran la pelota como algo tan
sagrado como la bandera o el himno nacional.

Pero lo más curioso de todo es que algunos cubanos, de la Isla y de
“afuera” vienen deseando desde hace tiempo que el equipo nacional pierda
de forma bochornosa. Y sus deseos, por naturaleza o por casualidad, se
vienen cumpliendo de manera inequívoca. No conozco casos similares en
los cuales ciudadanos de un país brinquen de alegría cada vez que el
contrario les marca un gol, un punto o una carrera más.

Tan aparente contradicción tiene explicaciones menos discordantes, más
entendibles. A primera vista, quienes así actúan pudieran tildarse de
apátridas, vende-patrias, descastados y un sinfín de adjetivos. Pero
esos calificativos solo hacen dejar la reflexión en el mismo campo de
las emociones sin razones.

Todo gobierno de matriz totalitaria debe mostrar a su pueblo
superioridad sobre otros sistemas. De otra manera no podría justificar
la limitación de sus libertades y sus derechos. Si bien las estadísticas
son el socorrido campo de persuasión, los números son fríos, nada
emocionales. Los ciudadanos que viven bajo esas sociedades deben
sentirse privilegiados, seguros de que tienen lo que otros envidiarían
tener en cualquier época o lugar de la tierra.

Los deportes, la educación y la salud pública son esos campos de mayor
impacto social-emocional. Hacia ellos no se escatimaron recursos humanos
y materiales, y los cubanos llegamos a creernos, seriamente, el país con
mejores deportistas, maestros y médicos del mundo. El presupuesto
destinado a estas tres esferas casi no tenía límites, y nuestros
deportistas, maestros y médicos pudieron competir, entrenarse y
practicar con la excelencia planetaria en sus campos. Y como todo es
recursivo, los logros trajeron una alta autoestima, y así mejores
resultados, y nadie sabe qué hubiera pasado si la Unión Soviética y el
campo socialista no se vienen abajo.

Pero incluso entonces, los deportistas, maestros y médicos eran como un
“medio básico” de la Revolución. Me contaba un vecino, entrenador y jefe
de delegación deportiva, que en los hoteles él tomaba la primera
habitación del pasillo y dormía con la puerta abierta para vigilar a
posibles “desertores”. Los médicos internacionalistas debían entregar su
pasaporte al llegar al país de destino. Y soportar en cada brigada
médica un “compañero” que “atendía” las necesidades de los cooperantes.

Sin embargo, aun así los peloteros, maestros y médicos de hace 25 años
todavía competían, enseñaban y curaban con convicción más que con
recursos, con más pasión que habilidades, con más fe que razón. Lo que
pagaba el Gobierno cubano, apenas nada, no importaba. Bastaban aquellas
medallas, la “bienvenida” en el CDR, o en el centro de trabajo, y verse
en el mural como todo un héroe.

Un mal día se cerró el grifo soviético y los campos deportivos se
secaron, los maestros tuvieron que comprarse ellos mismos los útiles
para dar clases y los médicos, la bata al hombro, pedalear kilómetros
hasta los hospitales. La caída fue muy fuerte. Era mucha la altura a la
que nuestras “glorias” del deporte, la educación y la salud pública se
habían acostumbrado. Aun así, y no solo a la Revolución se le debe, Cuba
es una fuente natural de excelentes deportistas, maestros y médicos.
Quien lo dude deberá revisar la historia nacional en los últimos 200
años. En el deporte, la pedagogía o la medicina no somos segundos de
nadie dada nuestra muy limitada población y recursos.

Debemos imaginar que la última Serie del Caribe despertó mucho interés
en la Isla. Pero una vez más, la excesiva politización del deporte —algo
tan ajeno a las ideologías— hizo un efecto boomerang sobre los peloteros
y los cubanos que aman el beisbol. En una carta de las llamadas “Glorias
del Deporte Cubano” (SIC) —que suponemos no la escribió ninguna
“gloria”— previo al juego contra México, se habla de Fidel y Raúl
Castro, de un pueblo aguerrido, de convertir el revés en victoria, de
patriotismo, y de convicciones.

No comparto la emoción de ver perder a ningún equipo Cuba, pero después
de leer esta y otros nada gloriosos intentos de mezclar el noble deporte
con intereses políticos, entiendo a quienes disfrutan ver perder a Cuba,
porque a quien quieren ver derrotada es a la Revolución. A fin de
cuentas, son los “revolucionarios” los que dicen que quienes están en el
terreno no son peloteros, sino “baluartes de la Revolución”.

Sin embargo, uno puede ver esas derrotas, una tras otra, con pena.
Quienes visten la camiseta cubana a veces pasan tanta o más necesidad
que cualquier cubano. Para poder viajar y llevarse los jabones y los
desodorantes de los hoteles, deben entrenar muy duro, y ganar
campeonatos viajando en condiciones difíciles. Y para colmo, una vez en
la competencia, tener detrás a los “compañeros” que los “cuidan” de los
“ladrones de talento”.

Independientemente de los detalles técnicos —picheo, bateo, corrido de
bases—, quien siguió esta última Seria del Caribe vio sobre el terreno
un equipo de béisbol que no podía. Son los mismos que, en pocos meses
“traicionan” y se convierten en estrellas de las Grandes Ligas. A estos
peloteros les faltaba la magia, la ilusión, el delirio de creerse
grandes de verdad. Y eso solo se tiene cuando, a pesar de hallarse en
una jaula, se cree vivir en libertad. Cuando no solo de pelota puede
vivir el hombre.

Source: No solo de pelota vive el hombre | Diario de Cuba –
www.diariodecuba.com/deportes/1454919334_20056.html

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