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A 55 años de las Palabras a los Intelectuales

A 55 años de las Palabras a los Intelectuales
El Máximo Líder, impuso sin cortapisas las reglas del juego: “Dentro de
la revolución, todo; fuera de la revolución, nada.”
Jueves, junio 30, 2016 | Luis Cino Álvarez

LA HABANA, Cuba.- Se cumplen 55 años de las Palabras a los
Intelectuales, el panfleto resultante de las reuniones en la Biblioteca
Nacional durante los tres últimos sábados de junio de 1961 (los días 16,
23 y 30) a las que Fidel Castro convocó a los escritores y artistas
luego del revuelo causado por la prohibición del documental PM.

Aquellas reuniones se convirtieron en un farragoso monólogo del
Comandante, que aunque trataba de mostrarse distendido, no lograba
disimular su disgusto por tener que dedicar su tiempo a disciplinar a
molestos escritores y artistas, que con sus majaderías, no acababan de
acatar las órdenes de los comisarios aferradamente estalinistas del
Partido Socialista Popular (PSP) en metamorfosis.

Así que para no demorarse en algo que ya duraba demasiado, con la
pistola sobre la mesa y Alfredo Guevara a su vera, el Máximo Líder,
impuso sin cortapisas las reglas del juego: “Dentro de la revolución,
todo; fuera de la revolución, nada.”

Los asistentes, fascinados algunos pocos, desprevenidos o atemorizados
los más, solo atinaron a aplaudir las palabras del Jefe. Y todavía la
cultura cubana está pagando las consecuencias.

El Comandante fue lo suficientemente ambiguo para no precisar el límite
exacto entre lo que estaba dentro o fuera de la revolución. Los
comisarios se encargarían celosamente de delimitar la frontera en cada
caso particular, con grueso creyón de censores y siempre con amplio
margen a favor de la paranoia del Jefe o de cualquiera de sus muchos
jefecillos, más o menos severos y cultos: Alfredo Guevara, Edith García
Buchaca, los tenientes Pavón y Quesada, “Papito” Serguera, Ana Lasalle,
Fernando Portuondo, Roberto Fernández Retamar, Carlos Aldana, Abel
Prieto, Iroel Sánchez, Luis Morlote, o la mismísima Prima Ballerina en
Jefe, Alicia Alonso, quien hace solo unos días, usó sus influencias para
impedir la presentación en el Sábado del Libro de las memorias del
bailarín radicado en el exterior Carlos Acosta.

Desde hace varios años, algunos testaferros intelectuales de la
dictadura —intelectuales orgánicos, como suelen ser llamados—, como Abel
Prieto, se afanan por explicar que la ordenanza del Comandante del
último sábado de junio de 1961 no era tan estricta y dejaba bastante
campo a la creatividad artística, ya que según ellos, no era
precisamente “fuera de la revolución”, que es como se recuerda y se
cita, sino “contra la revolución”. ¡Como si eso variara en algo los
resultados! ¿Se podía estar “fuera de la revolución” sin ser considerado
un enemigo y tratado como tal?

Más de medio siglo de aberradas “políticas culturales” han generado un
medio intelectual, donde amén de ciertas poses contestatarias que no van
más allá de donde dice peligro y alguna que otra tormenta en un vaso de
agua, impera, como en el resto de la sociedad cubana, el miedo, la
hipocresía, la simulación y el doble discurso.

El difuso límite entre el dentro y el fuera de la revolución ha
permitido al régimen, además de la censura, la proscripción y la condena
al ostracismo de los más rebeldes, su recuperación después de muertos
(los casos de Lezama y Piñera), engatusar a ciertos autores exiliados, y
también cooptar para el sistema, siempre que no se pasen de rosca, a
ciertos críticos como los directores de cine Sara Gómez, Fernando Pérez
y Tomás Gutiérrez Alea —a quien Alfredo Guevara, su principal
hostigador, calificó cínicamente, después de muerto, como “un
revolucionario difícil”—, los represaliados del Decenio Gris a los que
les han concedido como muestra de su rehabilitación el Premio Nacional
de Literatura (Lina de Feria, Pablo Armando Fernández, Antón Arrufat,
César López) los tolerados a regañadientes cantautores Pablo Milanés y
Carlos Varela, los escritores Leonardo Padura, Pedro Juan Gutiérrez, etc.

¿Ya no se acordará el muy fiel Miguel Barnet, hoy presidente de la
Unión Nacional de Escritores Artistas Cubanos (UNEAC), cuando la jauría
licantrópica le cayó encima por escribir La canción de Rachel, en vez de
algo como Biografía de un cimarrón, que fuera útil a la revolución?

Cuando hablan de “las políticas culturales de la revolución” uno no
puede dejar de evocar, entre otras barbaridades, los intentos de
implantar el realismo socialista en el cine y la literatura, el cierre
de Lunes de Revolución y de Ediciones El Puente, el éxodo de los mejores
escritores y artistas, el caso Padilla, los grises años 70, la época en
que las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) eran las que premiaban los
concursos literarios y los poetas se veían obligados a escribir
novelitas policíacas donde los héroes eran los agentones del Ministerio
del Interior (MININT) y los chivatos de los Comités de Defensa de la
Revolución (CDR)…

Ese es el arte de rebaño que se quería dentro de la revolución,
entendida esta como corral de carneros. Por suerte, a pesar de tantos
mediocres y sumisos, a pesar de los comisarios, casi milagrosamente, la
cultura cubana se las ha arreglado para no perecer.

luicino2012@gmail.com

Source: A 55 años de las Palabras a los Intelectuales | Cubanet –
www.cubanet.org/destacados/a-55-anos-de-las-palabras-a-los-intelectuales/

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