Comités de represión

Todavía más tiempo perdido

Todavía más tiempo perdido
HILDEBRANDO CHAVIANO MONTES | La Habana | 24 de Junio de 2016 – 10:59 am.

Acabo de confesar a un amigo que decididamente me voy a dar baja del
partido de los optimistas impenitentes al que pertenezco. La lectura y
análisis de la Conceptualización del Modelo Económico y Social Cubano de
Desarrollo Socialista y del, para llamarlo de alguna manera, ambicioso
Plan de Desarrollo Económico y Social hasta 2030, me ha provocado una
profunda depresión, peor que la que sufrí cuando leí 1984 de George
Orwell. La obra de Orwell la recomiendo, el tabloide que contiene los
planes de la dictadura cubana para nuestro país, puede enfermar a más de
un lector osado.

En síntesis, el documento es la amenaza por escrito de que durante los
próximos 15 años nada va a cambiar en nuestro país, y esto va a suceder
no solo porque las fórmulas sean las mismas usadas hasta ahora sin
éxito, aquí y en otras partes del mundo, sino porque, y esto es lo más
importante, todos los planes, proyectos, elucubraciones y ensueños
dependen del factor humano.

De hecho, los inversores extranjeros no son las empresas, bancos y
entidades con millones de dólares en sus arcas, detrás de estas
instituciones hay hombres y mujeres, personas de carne y hueso que se
mueven por intereses y el primero de esos intereses es el lucro.

Para obtener ganancias, los inversores necesitan estabilidad política,
social y financiera, leyes e instituciones que garanticen un mercado más
o menos abierto, donde puedan tratar con sus iguales de la Isla y la
economía de mercado rija las relaciones financieras y mercantiles.
Comerciar con un gigantesco monopolio estatal no les hace mucha gracia y
de ahí las dudas y titubeos.

La otra parte en la ecuación, no es el Partido Comunista (PCC), o los
Comités de Defensa de la Revolución (CDR), la Federación de Mujeres
Cubanas (FMC), la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) o
la Central de Trabajadores de Cuba (CTC). Esta parte la componen las
personas, el pueblo, no las organizaciones satélites del Estado, son los
cubanos llenos de necesidades que no se sienten estimulados a seguir
buscando el lugar donde nace el arcoiris otros 15 años, solo porque a un
grupito de obsesos se les ocurrió que la mejor y única opción es el
comunismo, aunque nadie pueda dar fe de que algún país haya alcanzado el
desarrollo con una economía basada en la explotación despiadada de los
trabajadores.

Más bien ha ocurrido todo lo contrario, Cuba y Corea del Norte son
ejemplos vivos del por qué de la desaparición de los dinosaurios del
comunismo en la última década del siglo pasado. No fue producto de la
casualidad o de una conspiración internacional: los países donde los
ricos son considerados enemigos van a ser siempre irremediablemente pobres.

Los trabajadores son conscientes de su papel en la sociedad y se niegan
a colaborar con el régimen aunque vayan a desfilar cada Primero de Mayo.
Ni tabloides ni discursos amenazantes van a lograr que el pueblo coopere
porque, al igual que las antiguas metrópolis tuvieron que abandonar sus
posesiones por las buenas o por las malas, las dictaduras comunistas
están condenadas a desaparecer porque las condiciones que imponen son
las mismas que las de las metrópolis coloniales, ni libertades
económicas ni políticas pero mucho autoritarismo y explotación.

El Gobierno cubano se enfrenta hoy a una huelga no declarada de los
obreros y campesinos, al bloqueo voluntario y silencioso de los
inversores extranjeros que astutamente esperan los verdaderos cambios, a
una conspiración espontánea, sin líderes, contra la que los órganos
represivos de la Seguridad del Estado no pueden ejercer su terror porque
como en Fuenteovejuna, son todos a una.

Cuando al fin se apruebe la conceptualización del modelo y todo lo que
le cuelga, la frustración y el sentimiento de desesperanza harán crisis
y asistiremos a una ola de suicidios y deserciones entre la clase
dirigente como ya ocurrió en el pasado, la emigración se incrementará a
niveles de éxodo masivo y habremos dado un paso más hacia la
desintegración total de la sociedad cubana, todo por el capricho de
mantener un partido único en el poder y una economía estatalizada en ruinas.

Hasta cuándo durará la capacidad de reciclarse del despotismo cubano es
un misterio, tratar de hacer ver el comunismo como algo bueno o siquiera
posible es un engaño que la historia no va a absolver porque es un
sistema que no tiene reparos en utilizar toda la violencia posible para
sostenerse.

Source: Todavía más tiempo perdido | Diario de Cuba –
www.diariodecuba.com/cuba/1466069391_23113.html

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