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Militares empresarios en Cuba

Militares empresarios en Cuba
Fidel Gómez Rosa Publicada 18/01/2017 a las 06:00

Las convulsiones de la Unión Soviética a finales de los años ochenta,
culminando con la disolución de la federación y de todo el bloque del
Este, tuvo una dura repercusión en la dependiente economía de Cuba. La
población cubana, ya de por sí sometida a un estrecho sistema estatal de
racionamiento, hubo de afrontar el llamado Periodo Especial, diseñado
para la supervivencia del régimen sin el apoyo fundamental soviético y
con la presión reforzada del bloqueo económico decretado por los Estados
Unidos. El gobierno cubano trató de superar la coyuntura con algunas
reformas internas y la apertura del país al turismo internacional.

Los sectores más productivos de la economía cubana se vieron de pronto
forzados a abandonar la ineficiente dirección planificada estatal para
implantarse, con carácter experimental, el denominado Sistema de
Perfeccionamiento Empresarial (SPE). Con esta medida gubernamental,
inédita desde el triunfo de la Revolución y su posterior alineamiento
con la URSS, se trataba de incorporar de manera selectiva elementos de
organización, administración y gestión capitalista a las empresas
estatales con mayores posibilidades de generar divisas, particularmente
las relacionadas con la exportación y la explotación del turismo. Muchas
corporaciones se transformaron así en sociedades anónimas con mecanismos
de responsabilidad empresarial para operar en el tráfico mercantil del
mercado privado internacional y con capacidad para firmar acuerdos de
colaboración societaria con empresas extranjeras.

En este contexto, las fuerzas armadas reforzaron su papel de sostén del
régimen incorporándose de lleno al control y gestión de la economía
nacional. Los generales asumieron la dirección de las principales
empresas “privatizadas” y con todas ellas se creó el consorcio comercial
Grupo de Administración Empresarial (GAE), que en la actualidad está
presidido por el general de división Alberto López-Callejas, yerno del
presidente Raúl Castro. Los intereses del grupo empresarial son extensos
y no han dejado de ampliarse en la última década, abarcando todos los
negocios relacionados con el turismo y la captación de divisas: hoteles,
gasolineras, alquiler de vehículos, mayoristas, tiendas exclusivas de
turistas, portacontenedores, etc.

La titularidad de empresas por parte de las fuerzas armadas no es un
fenómeno infrecuente en muchas partes del mundo. Con esta actividad
empresarial los mandos militares se garantizan la autonomía financiera y
la disposición inmediata de recursos para mantener la organización
militar sin interferencias del poder político. En Cuba las
particularidades de su sistema político autocrático y las previsiones de
una futura transición democrática convierten a esta creciente actividad
empresarial militar en un asunto de especial relevancia con vistas a un
eventual cambio político cuando se produzca el anunciado relevo en la
presidencia en 2018.

Desde la entrada triunfal de Fidel en La Habana en enero de 1959, la
Revolución cubana ha estado marcada por el fuerte peso del ejército
rebelde. El encuadramiento militar de la población ha sido una
estrategia clave de defensa del régimen desde los “pioneros” a los
comités de defensa de la revolución (CDR). Las Fuerzas Armadas
Revolucionarias (FAR), primero bajo el mando de los comandantes
guerrilleros, han copado los órganos de poder del Consejo de Estado, el
Gobierno y la Asamblea Nacional. Posteriormente sucesivas generaciones
de mandos militares han ocupado y mantenido el control de los altos
organismos del Estado.

Dentro de la escasez de recursos que ha caracterizado a la República de
Cuba, especialmente tras la desaparición de su valedor soviético, las
FAR han recibido un trato especial al cifrar el régimen su supervivencia
en su capacidad de respuesta militar. Se trata de una fuerza reducida
permanente pero con una gran movilización popular de apoyo a la labor de
Defensa. Los tres componentes de las fuerzas regulares –Ejército, Fuerza
Aérea y Marina de Guerra– están complementados con tropas especiales
tácticas y un numeroso contingente auxiliar: milicias de tropas
territoriales, y brigadas de producción y defensa.

Las intervenciones militares en Angola y Etiopía mantuvieron a las FAR
con un alto nivel de alistamiento de combate. Sin embargo, el repliegue
de las campañas africanas y el abrupto cese del suministro soviético han
rebajado sensiblemente el potencial militar cubano. No obstante, el
encuadramiento militar de la población se mantiene firme y ha sido
intensificado en los últimos años: reapertura de la revista “Verde
Olivo”, órgano oficial de las FAR que había sido suprimida en los años
noventa; desfiles conmemorativos de hechos de la Revolución (desembarco
Granma) o desarrollo de ejercicios de defensa a gran escala (Bastión 2016).

El presidente Raúl Castro, general de Ejército y antiguo ministro de las
FAR, impulsó decididamente el desembarco de los militares en los
negocios más lucrativos de la isla. En la actualidad se encuentran bajo
la férula de la cúpula militar las empresas señeras del turismo como las
tiendas Palco o las agencias Habaguanex o Cubanacan. Son múltiples los
ejemplos de mandos militares transformados en empresarios: el general de
brigada Luis Pérez Róspide, antiguo director de la Industria Militar,
preside el Grupo Gaviota, dedicado a la construcción de infraestructura
hotelera; el coronel Héctor Oroza dirige el monopolio corporativo de
importación y exportación (CIMEX), donde actúa como asesor el antiguo
jefe de los servicios militares de Inteligencia, general de división
retirado Fabián Escalante.

El desempeño de actividades empresariales por parte de militares
profesionales en servicio activo es una anomalía en una economía de
mercado y una desviación en su función esencial de defensa. Los riesgos
de mezclar el interés general con el ánimo de lucro particular son
evidentes. Estas empresas comerciales militares adolecen de falta de
transparencia y quedan sustraídas a toda supervisión. La supeditación de
las tareas militares a los negocios supone una confusión de intereses
que perjudica a la misión fundamental de Defensa e interfiere en el
tráfico mercantil. La opacidad e impunidad que proporciona la falta de
un adecuado control público lleva a todo tipo de corrupciones e
ineficiencias en la economía nacional.

El momento actual de Cuba, con perspectivas de cambio político tras la
muerte del comandante Fidel y el anuncio del relevo del general Raúl
Castro en 2018, hacen particularmente preocupante la colusión de
intereses en la estructura económica e institucional en que se
encuentran inmersos los mandos militares. La transición democrática es
inevitable en el medio plazo y lo deseable es que se produzca mediante
una negociación de reforma de las instituciones, con participación de
todos los sectores opositores del interior y exterior, que al tiempo que
reconozca el pluralismo político consolide los logros sociales de la
Revolución, particularmente en los campos de la sanidad y la educación
públicas. En este sentido, la detentación de fuertes intereses
económicos por parte de una cúpula militar que también controla los
poderes ejecutivo y legislativo es hoy uno de sus principales obstáculos.

Source: Militares empresarios en Cuba –
www.infolibre.es/noticias/foro_milicia_democracia/2017/01/18/militares_empresarios_cuba_59901_1861.html

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