Comités de represión

Sábado triste, domingo… ¿feliz?

Sábado triste, domingo… ¿feliz?
No guardo recuerdo de un 31 de diciembre más apagado ni un primero de
enero tan promisorio del gran aburrimiento
Lunes, enero 2, 2017 | Pedro Manuel González Reinoso

VILLA CLARA, Cuba.- No guardo recuerdo en mi vida (que casualmente
iguala a este “proceso” sin progreso) de un 31 de diciembre más apagado
ni un primero de enero tan promisorio del gran aburrimiento, que en lo
adelante acarreará “depre” extra bajo agüeros muy malos, entre
contradicciones crecientes de la mala administración que reparte, a
ciudadanos ordinarios, sus continuos espasmos conductuales.

En casi ningún CDR se escuchó la típica algarabía o música lo
suficientemente alta como para salirse a los portales y las calles a
bailar, cantar ni nada por el estilo. Por puro compromiso se juntó algo
tan sombrío. No hubo solidarias ollas en los barrios pobres. Nadie
reprodujo la marcha triunfal de Osvaldo Rodríguez (el de los 5U4).
Echamos de menos la fajazón, el beodo, la candela y el sahumerio.

Sin quererlo nos preservamos de ponzoñas ambientales, amén de ingerir
toxinas. Sin embargo, los servicios comunales no funcionan desde hace
semanas y la basura desborda su contentura. Nuevo pastelón de
enfermedades se cuece en el silencio.

Escuché quejas de lo difícil y caro que fue hacerse con algunos
productos imprescindibles para “fiestear”. La capital en cambio armó
mercados de socorro a lo Maduro, acallando incipientes griterías por el
desabasto, acto que ayudó al imparable subdesarrollo de la economía
subsidiando nuevos precios. Luego, no antes, publicitaron a los
exchillones atiborrados de jabas.

Algunas casas sobresalieron más que otras, según el nivel económico de
sus habitantes (de dentro o fuera) así como el carisma individual del
colectivo, pero en general reinó una tensa-calma-chicha. Suerte de
mortandad primó en ciudades del archipiélago como si de esa callada
manera se acrisolara algo para alguien. Descartemos a los pequeños
pueblos, bateyes, caseríos y bohíos aislados del campo patrio, donde no
se movió ni el polvo debido a la carencia vehicular.

El país, como se sabe, anda bastante “despetrolado” (excepto para
misiones encaprichadas y posibles), lo que puede derivar en parálisis
progresiva si no surgen suministradores más cercanos y menos mafiosos
que la GAZPROM.

Por cierto, el transporte público en La Habana desapareció prácticamente
el fin de semana, alistando el parque para regalarle al pueblo
somnoliento un viajecito seguro de ida y vuelta a la Plaza el día 2. A
contemplar los mismos tarecos malgastadores de 20 años atrás.
Reafirmando nuestra indefensión con el pasatiempo.

Este lunes paté-patrió-tico-feriado, donde el descanso nocturno será
suplido por una diana que sonará a partir de las 3:00 a.m. cuando
rebosen ingestas, flatulencias y resacas pos celebraciones, no veremos
en la prensa —si no el martes— tomas abrasadoras del gentío que
compondrá la mitad ayunada/abstemia de la nación, conteniendo rostros
esplendentes en esta nueva Marcha del Pueblo “Combatiente”… de no se
sabe qué ni contra quién(es). Costes aparte continuarán encriptados en
los silos del misterio revolucionario, porque no hay que regalar esas
bagatelas de numeritos al contrario.

A la pregunta de qué les parecía tan escasa pachanga travestida de
melancolía, muchos compatriotas callaron, o se sorprendieron viéndose
interrogados sobre lo que tácitamente convinieron en sepultar. Al menos
no ahí, en el medio de la calle.

Tuvieron en cuenta la orientación de mostrarse “contentos con el
advenimiento de otro aniversario del triunfo”. Y con ellos la mayoría,
pero con la mente puesta en otra soberana parte.

No sabría si alegrarme o lamentar que por precepto, quedaran prohibidos
los fuegos en todo el país (bueno, hubo las 21 salvas insalvables). Lo
interdicto fue solo para la chusma incendiaria. La televisión (porque la
radio no la escuchan ni quienes la hacen) insistió en lo mismo de todos
los años: no portar armas de ningún color —ya saben por qué— agregándole
coletilla: no tirar al aire durante la noche ningún petardo… ni un
fósforo, por muy inocuo que se asemejen.

Aunque se supondría, no incluyeron nota sobre los tradicionales
muñecones de año viejo que iban a la pira en cada esquina, porque se
sobreentiende asociarían al quemado con el partido, pues usualmente la
ropa rellena de estopa con que lo visten, son raídos uniformes de
milicianos, así que ni se atrevieron a armarlos.

En los últimos días de diciembre sucedió lo que esperábamos: la estéril
asamblea reunida por enésima vez, informó de índices vacuos y optimismos
falsos contrastando con el atroz panorama económico que justo ayer
rematamos. Luego de abducirnos casi dentro del encogimiento
experimentado en 2016, anuncian que “creceremos” un porciento inferior a
la mínima haitiana este 2017, a pesar de ese “otoño” milagroso que
inserta en su verborragia el genial Amaury Pérez Vidal.

El general abordó el problemilla que enfrenta con sus cuadretes —dada la
insistencia y el tono— que ofrecen dura “resistencia al cambio”. En
especial se refirió a la inversión extranjera que no alcanza ni para
rediseñar un programa de inversiones a largo plazo, pues de cortos y
medianos no quiere oír hablar. Ni que se insista en apodar “reforma” a
cada “línea-miento”.

Lo que faltó a los calmos disertantes de tan vastas miras y sobria
testarudez, fue el fracaso gradual del Puerto del Mariel, y concedernos
breve comentario a los ignorantes campechanos sobre las implicaciones
que para el país puedan tener las extorsiones imputadas a la ¿Dilma?
Odebrecht. Y de paso, como quien no quiere las cosas, informar por qué
tendrá la nación que pagar al “Banco do Brasil” una factura adulterada
por trabajos que siquiera terminaron o terminaron mal.

No podía ser más descojonante lo manifestado al quórum, que prolonga su
pesadumbre a cada cuadra, porque esos camaradas que residen no obstante
su rango entre nosotros, deberían, en trascendental aporte, tropicalizar
la fría obra marxista adjuntándole el concepto de que aquí no es La
Familia la base del estado, no señor, sino el Comité. Así que a
olvidarse de la pirámide, sus aristas y vertimientos.

Resulta obvio que el trabajo de persuasión encargado al eminente
profesor Manuel Calviño cuando filmó su serie paramilitar “Es posible
cambiar la mentalidad” en los Estudios Baraguá (2012) no rindió mucho
fruto, no obstante esa cautivadora dulzura suya que engola la
imposición, la disfraza de ternura, en fin: dora, platina y hasta
diamantiza la metatranca que habría de hacerles tragar en masa a los
incrédulos, aunque saben que quizá ya ni “valga la pena”.

Si tal faena fuera repetida al sicólogo —rentado también por la cadena
Meliá para pasarse temporaditas en sus instalaciones zurciendo los
nervios de la empleomanía—, entonces sus cofrades asambleístas se
insubordinarían a nueva protesta del programa de rehabilitación mental
que el otro (Juan) Calvino adelantó en su contrarreforma, pero bajita.
Porque no criticar a tiempo ese programa —de Gotha— ha servido para
subirle la parada del ácido úrico a mucha gente (y no por el “pecado de
la carne” en este 31).

Cuando en próximas horas divulguen la correspondiente Letra de Ifá sus
sacerdotes, y tales comunicados resulten —como siempre— tangenciales,
resbalosos, apocalípticos o salvadores, podremos imaginar si este año,
por fin, seremos libres… o mendigos.

Source: Sábado triste, domingo… ¿feliz? | Cubanet –
www.cubanet.org/opiniones/sabado-triste-domingo-feliz/

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