Comités de represión

Los “chivatos” tienen el visto bueno de la autocracia verde

Los “chivatos” tienen el visto bueno de la autocracia verde
07 de febrero de 2017 – 22:02 – Por IVÁN GARCÍA

Según un sociólogo, los fidelistas más intransigentes que aún se
localizan en cuadras y barrios cubanos, continúan con las denuncias.
Pasarán años para que esa nefasta costumbre desaparezca

LA HABANA.- Hace siete años, cuando el rugido de los vientos de un
huracán asolaba La Habana y el agua se le filtraba a Lisván, trabajador
privado, por la puerta sin cristales de la sala de su hogar, un
apartamento de paredes ennegrecidas que con urgencia necesitaba una
reparación a fondo, la situación de su vivienda no le interesaba a los
delatores habituales de la cuadra donde reside.

“Cuando comencé a tener éxito en mi negocio y pude remozar el
apartamento, desde el sistema eléctrico, plomería, pisos nuevos, pintar
todas las habitaciones hasta enrejar las ventanas y el balcón, empezaron
las denuncias”, comenta Lisván.

“Lo que en otro país es un orgullo que un ciudadano pueda dejar atrás la
pobreza y mejorar su calidad de vida, en Cuba, entre no pocos vecinos
del barrio, eso despierta tanto resquemor y envidia que los lleva a
realizar delaciones anónimas”, subraya.

Tantos años de control social por parte del régimen ha transformado a un
segmento de cubanos en personas acomplejadas y con doble moral. “Y
sinvergüenzas al cubo”, añade Lisván. Y cuenta que “hace dos años,
cuando estaba poniendo un piso nuevo, mi esposa me traía las cerámicas
en un transporte de su empresa, autorizada por su jefa. Pero una vecina,
ahora en silla de ruedas y casi ciega, llamó al DTI (Departamento
Técnico de Investigaciones) para denunciarme, acusándome de tráfico de
materiales de construcción”.

Por suerte, Lisván tenía los papeles de las losas, compradas en pesos
convertibles en una tienda estatal recaudadora de divisas. Pero la
denuncia provocó que a su esposa le quitaran el auto que manejaba. En
días recientes, mientras le colocaban una reja al balcón, para
resguardarse de los robos, un vecino llamado Servilio, lo denunció a la
oficina de la vivienda, por cambiar la fachada del domicilio y a la
empresa eléctrica por presuntamente utilizar electricidad del servicio
público. “El tiro le salió por la culata, pues todo estaba en regla, y
los propios inspectores me dieron el número telefónico del denunciante,
que por cobardía lo hizo de manera anónima”, concluye Lisván su historia.

Según Fernando, instructor policial, las denuncias anónimas son
frecuentes en el departamento de investigación donde trabaja. “Gracias a
esas denuncias comenzamos a investigar casos como el del reguetonero
Gilbert Man, que defraudó cientos de miles de dólares en Estados Unidos.
La gente informa sobre cualquier cosa: una fiesta que les parece
suntuosa, alguien que compró carne de res en el mercado negro o una
persona que a diario bebe cerveza y no trabaja. Es demencial. La
chivatería en Cuba a veces llega a los extremos”.

Cuando se le pregunta por las causas que motivan la chivatería, esquiva
el bulto. “Por envidia o manía de denunciar. Casi siempre esas personas
están resentidas y frustradas y suelen vivir pobremente o tienen muchas
necesidades materiales. Y no pocas veces el denunciante también comete
ilegalidades”, confiesa el instructor policial.

Carlos, sociólogo, considera que la delación a gran escala, como durante
décadas ha ocurrido en Cuba, es materia de estudio para especialistas.
“Pero en los últimos tiempos, con la apatía generalizada de la población
por la ineficacia del sistema, la crisis económica dilatada y la falta
de libertades económicas y políticas, si los comparamos con los años 60,
70 y 80, la delación ha disminuido”.

Y agrega:“Es cierto que en sus inicios la revolución fue fuente de
derecho. Pero también destrozó en pedazos tradiciones arraigadas y
comportamientos sociales. Fidel Castro catapultó la delación en nombre
del imperialismo yanqui, de los enemigos de clase y como forma de
proteger la revolución”, señala Carlos.

En Cuba, los CDR (Comités de Defensa de la Revolución) son la base de la
vigilancia colectiva en las cuadras y barriadas de los 168 municipios
existentes en la Isla. Los Comités lo mismo ofrecen información al
Departamento de Seguridad del Estado sobre un disidente, que elevan a
categoría de ‘informe secreto’ chismes infundados o infidelidades de pareja.

“En este siglo XXI, donde se han acrecentado las desigualdades, los
fidelistas más intransigentes que aún se localizan en cuadras y barrios,
continúan con las denuncias. Se mezclan varias cosas, desde bajas
pasiones a inadaptación a los nuevos tiempos que corren. Pasarán años
para que esa nefasta costumbre desaparezca”, resume el sociólogo habanero.

Diana, ingeniera, recuerda la etapa en que el Estado otorgaba una semana
de vacaciones en la playa, un televisor, un ventilador o una cafetera.
“Las broncas solariegas que se armaban en las asambleas sindicales, para
decidir quién debía ser premiado, eran de coger palco. Daba vergüenza.
Aquellos lodos han traído estas aguas”.

Es probable que en Cuba, si apostamos por la democracia y tenemos la
suerte de elegir buenos gobernantes, salgamos adelantes en el terreno
económico y el país comience a desarrollarse y progresar.

Pero el daño que la delación, con el visto bueno de la autocracia verde
olivo, ha hecho a la sociedad cubana es antropológico. Recuperar un
puñado de valores interpersonales tardará tiempo. Quizás una década. O más.

Source: Los chivatos tienen el visto bueno de la autocracia verde | Cuba

www.diariolasamericas.com/america-latina/los-chivatos-tienen-el-visto-bueno-la-autocracia-verde-n4114376

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