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‘Quimbos’ cubanos, la arquitectura de la miseria

‘Quimbos’ cubanos, la arquitectura de la miseria
Un cinturón de pobreza y abandono rodea a las ciudades del país
Viernes, marzo 3, 2017 | Roberto Rodríguez Cardona

LA HABANA, Cuba.- La palabra ‘quimbo’ es un término adoptado en Cuba que
hace referencia a rústicas viviendas de varias aldeas y tribus de
África, y que en el argot cubano es usada generalmente de forma
despectiva para definir un lugar desagradable o ruinoso.

Numerosos documentales y programas televisivos, abordan las vicisitudes,
técnicas de supervivencia y características de vida de los africanos,
sugiriendo al televidente la sensación de abandono, pobreza y atraso
económico y social de esas regiones.

Sin embargo, muchos de esos programas bien pudieran haberse filmado en
la periferia de ciudades cubanas, en zonas que exhiben un parecido
asombroso en cuanto al paisaje semidesértico, vegetación espinosa,
desolación, insalubridad reinante, viviendas deplorables y modo de vida
de sus habitantes. Bastaría ocultar solamente el nombre de la locación.

En las zonas rurales y montañosas de la mayor isla caribeña la situación
tiende a agudizarse, al extremo de sugerir paisajes aborígenes, donde
indígenas campesinos cultivan utilizando coas, picos, arado con tracción
animal y riego manual. Los pescadores y cazadores fueron extintos por
regulaciones forestales.

El crecimiento demográfico, derrumbes o demoliciones, anhelo de
privacidad familiar e insuficiente espacio en la casa materna, son
factores determinantes en la aparición de estos ‘quimbos’ cubanos, en
los predios urbanos, como una solución desesperada ante la falta de
viviendas.

Las difíciles condiciones económicas de los afectados les obligan
edificar sus “nuevas casas” con los más disímiles e insospechados
materiales constructivos, la mayoría reciclados o recogidos en basurales
y vertederos. Sitios que, además, sirven de áreas de juego de niños
descalzos y como campos deportivos de adolescentes y jóvenes de las
“tribus” cercanas, al parecer inmunes a las plagas y enfermedades
propias de la suciedad y las condiciones antihigiénicas.

Pedazos corroídos de tanques, láminas de hojalata, nailon, cajas de
cartón o madera, pedazos de fibrocemento y fibra de vidrio, tolas,
neumáticos, costanera, restos de madera, pedazos de carrocería
automovilística, placas radiográficas, entre otros, conforman las
rústicas viviendas de estas pobres gentes.

Clavos, sogas y alambres eléctricos se encargan de sujetar la
heterogénea cubierta y la estructura enclenque, confeccionada con cuanto
palo, rama, tubo, cabilla u horcón aparezca. El resultado son
enigmáticas obras pertenecientes a la más pura “arquitectura de la miseria”.

Casi todas comparten características comunes: reducidas dimensiones,
falta de ventilación, piso de tierra, paredes y techos agujereados y
múltiples ocupantes. Muchas cuentan con una sola pieza que, de forma
simultánea, sirve de sala, cuarto, cocina y comedor y muchas carecen
inclusive de letrina o baño sanitario. Las necesidades fisiológicas las
realizan en los matorrales cercanos y se bañan en la noche, amparándose
en la oscuridad o tras una sábana tendida para ello.

Muchas de estas viviendas —por no denominarles “muriendas”— persisten
por décadas antes de contar con los servicios básicos de agua o
electricidad; y ni soñar con alcantarillado. Sus ocupantes tampoco
tienen derecho a libreta de racionamiento.

Ilegales al fin, sus ocupantes viven a expensas de enfermedades y
conviven entre la basura aledaña, las plagas y la maleza, y como tal son
tratados. Incluidos entre los más necesitados de apoyo, no pueden apelar
a programas sociales, subsidios o préstamos bancarios, ni licencias de
construcción o reparación parcial, que les permitan solucionar sus
problemas de vivienda.

Irónicamente, aunque son catalogados de ilegales, pertenecen y abonan al
Comité de Defensa de la Revolución (CDR).

Parafraseando el Artículo 9 de la Constitución de la República de Cuba,
el Estado, como poder del pueblo, en servicio del propio pueblo, debe
garantizar la dignidad plena del hombre, el disfrute de sus derechos y
el desarrollo integral de su personalidad y trabajar por que no haya
familia sin una vivienda confortable.

Pero actualmente el Estado parece trabajar en dirección contraria.
Incontables regulaciones estatales y supuestos proyectos de urbanización
periférica se encargan de sabotear sus sueños de propietarios. De nada
sirven los sobornos a funcionarios o los fraudes.

Sin orden estatal, son y seguirán siendo indeseables, cuya extirpación
debe ser inminente. Amenazas y acciones de desalojo, destrucción de
casas, multas y detenciones a los residentes son comunes en estas
ciudadelas.

La densidad poblacional en Bayamo supera los 253,4 habitantes por
kilómetro cuadrado, razón por la que el crecimiento periférico es
espontáneo… e indetenible. Sencillamente, no hay espacio.

Source: ‘Quimbos’ cubanos, la arquitectura de la miseria CubanetCubanet

www.cubanet.org/actualidad-destacados/quimbos-cubanos-la-arquitectura-de-la-miseria/

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