Comités de represión

Los nuevos CDR de la Revolución

Los nuevos CDR de la Revolución
Las nuevas tecnologías son maná del cielo para un sistema obsesionado
con el control absoluto
Miércoles, abril 5, 2017 | Ernesto Pérez Chang

LA HABANA, Cuba.- “Las redes sociales nos despojan de nuestra
privacidad”, sentenciaba una periodista durante uno de esos tantos
debates de moda en la televisión oficialista de Cuba donde el internet
siempre termina por ser demonizado.

Su preocupación, convertida en letanía, era también la de los
especialistas invitados a la discusión que, como era de esperar,
ilustraron sus temores con casos que, ni de lejos, se referían a la
realidad cubana, como los programas de escucha del gobierno
norteamericano y todo el aparato de rastreo y análisis de datos revelado
en 2013 por Edward Snowden.

“En Cuba no pasan esas cosas”. Nadie pronunció tal frase pero se podía
deducir como la moraleja de un show televisivo donde nadie quiso o no se
atrevió o no lo dejaron establecer comparaciones con ese “sistema de
vigilancia revolucionaria colectiva” instituido en los 60 y que, con el
paso de los años y el desarrollo de las tecnologías, ha llegado a
transformarse en una especie de XKeyscore criollo.

En Cuba, ser vigilados, monitoreados y fichados por el gobierno se ha
convertido en una rutina y, en consecuencia, solo es motivo de escándalo
para unos pocos.

La mayoría de las personas se ha resignado a la desaparición o la
indefinición de los espacios de lo privado y solo en raras ocasiones
cuestiona los modos y los mecanismos con que son obligados a exponer su
individualidad, a renunciar al dominio de lo íntimo, de lo familiar, de
lo personal.

Un ejemplo de esto lo describe Abraham, un informático que trabaja para
la red Infomed del Ministerio de Salud Pública:

“Siempre les explico (a los usuarios) que deben tener mucho cuidado con
lo que escriben en los correos y con la páginas que visitan (en
internet). Hay palabras que no se pueden poner jamás porque todo eso se
analiza, se filtra. Tu información personal no solo está disponible para
uso del gobierno, es hasta de cierta forma su propiedad porque no es un
servicio que compras sino algo que se te ‘presta’ (…). Es raro que la
gente proteste por eso. Lo aceptan porque lo ven muy normal. La gente
hasta pregunta si pueden entrar a una página o si no hay problemas si le
escriben o chatean con un amigo o un familiar que no es revolucionario,
o con un extranjero. (…) También les pido que tengan cuidado con lo que
publican en Facebook (…) todo se sabe”.

Fabio, informático y proveedor clandestino de servicios de internet,
advierte sobre los riesgos de las redes oficiales:

“No hay ningún tipo de privacidad cuando te conectas desde una wifi o
desde un punto de ETECSA (Empresa de Telecomunicaciones de Cuba S.A.)
(…) Tampoco cuando lo haces desde un servidor en un centro de trabajo.
Cada vez que ingresas a la página de ETECSA es muy probable te aparezca
una alerta del navegador sobre los riesgos de usar esa conexión, el
peligro de que tus datos sean usados por otros. Cuando te conectas, todo
lo que haces está siendo registrado, tus contraseñas, los sitios que
visitas. (…) ETECSA tiene hasta el control del dispositivo que usas,
dónde lo usas. Es la única empresa que el gobierno admite como
intermediario y depositario de toda tu información y, lo más bueno,
trabaja muy coordinadamente con los militares. Cuando adquieres una
cuenta Nauta, estás cediéndole toda tu privacidad. Pueden escuchar tus
llamadas, leer tus sms (mensajes de texto) (…). La mayoría de los que
proveemos internet usamos servidores del Estado, de las empresas donde
trabajamos, así que tampoco hay mucha privacidad. De un modo o de otro
siempre estás vigilado”.

Aunque para la mayoría de los representantes de la ortodoxia comunista
la generalización del acceso a internet pudiera representar un peligro
para la estabilidad política, cada día se torna más difícil justificar
las restricciones actuales.

Los planes de convertir a Cuba en un terreno atractivo para la inversión
extranjera demandan una puesta al día en las tecnologías informáticas, a
la vez que obligan a desarrollar un sistema de control de la información
mucho más eficaz que los usados tradicionalmente. Sobre este asunto en
particular opina un reconocido profesor de Economía de la Universidad de
La Habana que, por temor a represalias, ha pedido que ocultemos su
identidad:

“La inversión extranjera y la apertura económica son imprescindibles
pero, en la situación de Cuba, con todas las limitaciones del bloqueo
(embargo económico), las consecuencias de vincularse con empresas
cubanas, es también un peligro. (…) El gobierno se verá obligado a
desarrollar mecanismos para controlar toda esa información, los datos de
esas empresas, la información económica, el dinero, las producciones,
los planes de crecimiento. (…) Esa paranoia que el gobierno ha
desarrollado durante todos estos años, esa desconfianza con todo lo que
viene de afuera, con signos de desestabilización, de complot con el
enemigo, no desaparecerá. El gobierno buscará la manera de saber hasta
el color del calzoncillo de ese que viene a invertir. Lo estará
observando todo el tiempo. Tiene los medios para hacerlo. Recuerda eso
que siempre decimos los cubanos: las paredes tienen oídos y los clavos
tienen sentido”.

Robiel, estudiante de la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI),
afirma que resulta “risible” hablar de privacidad en Cuba:

“Cuando no existía internet nosotros ya teníamos los CDR (Comité de
Defensa de la Revolución) y un Jefe de Vigilancia en cada cuadra con
todo el derecho a cuestionar tu vida privada. Es risible hablar de
privacidad. (…) prepárate para lo que vendrá porque todas estas
tecnologías son maná del cielo para un sistema obsesionado con el
control absoluto. (…) Muchos software para procesar toda esa información
que regalas con tus correos, tus sms, tus aplicaciones favoritas, tus
jueguitos, tus suscripciones, tu blog personal, tus trámites de viaje,
tu tarjeta magnética del banco (…). Antes de entrar a la UCI yo pensaba
ingenuamente en la privacidad; ahora estoy convencido de que es
prácticamente imposible (…). Mi consejo sería que no te conectes a
internet, que no compres un móvil ni una laptop, que no tengas una
cuenta de correo y que no salgas a la calle porque, como has visto, hay
cámaras en todas las esquinas, aun así, en Cuba es difícil escapar a la
vigilancia”.

En un estudio reciente, no publicado, perteneciente a un grupo de
estudiantes de Psicología de la Universidad de La Habana, la mayoría de
los encuestados dijo sentirse o haberse sentido alguna vez vigilados,
también a una buena parte de ellos no les resultaban molestas las
diversas y constantes invasiones a la privacidad, manifiestas en los
mecanismos de control diseñados por el gobierno como las facultades
indagatorias otorgadas a los CDR, a los comités del Partido Comunista o
a empresas estatales como ETECSA. La investigación además arrojó la
casi exclusiva connotación material, tangible, en la idea de lo privado
en la sociedad cubana.

Defender la privacidad, aun para algunos en Cuba, es prácticamente un
rasgo de inadaptabilidad a un orden político. Durante los primeros años
de la revolución, el discurso oficial enfatizó la idea de la hegemonía
de lo colectivo sobre lo privado, de modo que privacidad casi terminó
por convertirse en sinónimo de egoísmo, de “no ser sociables”, es decir,
“antisocial”, una valoración del individuo que le atraía consecuencias
nefastas en todos los ámbitos.

Source: Los nuevos CDR de la Revolución CubanetCubanet –
www.cubanet.org/destacados/los-nuevos-cdr-de-la-revolucion/

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