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La defraudada esperanza de quienes aún confían en la revolución

La defraudada esperanza de quienes aún confían en la revolución
‘No nos dan chequera ni ayuda social’, dice Juana, quien todavía aguarda
por un milagro
Viernes, junio 30, 2017 | Roberto Rodríguez Cardona

GRANMA, Cuba.- Juana Contreras González no es un nombre conocido, si
bien el carácter bondadoso y voz pausada de esta bayamesa le han hecho
querida entre los vecinos. Lamentablemente, ella es solo una cifra más
entre los tantos desposeídos y olvidados cubanos que aún confían en que
las cosas pueden mejorar.

Juana, de 72 años, reside en el barrio periférico bayamés de Paso Diez.
Su deplorable vivienda compite en fealdad con las casas vecinas: paredes
de pedazos de hojalata y cartón, sujetos a finos palos que a duras penas
sostienen el techo; la luz filtrada por cientos de agujeros dibuja
manchas solares en el desnivelado piso de tierra. Dentro, la miseria
reside con ella y su esposo Ángel Tamayo Acosta.

En la única pieza que conforma la casa, un trozo de tela de mosquitero
divide la cocina del cuarto; el mobiliario se limita a una improvisada
mesa, una silla rota, un palo donde cuelga la ropa y dos camas. “Ni
colchones tengo”, dice la señora, quitando la sábana de retazos de tela,
que cubre una de ellas, “son cartones y trapos viejos…, pena es lo que da”.

Juana cocina con leña en el patio de la casa, su fogón, es una tapa
protectora de ventilador, sobre trozos de ladrillos. El bajo voltaje que
llega por la tendedera eléctrica solo les alcanza para el alumbrado y
pocas veces permite usar la hornilla eléctrica u otro equipo
electrodoméstico, aunque carece de ellos. “Cuando uno está cocinando, se
va la luz y uno tiene que recoger leñitas pa’ terminar”.

“El año pasado, cuando las elecciones, dijeron que iban a poner
corriente, asignar una pipa de agua en función de la zona y un colector
de basura; ya llegan las otras elecciones y todavía seguimos con
tendederas, comprando agua y cocinando con carbón y leña”, agrega.

“Aquí vinieron los de bienestar social y del Gobierno, tiraron unas
cuantas fotos y llenaron una pila de papeles, pero ojos que los vieron
ir, jamás los vieron volver. Lo engavetaron o se limpiaron con ellos”,
dice con desprecio.

“Uno me dijo, que pronto mi caso iba a mejorar, y que por mi situación
me iban a priorizar la corriente (…) Yo creo que va a ser, cuando
empiecen a pagar la herencia de los Contreras”, agrega, refiriéndose a
la supuesta herencia de una familia española, dejada a todos sus
descendientes cubanos, que causó millares de solicitudes de
inscripciones y documentos de reconocimiento legal para adjudicarse una
parte.

“No nos dan chequera ni ayuda social porque tenemos hijos, pero ellos
viven lejísimos y el de aquí (Bayamo), tiene problemas de retraso
mental”, describe. “A ese tenemos que ayudarlo nosotros”.

Su esposo es obrero estatal, pero lleva varios meses encamado, con sonda
uretral y sangramientos del sistema digestivo. “Vivimos de lo que le
pagan por el certificado (oscila entre 9 y 12 CUC) y debe estar así por
seis meses, según peritaje médico; y a mí no me quieren jubilar porque
me faltan años de trabajo, esa quilera no alcanza ni para alimentarnos y
con la vida miserable que llevamos, si lo dejo solo se muere. ¿Cómo voy
a trabajar?”, pregunta.

Aun así, su esperanza en el Gobierno parece ilimitada, “Yo confío en la
revolución y creo que soy merecedora de una chequerita”, dice recordando
su infancia, cuando con solo 13 años, tenía que jugársela en los montes,
para llevarle comida a los rebeldes”.

Al respecto, la residente local Mislady Mora, refiere: “A María no la
han querido ayudar porque es una Don Nadie. Aquí hay CDR nada más que
para controlar la gente, pero casi nadie sabe quién es el delegado, ni
el asistente social, porque no dan la cara”.

Sobre las vicisitudes de María, Yamisleidis, la presidente del CDR,
informa que entre otros, este caso se ha elevado hasta al Consejo de
Estado y podían haberse solucionado hace tiempo, con pocos recursos y
menos papeleo. “Qué falta me hubieran hecho esas fotos, para
enseñárselas al delegado el día de la rendición de cuentas y así dejarlo
en mentira, porque el Gobierno es quien tiene que resolver eso…”.

“Aquí las gestiones se hacen por gusto y los CDR no tenemos recursos, ni
para nosotros mismos”, aclara.

Sobre sus expectativas futuras, Juana expresa: “Todos los papeles están
arreglados hace años: (de) inscripciones (solicitudes) de bienestar
social hay tongas para allá; lo que pasa es que aquí no ha venido
ninguna persona, que sea revolucionaria de verdad, consciente, y que se
preocupe por las personas”, dice, intentando justificar el olvido
institucional y conservando la esperanza de que algún día, sus
condiciones de vida, por fin, mejoren.

Source: La defraudada esperanza de quienes aún confían en la revolución
CubanetCubanet –
www.cubanet.org/mas-noticias/la-defraudada-esperanza-de-quienes-aun-confian-en-la-revolucion/

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